Generalistas, Especialistas y Cynefin Framework

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Barbie™ es especialista-general. Es (entre otras cosas) astronauta, informática, médico y cocinera. Es especialista en todo, pero desafortunadamente no es real: los seres humanos tenemos que conformarnos con ser, o bien especialista en un conjunto muy reducido de áreas, o bien generalistas en varias.

Dando vueltas a las dinámicas de trabajo de personas con diferentes experiencias, esperaba poder escribir un post que me ayudase a identificar cuándo es mejor ser un generalista o un especialista, o cuando conviene contar con más o menos de unos y otros en un equipo.

El tema podría estirarse mucho y existe una gran cantidad de información sobre muchos de los temas relacionados, pero creo que lo que he escrito en este post es suficiente para mi propósito.

Empleo el término “especialista” en lugar de “experto“, como he visto hacer en otros artículos, porque creo que la diferencia fundamental entre “generalista” y “especialista” es cómo distribuyen su experiencia: el generalista tiene mucha experiencia distribuida en muchas áreas; el especialista también tiene experiencia, pero enfocada en un solo área o nicho. Es decir, no se trata de tener mucha experiencia, sino del tipo de experiencia y conocimientos que acumulamos. Es una diferencia cualitativa.

Es importante entender que no existen los generalista o especialistas puros, todos tenemos un poco de ambos. Y también hay que tener en cuenta que nuestros conocimientos varían con el tiempo en base a experiencias pasadas, situación personal, etc. Lo que impide encasillar a alguien en uno u otro perfil de manera indefinida.

Cómo son Especialista y Generalista

El especialista puede actuar sobre algo en particular en su área de conocimiento. Cree saber mucho o todo de su área y extrapola (generalmente mal) al resto. Tiende a no saber que no sabe. Tiende a intentar actuar en solitario. Tiene seguridad en lo que hace y desconfía de lo que no conoce o se sale de sus mecánicas de trabajo. Tiene una visión parcial y busca optimizaciones locales. Evita los grandes cambios.

El generalista puede dirigir y llegado el caso actuar al tener una imagen del contexto y una base de conocimientos, pero ejecuta de forma menos eficiente que un especialista. Sabe que sabe “poco” y tiende a trabajar desde hipótesis que hay que validar. Intenta actuar en equipo. Duda de todo y tiende a anteponer las pruebas a los argumentos. Tiene una visión holística y sistémica.

Cuándo ser o emplear uno u otro

El generalista será más efectivo al ver la foto completa (o al menos una foto amplia) del problema, su contexto y ramificaciones.

El especialista será más eficiente cuando actúe en su campo, resolviendo un problema concreto y definido de forma rápida y limpia aunque tenderá a ignorar el contexto, generando eficiencia local a costa de la del sistema.

Cómo funcionan los grupos de Generalista y Especialistas

1. Equipo de generalistas. Efectivo pero lento. Dales suficiente tiempo y te resolverán los problemas para siempre. Incluso puede que problemas que ni sabías que tenías. En entornos con muchos interrogantes o cambios, o entornos con mucha integración con terceros, posiblemente funcione mejor que otros.
2. Equipo de especialistas. Eficiente pero inefectivo. Dales problemas concretos y acotados a su área y te los resolverán en poco tiempo. Si no les das instrucciones detalladas de lo que quieres, probablemente te generen problemas nuevos. En entornos estables y bien conocidos y planificados (sota, caballo y rey) posiblemente funcione bastante bien.
3. Equipo con más generalistas que especialistas. Frustración de los especialistas ante la falta de velocidad o exceso de “charla”. Efectivo pero lento. Habrá fricción entre unos y otros y puede que sobrecarga de los especialistas en determinados momentos. Parálisis por análisis en según qué casos.
4. Equipo con más especialistas que generalistas. Tendencia a actuar antes de pensar. Frustración de los generalistas al disparar antes de apuntar. Fallos de coordinación e integración. Tendencia a mantener la gente ocupada y a obtener resultados técnicos en lugar de obtener resultados de negocio.

El contexto es importante

Hace tiempo que quería hablar del marco de trabajo Cynefin tras leer sobre él en los blogs de Jerónimo Palacios y Javier Garzás. El post de Garzás me parece el más claro y simple para quien quiera echarle un ojo, pero en la Wikipedia (en inglés) hay toda una entrada el respecto para profundizar.

Este framework nació en 1999 y actualmente se emplea en ejercicios de formación de Scrum para “entender y explicar por qué distintos enfoques de trabajo y de hacer las cosas, funcionan bien en un entorno y en otro no“.

En esencia es un método de toma de decisiones, y creo que puede servir para identificar cuándo es mejor tener (o comportarse) como generalistas o como especialistas.

En mi opinión, cuando estamos en los dominios Obvio o Complicado, los especialistas son necesarios (quizá en solitario, quizá liderando un grupo o quizá siendo mayoría en el grupo). Sin embargo, para los dominios Complejo, Caótico y la zona Desordenada, parece mejor contar con generalistas.

En mi caso, puedo decir que me gusta el dominio Complejo y tiendo a automatizar todo lo que esté en el Obvio para no tener que hacerlo. La zona Desordenada es algo que detesto, por lo que trato de orientar mi trabajo para salir de ella lo más rápidamente posible. Supongo que todo esto me identifica como generalista.

Conclusiones

En el mundo del software (y todo va camino de ser software), los cambios se suceden con velocidad de vértigo, y por lo tanto la mejor opción parece ser el contar con generalistas para poder adaptarse con agilidad a lo inevitable.

Sin embargo, para poder resolver los problemas más típicos de manera eficiente y que una empresa pueda funcionar en el día a día, es necesario tener al menos un especialista en la operativa o problema más común de la empresa. Por ejemplo, merece la pena tener especialistas en gestión de proyectos si tu negocio se basa en proyectos, o en contar con un especialista de bases de datos SQL si muchos de tu trabajos usan bases de datos SQL.

Todos los trabajos que encajan en el dominio de los Obvio van a ser automatizados, así que es mejor evitar esa zona como la peste.

Para terminar

Como decía al principio, no hay perfiles puros, por lo que mi apuesta es tratar de ser especialista en al menos uno de los problemas más comunes de mi empresa y emplear el resto de mi tiempo y esfuerzo en aprender y experimentar cosas diferentes de esa especialidad. O como dicen los libros de autoayuda: salir de mi zona de confort.

Esto me ha permitido realizar una transición ordenada de algo de decadencia a algo en crecimiento y consolidación. En mi caso he realizado me he ido especializando en desarrollo .NET, despues en desarrollo y adminstración de SharePoint. Desde SharePoint a desarrollo y administración en Office 365 y de Office 365 a Azure, donde el perfil de arquitecto te exige ser un generalista.

Pero eso es otra historia. Y aun me quedan más de 40 años de trabajo. Espero.

 

 

 

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La horda (equipos)

Hoy pensaba en un patrón de comportamiento de algunos equipos que he observado una y otra vez a lo largo de los años. Lo llamo “La Horda” y es algo que experimentado tanto como observador, como miembro activo u ordo.

Qué es y cómo funciona La Horda

La horda en equipos de desarrollo suele producirse cuando sucede algo que se percibe como importante, afecta a todos y además nadie sabe qué está pasando o qué implica realmente. El motivo puede ser variado: un error raro en un entorno de producción, un merge que salió mal y se ha extendido al resto de ramas, o una decisión sobre el código común. En esos momentos, la confusión y el caos se apoderan del equipo y los individuos pierden su identidad para convertirse en una masa, un grupo con mucha actividad y pocos resultados que realiza acciones sin coordinación y de forma más automática y emocional, que meditada.

En este “modo” de funcionamiento, los miembros del equipo no tratan de coordinarse o comunicarse de forma efectiva, sino de imponer su visión al resto, ya sea hablando sin escuchar o tratando de hacerse con el control de la horda (sin éxito dado el estado alterado general). En muchos casos algunos miembros de la horda actúan sin pensar provocando aún más caos. En otros la horda se divide en facciones que solo se comunican, o bien para defender intereses o bien por afinidades personales.

Al final, algo provoca que el tema se apague: el error de código desaparece, la gente se cansa o llega la hora de irse a casa. Entonces la horda se disuelve y vuelve a sus quehaceres. Lo interesante de este punto es que nadie se preocupa de ir más allá: el peligro ha pasado y no se siente la necesidad de dedicar más tiempo al tema. De este modo el origen del problema queda sin resolver, por lo que volveremos a ver una nueva horda en semanas o meses.

No creo que todo esto sea simple desorganización. Es más, tratar de organizar no ayuda, solo empeora las cosas o cabrea a los ordos.

Territorio Horda

Parece más fácil avistar una horda en equipos de desarrollo juniors que cuando hay seniors. Me refiero a veteranos de verdad, no gente con 1 año de experiencia repetido 20 veces. Supongo que esto se debe a que los veteranos están más curtidos y entienden que ciertas situaciones no son tan importantes o urgentes como puede parecer en un principio. También debido a que la experiencia adquirida les da más confianza en resolver el problema más pronto que tarde.

También parece más fácil que se forme la horda en entornos de desarrollo, que en entornos de sistemas. Mi hipótesis es que los equipos de desarrollo son más grandes que los de IT y con más especialistas (front-end, back-end, bases de datos…), dos características que generan problemas para mantener una visión de conjunto del trabajo (el conocimiento está muy fragmentado), aumentando el caos.

Además, tradicionalmente Sistemas no crea o genera cosas, sino que las administra, por lo que tiene más documentación y procesos que ayudan a mantener las cosas bajo control. Esto unido a que tienden a correr menos riesgos, evita que las cosas se pongan feas.

Defenderse de la horda

Creo que el problema de fondo que facilita la aparición de la horda es la falta de ganas de comunicación en el grupo. Es la escasez de tiempo lo que a menudo propicia esa falta, pero hay muchos otros factores que se suman día a día, a lo largo del tiempo, lo que genera hordas de forma cíclica.

Es normal que en un grupo que haya cierta brecha entre las experiencia y conocimientos de las personas y esto provoca que la comunicación requiera esfuerzo, como en el caso de padres e hijos. También es normal que existan diferencias de valores comunes y diversidad de caracteres, lo cual es sano y deseable. Sin embargo, cuando hay falta de interés en la comunicación (de serie o por razones externas), o si las personas del grupo desarrollan celos o rencillas (por sueldos, roles, rumores…), entonces la información tiende a ser, ocultada, distorsionada y se prejuzga con facilidad. Todo esto influye en que la comunicación se resienta, desembocando en hordas más o menos regulares.

La comunicación es algo difícil, requiere esfuerzo constante de todos y, aunque algunas personas puedan facilitarla en ocasiones, suele decirse con acierto que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”: cuando alguien no quiere comunicarse, no hay forma de comunicarse y esto es un problema para el grupo muy difícil de resolver.

En mi opinión cualquier estrategia para evitar la formación de hordas requiere de tiempo y esfuerzo constante, y no siempre funcionará o será viable. Pero merece la pena intentarlo siguiendo estos pasos:

  1. Elige la capacidad de comunicación sobre la excelencia técnica en los miembros del equipo. Leer y escribir suelen ser buenos indicadores (no garantía) de que alguien disposición e interés en ello. Otros elementos de comunicación, como la escucha activa, son más complicados de detectar, especialmente en entrevistas. Y por supuesto entrena las capacidades de comunicación, no son algo que se aprende y ya está, hay que practicar, analizar, estudiar y mejorar constantemente.
  2. La paciencia y la experiencia variada ayuda a no caer en el pánico, facilitan la comunicación y el entender situaciones nuevas. Por eso ambas características son interesantes para cualquier grupo. Cuanta más y mejor distribuida, mejor.
  3. Reserva tiempo para comunicar a menudo. Si el equipo está sobrecargado esto se va a resentir. Pero eso no significa que una sola persona o un pequeño grupo sean los únicos responsables de buscar tiempo o iniciar la comunicación. Todos deben hacerlo.
  4. Emplea todos los canales de comunicación disponibles. Hablar es el más básico de los disponibles actualmente y probablemente el peor, porque que requiere poco esfuerzo (tiende a hacerse mucho y mal), solo funciona bien de 1 a 1, necesita que las personas sincronicen agendas, etc. Hace 6.000 años que tenemos escritura y desde hace bastantes décadas podemos grabar y transmitir audio y vídeo, amén de nuevos canales de comunicación escrita (chats, wikis…). Emplear exclusivamente el “sentarse a hablar” es negligencia.

Para acabar, dejo al lector una cita de Wikipedia que encontré leyendo sobre hordas de verdad. Me parece interesante para seguir reflexionando sobre el tema y me invita a pensar que quizá haya espacio para un antropólogo en los equipos de desarrollo. Al menos en los de las grandes ligas como Google, Amazon o Microsoft.

Jared Diamond define algunas características propias a las organizaciones sociales de los seres humanos en hordas:

  • Son las sociedades más pequeñas, entre 5 y 80 personas, estrechamente emparentadas;
  • Carecen de muchas instituciones como leyes, policía y tratados para resolver conflictos;
  • No tienen base de residencia;
  • Sociedad «igualitaria». Liderazgo informal;
  • Todos los humanos presumiblemente vivieron en hordas hasta la adopción de la agricultura;

Libro: Deshaciendo errores

Título: Deshaciendo Errores. Kahneman, Tversky y la amistad que nos enseñó cómo funciona la mente.
Autor: Michael Lewis
Editorial: Debate

Encontré este libro en la biblioteca y me llamó la atención el apellido Kahneman. Al igual que “Gigerenzer“, el de Danny es un apellido que no he podido olvidar desde que leí “Pensar Rápido, Pensar Despacio” en 2013, así que aunque no estaba buscando lectura, lo cogí igualmente.

El libro narra de forma muy amena la historia compartida de Daniel Kahneman y Amos Tversky, psicólogos israelíes que trabajaron juntos durante años en el campo de los juicios (en el sentido de evaluación o pronóstico), las decisiones y los errores. Actualmente Kahneman tiene un premio Nobel de Economía por sus aportaciones (y las de Amos) a ese campo, tras demostrar que los actores económicos no son nada racionales debido a los sesgos de la mente humana y cambiar las Ciencias Económicas para siempre.

Si como a mi, te gustan la psicología y los sesgos. O si te han gustado los libros, artículos y documentales de Dan Ariely, o títulos ya reseñados en este blog como “Freakonomics“, “El economista camuflado“, “Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas“, “Decisiones Instintivas” de Gigerenzer, “No pienses en un elefante” de Lakoff, “La nueva fórmula del trabajo” o “¿Existe la suerte?” de Taleb, estoy seguro de que te gustará este libro.

La estructura del texto es muy narrativa, pasando por diferentes épocas, guerras y continentes, y empleando a diversos “personajes” (reales) para dar una visión de las vidas y caracteres de Amos y Danny. El trabajo de investigación y entrevistas necesario para realizar el libro ha debido ser bastante intenso y me sorprendente que el resultado haya sido un buen relato en lugar del pastiche de anécdotas que temía en las primeras páginas del libro.

En algunos momentos la narración es trepidante, como durante las guerras israelíes, en otros se hace interesante desde el punto de vista teórico cuando se habla de reflexiones, teorías y demostraciones, y hacia el final, cuando la relación entre Amos y Tversky se degrada y Amos muere, acaba transformándose en un ligero drama agridulce.

Al finalizar el libro se queda uno con varias ideas sobre la mente y las relaciones; y sobre el tiempo, esfuerzo y colaboración necesarios para engendrar ideas dignas de un “Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel“.

Por último, me ha parecido interesante echar un vistazo a la relación entre dos personas tan diferentes a lo largo de tanto tiempo. He leído novelas y biografías, y reflexionado sobre mis propias relaciones desde mi punto de vista, pero este libro ofrece una visión completa de una misma relación entre dos personas excepcionales y reales, y lo hace desde “fuera”, algo que hasta ahora no había encontrado en un libro. Como decía Danny: “las personas son bastante simples, pero las relaciones son complejas”.

Para acabar incluyo unas citas para recordar en el futuro y para animar a su lectura a quien pueda estar interesado.

Citas interesantes:

Un viejo amigo de Amos recordaría más adelante que “Amos solía decir que la gente no es tan complicada. Lo que sí es complicado son las relaciones entre la gente”. Y después hacía una pausa y añadía: “Excepto Danny”. Pero había algo en Danny que hacía que Amos bajara la guardia y lo convertía, cuando estaba a solas con él, en una persona diferente. “Cuando trabajábamos juntos, Amos casi suspendía la incredulidad -decía Danny- . Eso no lo hacía con otra gente. Y aquel era el motor de la colaboración.

 

“Hay muchas evidencias que demuestran que cuando se percibe una situación incierta y se interpreta de una forma particular, resulta muy difícil verla de otra manera”.

 

Pero estas historias que las personas se cuentan a sí mismas están sesgadas por la disponibilidad del material empleado para construirlas. “Las imágenes del futuro están moldeadas por la experiencia del pasado”, escribieron, volviendo del revés la famosa frase de Santayana sobre la importancia de la historia: “los que son incapaces de recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Lo que la gente recuerda del pasado, sugirieron, es probable que distorsione sus juicios sobre el futuro.

 

En efecto, las historias que las personas se cuentan a sí mismas cuando las probabilidades son desconocidas o imposibles de conocer son muy simples. Llegaron a la conclusión de que “Esta tendencia a considerar solo argumentos relativamente simples puede tener efectos particularmente notables en situaciones de conflicto. Los estados de ánimo y los planes de uno mismo son más accesibles que los del adversario. No es fácil adoptar su punto de vista en el tablero de ajedrez o en el campo de batalla”.

 

[Acerca del futuro deseado para el “análisis de decisiones”] Tanto Amos como Danny pensaban que los votantes, los accionistas y toda la demás gente que tiene que asumir las consecuencias de la toma de decisiones de alto nivel, podían desarrollar una mejor comprensión del proceso. Aprendería a evaluar una decisión no por sus resultados -si salía bien o mal-, sino por el proceso que llevaba a ella. La tarea del que toma decisiones no es tener razón, sino calcular las probabilidades y jugar bien las bazas.

 

[Acerca de la experiencia con la puesta en marcha del “análisis de decisiones”] “En aquel momento, renuncié al análisis de decisiones -contaba Danny-. Nadie ha tomado nunca una decisión basándose en un número. Todos necesitan una historia.” Tal y como escribieron Danny y Lanir décadas después, cuando la CIA les pidió que describieran su experiencia con respecto al análisis de decisiones, el ministro israelí de Asuntos Exteriores era “indiferente a las probabilidades concretas”. ¿Qué sentido tenía explicar las probabilidades de una apuesta, si la persona que iba a apostar no creía en los números?

 

Al tomar decisiones, no se intenta maximizar la utilidad: se intenta minimizar el arrepentimiento. Como punto de partida para una nueva teoría, parecía prometedor. Cuando la gente le preguntaba a Amos cómo tomaba él las grandes decisiones de su vida, él solía decir que su estrategia consistía en imaginar lo que podría lamentar después de haber elegido una opción, y elegir la opción que le hiciera sentirse menos arrepentido. Danny, por su parte, era la personificación del arrepentimiento. Danny se resistía a cambiar sus reservas para un vuelo, aun cuando el cambio hiciera mucho más fácil su vida, porque imaginaba lo mucho que lamentaría el cambio si este conducía a algún desastre. […] Era como si Danny pensara que anticipando sus sentimientos podía mitigar el dolor que le causarían de manera inevitable.

 

“El dolor que se experimenta cuando la pérdida está causada por un cato que modificó el statu quo -escribió Danny en un informe a Amos-. Cuando uno no toma medidas que podrían haber evitado un desastre, no acepta responsabilidad por el desastre ocurrido.”

 

“Lo que constituye una ganancia o una pérdida depende de la representación del problema y del contexto en el que surge “, explicaba el primer borrador de la “Teoría del valor”. “Proponemos que la presente teoría se aplique a las ganancias y las pérdidas tal y como son percibidas por el sujeto”.

 

Danny y Amos intentaban demostrar que las personas que se enfrentaban a una opción arriesgada no sabían contextualizarla. La evaluaban de forma aislada. Al explorar lo que ahora llamaban el efecto aislamiento, Amos y Danny habían dado con otra idea, cuyas implicaciones para el mundo real eran difíciles de pasar por alto. Y a esta idea la definieron como “marcos”. Al cambiar la descripción de una situación y hacer que la ganancia pareciera una pérdida, se podía provocar que las personas cambiaran por completo su actitud hacia el riesgo, que dejaran de evitar el riesgo y pasaran a buscarlo. “Inventamos la teoría de los marcos sin darnos cuenta.”

 

[Acerca de momento eureka del economista y premio Nobel, Thaler] “Entonces lo comprendí. Kahneman y Tversky tenían una idea. El sesgo sistemático.” Si la gente se equivocaba de forma sistemática, no se podían pasar por alto sus errores. El comportamiento irracional de unos pocos no se vería compensado por el comportamiento racional de los muchos. La gente podía equivocarse sistemáticamente, lo que significaba que los mercados también podían equivocarse sistemáticamente.

 

A Danny se le ocurrió que quizá había una cuarta heurística, además de la disponibilidad, la representatividad y el anclaje. La llamó “heurística de la simulación”, y consistía en el poder de las posibilidades no cumplidas de contaminar la mente de las personas. A lo largo de su vida, todo el mundo realiza simulaciones del futuro. ¿Y si digo lo que pienso en lugar de fingir que estoy de acuerdo? ¿Y si me lanzan una bola rasa y se me pasa entre las piernas? ¿Y si rechazo la propuesta en lugar de aceptarla? Basa parte de sus juicios y decisiones en esos escenarios imaginados.

 

[Acerca de los límites que establece la mente al imaginar escenarios razonables o fantásticos] [Danny] Quería comprender mejor lo que él llamaba “emociones contrafácticas”, o los sentimientos que espolean la mente de las personas y las empujan a realidades alternativas para evitar el dolor de los sentimientos. El arrepentimiento era el sentimiento contrafáctico más obvio, pero la frustración y la envidia compartían con él su rasgo esencial. “Lo sentimientos de la posibilidad no cumplida”, los definió Danny en una carta dirigida a Amos. Estos sentimientos podían describirse usando simples operaciones matemáticas. Su intensidad, escribió Danny, era el producto de dos variables: “la deseabilidad de la alternativa” y “la posibilidad de la alternativa”. […] La gente frustrada tenía que deshacer una característica de su entorno, mientras que la gente arrepentida tenía que deshacer sus propias acciones. [En ambos casos] Requieren un camino más o menos plausible [imaginado] que conduzca al estado alternativo. […] La envidia era distinta. La envidia no requería que una persona ejerciera el menor esfuerzo para imaginar un camino que condujera al estado alternativo. […] “Para sentir envidia basta con tener una imagen vívida de uno mismo en la piel de otra persona; no es necesario que exista un escenario plausible de cómo podemos llegar a ponernos en la piel de esa persona.” La envidia, por extraño que parezca, no necesitaba imaginación.

 

[Hablando de la Teoría del Deshacer] Otra regla relacionada con esta estipulaba que “un evento es menos susceptible de ser cambiado cuanto más se aleja en el pasado”. Con el transcurso del tiempo, las consecuencias de cualquier evento se acumulaban, y obligaban a deshacer más hechos. Y cuanto más hay que deshacer, más se reducen las probabilidades de que la mente lo intente. Esta era, quizá, una de las formas en que el tiempo curaba las heridas, haciéndolas menos evitables.

 

Danny Bautizó una regla más general con el nombre de a “regla del foco”. “Por regla general tenemos un héroe o actor que opera en determinada situación -escribió-. Siempre que sea posible, mantendremos la situación fija y haremos que el actor se mueva. […] No inventamos una ráfaga de viento que desvía la bala de Oswald.” Una excepción a esta regla se daba cuando la persona involucrada en el proceso de deshacer era el actor principal de su propia fantasía. Tenía menos probabilidades de deshacer sus propias acciones que la situación en la que se encontraba. […] Un mundo en e que tengo un nuevo conjunto de rasgos debe de estar muy lejos del mundo en el que vivo. […] no tengo libertad para ser otra persona.”

 

[Aunque la mayoría de las citas son sobre teoría, el libro contiene una buena parte de historia, tanto personal como de contexto (otros personajes, guerras israelíes. Además las citas no son de teorías reconocidas sino, muchas veces, las ideas que tenían Danny y Amos algún periodo]

 

[Durante una conferencia en la Universidad de Illinois] Amos defendió que una metáfora no era más que un sustituto del pensamiento. “Como las metáforas son vívidas y memorables, y como no están sometidas al análisis crítico, pueden tener un impacto considerable en el juicio humano incluso cuando no son apropiadas, útiles o resultan engañosas. Sustituyen la incertidumbre genuina sobre el mundo con una ambigüedad semántica. Una metáfora es una maniobra de encubrimiento.

 

[Acerca de los sentimientos de Danny hacia Amos] “Al final te disgusta que no te inviten a las mismas conferencias, a pesar de que tampoco habrías ido”, le confesó Danny al psiquiatra de Harvard Miles Shore. “Mi vida sería mejor si Amos no recibiera tantas invitaciones.”

 

[Amos decía que] “A veces es más fácil hacer que el mundo sea un lugar mejor que demostrar que has hecho del mundo un lugar mejor”.

PD: Veo que hay una gran cantidad de material en el blog relacionado con la toma de decisiones y juicios. Debería pensar en ello.

Las dos palabras que todo profesional debería usar más

Hace unos días, Manuel de la Peña twiteó un texto que comentaba una vieja historia (más bien fábula) de monos, jaulas, preguntas y procedimientos.

Eso me trajo a la memoria pequeño artículo que leí en Hardvard Business Review sobre el arte de hacer preguntas. Un artículo que en su momento me invitó a pensar en la importancia no tanto de las técnicas de hacer preguntas, como de lo esencial que es conocer el “por qué” de las cosas (y para lo que se necesita hacer preguntas, claro).

También me recordó este otro artículo sobre qué hacen las personas que son buenas escuchando y que en mi opinión es una consecuencia de interés genuino en entender los “por qué“.

La falta de interés y esfuerzo en tratar de entender las cosas, sus objetivos y contextos (esto es, el “por qué“) es un tema que me da mucha rabia observar (incluso en mi) y del que hace tiempo que tenía pendiente quejarme un poco en público. En público, porque tiene relación directa con todos los procesos que se realizan en cualquier empresa; también con las buenas prácticas (best practices) que parece que muchas personas se emperran en recomendar o exigir sin entender que dependen del contexto. Y por supuesto porque tiene que ver con los que critican (y criticamos) decisiones de terceros a nivel personal, de negocio o político casi a diario.

Hay por supuesto profesiones en las que en general se necesita hacer preguntas básicas constantemente de forma directa o indirecta, como en medicina (¿le duele aquí?, ¿puede caminar?), donde cada prueba médica es una forma de pregunta y cada mirada o toque está orientado a obtener una respuesta (el ojo clínico). Supongo que haber tenido un padre médico ayuda a ver ciertas cosas de cierta manera.

No obstante, la mayoría, durante la mayor parte del tiempo observa, juzga y condena sin conocer el “por qué” de una decisión. Pocos se molestan en hacer preguntas la mayor parte del tiempo. Mucho menos una tan básica como “¿por qué?“. Y desde luego nunca seguida de otro “¿por qué?” como en el método Toyota-Lean-Kaizen-Six Sigma de los 5 por qué para la mejora de procesos.

Me temo que hemos cogido miedo a hacer preguntas básicas, las más importantes, por miedo a parecer ignorantes y menos valiosos en nuestro entorno personal y puesto de trabajo, e irónicamente eso nos hace más ignorantes y menos valiosos.

Pero no acaba ahí el problema: como nadie hace preguntas para entender un contexto todos acabamos dando por sentado que este no importa y/o que todos tenemos la misma idea en la cabeza, lo que provoca errores y dificultad en la comunicación. Un desastre.

En fin, que las dos palabras que creo que todos deberíamos usar más son evidentemente “¿por que?”. Aunque hay otro par de palabras que, si se usasen con sentimiento real, también deberíamos usar más y mejoraría mucho nuestras vidas: “por favor”. Porque es sorprendente lo bien que responden algunas personas a un poco de interés y educación y como redunda eso en un win-win de libro.

Así que tras quejarme un poco y habiendo dejado algunos enlaces (espero) interesantes, solo puedo cerrar este post invitando a todos a preguntar más y mejor. Con inocencia y abiertos a escuchar.

Documental: (Dis)Honesty

ariely

Título: (Dis)Honesty: The Truth About Lies
Ficha IMDB: http://www.imdb.com/title/tt2630898/?ref_=fn_al_tt_4

Netflix añadió recientemente este documental de Dan Ariely, al que sigo la pista desde 2008 con “Las trampas del deseo”, “Las ventajas del deseo”, su blog y Facebook, así que era evidente que iba a acabar viéndolo y me iba a gustar lo que encontraría.

El documental es una especie de charla resumen de su libro de 2012 “The honest truth about Dishonesty” y la verdad es que el documental no contiene mucha más “chicha” más allá del resumen de Wikipedia sobre el mismo, pero es normal: todos sabemos que el libro siempre es mejor que la película.

El valor de este documental está en que resulta muy ameno y te mantiene interesado y entretenido mientras te cuenta lo que podrías haber leído igualmente. Es una buena forma de mejorar la divulgación de las ideas de Ariely y en teoría de mejorar nuestra sociedad. De cualquier manera, puede que lo mejor de todo el documental sean las entrevistas a personas “deshonestas“, que le da un toque que el libro no podría transmitir, pero por lo demás es un buen entretenimiento.

Acerca de las ideas de Ariely, si le has estado siguiendo como yo, no hay nada nuevo, pero siempre está bien el recordatorio de que las personas somos personas, y dado el contexto adecuado, nos comportaremos mejor o peor. Además los ejemplos experimentales y la relación de la deshonestidad con el dinero de plástico, los asientos contables y los códigos éticos religiosos o laborales invitan a reflexionar.

En resumen se trata de un buen documental pero que en mi caso ve reducido su impacto por mi exposición repetida a Ariely y otros psicólogos sistémicos como Philip Zimbardo o John Seddon. Sea como fuere, este documental es recomendable para cualquier ser humano, así sin más.

 

Libro: La nueva fórmula del trabajo. (Google)

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Título: La nueva fórmula del trabajo. Revelaciones de Google que cambiarán su forma de vivir y liderar.
Autor: Laszlo Bock
Editorial: Conecta

Laszlo Bock es el “vicepresidente senior de gestión de personas” de Google es decir, que trabaja en recursos humanos. Además lo ha hecho durante 10 años, nos separan 6 años de edad y procede de Rumanía. Todo eso y la portada amarilla (hay estadísticas al respecto) aseguraban que el libro iba a acabar en mi mochila. Afortunadamente.

El libro en si es un tanto irregular, lleno de anécdotas puras, anécdotas que parecen datos, y opiniones. Obviamente no esperaba una tesis doctoral, pero quizá si algo menos de “marketing” y algo más filosófico o anécdotas más impactantes, pero la verdad es que todas se basan en datos (o eso dice) y resultan muy razonables (al menos para mí). En cualquier caso cumple perfectamente tanto la labor de mantenerte pegado leyendo a buen ritmo, como la de dar que pensar y saciar la curiosidad sobre cómo funciona Google “de verdad”, o al menos de forma más profunda y extensa que los artículos habituales para generar clics en periódicos y blogs.

Lo que resulta evidente al leer este libro es que Google juega en otra liga a nivel de contratación. La cantidad de dinero que genera mediante anuncios hacen que pueda realizar todo tipo de experimentos sin tener que preocuparse por la supervivencia de la empresa. Eso por sí sólo no le asegura que sus proyectos y productos salgan bien, pero el espíritu innovador (real), el sentido de misión (fanático) y esa red de seguridad económica creo que marcará la diferencia en el largo plazo, siempre y cuando no se cuelen demasiados psicópatas y vende motos que reemplacen su cultura actual por otra más comercial y elitista, que es lo más probable que esté pasando ahora mismo, o que suceda en cuanto Larry y Sergei palmen o se jubilen. Microsoft y Apple son, entre otros, las pruebas vivientes de que todo cambia al cambiar de fundador y dueño, y me temo que eso aplicará también para Google a pesar de la obsesión por generar cultura sana y duradera de sus fundadores.

También resulta evidente que Google hace la cosas de forma radicalmente distinta. No es que “haga” cosas extravagantes o diferentes, es que sus valores culturales son tan diferentes de los habituales que todo lo que hacen surge y se apoya en unas raíces completamente diferentes a las que haya visto en otras empresas. No es algo que se pueda copiar para adaptar. Y requiere para su adaptación (suponiendo que sea posible adaptarse a eso) de un cambio de mentalidad de arriba abajo brutal, un cambio de mentalidad que probablemente solo está al alcance de empresas pequeñas y jóvenes, con músculo financiero y ganas de cambiar el mundo empezando por sí mismas.

Algunas de las cosas interesantes que he ido pensando según leía el libro y que me parecen importantes de recordar son que:

  1. Entienden el survivor bias. Son escépticos y no mira solo en una “dirección”.
  2. Entienden los efectos acumulativos (la importancia de los hábitos, las pequeñas mejoras continuas, la medición y la repetición).
  3. Tratan de usar datos para todo. Eso en si mismo tiene varias ventajas, aunque sean datos limitados o sesgados.
  4. Tienen no solo el dinero, sino los huevos para experimentar a gran escala de forma abierta y constante.
  5. Entienden el sesgo de inmediatez, donde pesa más lo más reciente en lugar de un periodo.
  6. Dedican enormes cantidades de tiempo (y no solo dinero) a mejorar procesos. No sólo los diseñan e implantan, sino que los calibran, comparan, y recalibran… y no solo lo hacen los “responsables” de X sino todos los empleados y directivos desde la parte baja de la jerarquía hasta Sergei.
  7. Parece que Laszlo tiene intereses y enfoque similares a los míos. O al menos hace referencia a libros, ideas o temas que he ido tratando a lo largo de los años en el blog a base de lecturas más o menos afortunadas, reflexión y experiencia. Quizá debería haber estudiado psicología y haberme dedicado a recursos humanos en empresas de informática. Pero es improbable que hubiese alcanzado lo que este hombre: parece un perfil muy raro (en el sentido de poco habitual) incluso antes de su estancia en Google.

Sobre el último punto, Laszlo me da cierta envídia porque hace lo que (releyendo años de mi blog), parece que me interesa en el fondo, aunque haya elegido otro camino para llevarlo a cabo: Hacer que los sistemas sean mejores para las personas y mejores en su función. Gente feliz, empresa productiva.

Sobre la utilidad del libro, he de reconocer que se trata de un libro peligroso. Es el típico caso de libro de “autoridad” de empresa de renombre que contiene ideas tan radicales que puede servir como munición a lo que Tomás de Aquino llamaba personas de un solo libro (timeo hominem unius libri). Este libro contiene ideas valiosas pero aplicarlas a medias o sin entender el fondo, el por qué, tiene muchas papeletas para acabar en desastre.

Por el lado negativo, que el autor emplee muchos datos aislados para persuadir no ayuda a discutirlo, al menos no sin una buena base estadística, cultural, etc. Personalmente encuentro a menudo molesta esa obsesión por vomitar datos inconexos, incompletos y anécdotas junto con un “disclaimer” de que “es sólo su opinión”, y sospecho que no es algo específico del libro, sino que lo usa a menudo en su puesto de trabajo. No me gustaría tener que discutir con él durante una reunión dado el nivel de práctica que debe haber adquirido, y en muchos momentos me ha recordado a los libros de Malcom Gladwell, como Inteligencia Intuitiva (reseña del 2009).

Para terminar una última reflexión, supongo que RRHH en cualquier empresa es un reflejo de la dirección de la empresa. Quizá lo primero en que debes fijarte al menos entrar en un nuevo empleo es en que opina la gente de la casa del propio departamento. Y en este caso, parece un buen departamento.

Recomendaría la lectura de este libro a personas interesadas en sistemas de organización, personas, trabajo, Google y liderazgo. Que es justamente lo que indica la portada. 🙂

A continuación algunas citas para el recuerdo de las que más me han llamado la atención en sus algo más de 400 páginas.

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En 2009, y mediante nuestra encuesta anual, los googlers nos comunicaron que cada vez costaba más terminar las tareas. Llevaban razón. Nos habíamos doblado en tamaño, pasando de 10.674 empleados a finales de 2006 a 20.222 al terminar 2008, y habíamos aumentado los ingresos de 10.674 a 21.800 millones de dólares. Pero en lugar de anunciar iniciativas corporativas de arriba abajo, nuestro director financiero, Patrick Pichette, otorgó el poder a los googlers. Inauguró lo que llamamos los Controladores de la burocracia, un programa anual con el que, actualmente, los googlers identifican sus máximas frustraciones y contribuyen a solucionarlas. En su inauguración, los googlers aportaron 570 ideas y votaron más de 55.000 veces. La mayor parte de las desilusiones se originaban a partir de cuestiones nimias y fácilmente resolubles.

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La única prueba de la que dispone acerca del desempeño de alguien es su currículo y lo que él mismo (y en ocasiones sus referencias) le dicen. […] Y ofrecer salarios altos solo asegura que usted va a recibir más aspirantes, no a entrevistarse con los mejores o que podrá distinguir a los de los mediocres. Por todo ello muchas empresas adoptan la estrategia The Bad News Bears aunque no les guste admitirlo. Lo que le dirán los directivos es que contratan a los mejores y que después los preparan, entrenan y forman para ser campeones. Hay tres razones para tomar con escepticismo esas pretensiones.

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¿Es posible, mediante la formación, compensar esos resultados y que las personas mejoren? ¿No abundan las empresas que son famosas por sus academias de liderazgo, centros de adiestramiento global y aprendizaje a distancia? ¿No les permite eso insuflar excelencia en sus nuevos empleados? No tanto como cabría esperar. Diseñar una estrategia eficaz de formar es difícil, muy difícil. […] Resulta casi imposible elegir a alguien con un rendimiento medio y convertirlo en una estrella mediante la formación. Algunos pueden afirmar que, sin embargo, es posible, y es verdad. Se conocen ejemplos de personas de rendimiento mediocre que pasaron a ser excelentes, aunque la mayor parte de esos logros responden a un cambio de contexto y a variaciones del tipo de trabajo más que de la formación.
Piense en Albert Einstein, por ejemplo, quien al principio no consiguió un contrato como profesor y después tampoco logró ser ascendido en la Oficina suiza de Patentes. No asistió a una sola clase que lo transformase en el mejor empleado de patentes que haya tenido nunca Suiza. Tampoco se graduó en educación ni empezó a ganar premios de enseñanza. Su éxito se debió a que su trabajo diario no requería gran cosa de su intelecto y dispuso de la libertad
para explorar un campo totalmente diferente.

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Las empresas hacen del vicio virtud presumiendo de lo mucho que gastan en formación. Pero ¿desde cuándo el gasto es una manera de medir los resultados de calidad? ¿La gente presume de «Estoy en plena forma… este mes he gastado 500 dólares en mi cuota de socio del gimnasio»? La existencia de un elevado presupuesto de formación no prueba que esté usted invirtiendo en empleados. Lo que demuestra que, para empezar, usted no contrató a las personas adecuadas. […] Gastarnos más del doble en contrataciones, como porcentaje nuestro presupuesto en personal, que una empresa media. Si somos capaces al seleccionar a las personas desde cl primer momento, ello implica que tenernos menos trabajo que hacer una vez contratadas.

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[…] necesita asimismo directivos dispuestos a renunciar a su poder cuando se trata de contratar. Debo confesar de entrada que los directivos recién contratados lo odian. Ellos quieren elegir a sus propios equipos. Pero incluso los directivos mejor intencionados comprometen sus estándares según se alarga la búsqueda. En la mayoría de empresas, por ejemplo, el primer día de entrevistas, el listón para buscar ayudantes de administrativo está por las nubes, mientras que hacia el día noventa la mayor parte de directivos se quedará con cualquiera que se ponga al teléfono. Y lo que es peor, determinados directivos pueden mostrarse parciales: desean contratar a un amigo o a un becario como favor a un directivo o cliente. Por último, dejar que los directivos tomen decisiones en la contratación les concede demasiado poder sobre los miembros

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[…] empezamos buscando candidatos que hubiesen demostrado resiliencia y capacidad para sobreponerse a los momentos duros. […] Los títulos de su educación universitaria cuentan menos que lo que usted haya realizado. Para determinados puestos de trabajo no es importante dónde estudió usted. Lo que cuenta es qué aporta a la empresa y cómo se ha distinguido. Lo cual en cierto modo es como debería ser, teniendo en cuenta que uno de nuestros fundadores tampoco terminó nunca su educación universitaria.

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Más adelante refinamos el proceso [de selección y contratación] porque llegamos a la conclusión de que el coeficiente intelectual por sí mismo no convierte a alguien en creativo o en un jugador de equipo […].
[Acerca de una experiencia de una start-up de uno de los empleados más relevantes de Google] El equipo pasó muy rápidamente de siete a unas cincuenta personas y nuestra productividad resultó inferior a la de antes. La causa fue que la mayor parte de las cuarenta personas contratadas no eran valiosas. Nos costaban más tiempo del que aportaban y nos hubiese ido mejor con un equipo de quince, pero todos ellos muy buenos.

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Pensábamos que requerir títulos y certificados era un instrumento directo para captar personas inteligentes. Y que eliminaría el decepcionante número de individuos que mentían acerca de sus hojas de servicios. Pero en 2010 nuestros análisis pusieron de manifiesto que el desempeño académico no predecía el rendimiento laboral más allá de los dos o tres primeros años después de la universidad, de manera que dejamos de solicitarlo salvo en el caso de los recientemente graduados.

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Una empresa pequeña no puede permitirse contratar a alguien que acabe siendo un desastre. Los malos trabajadores y los manipuladores ejercen un efecto tóxico sobre un equipo al completo y exigen mucho tiempo de gestión para formarlos o expulsarlos.

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Cuando mantienes una entrevista y pasas una hora con esa persona, no lo consideras como una muestra de su conducta y mucho menos como una probable muestra sesgada, pese a que justamente eso es lo que es. Más bien piensas que estás viendo un holograma, una imagen pequeña y difusa, pero, aun así, la persona al completo.»
Dicho en otras palabras, la mayor parte de las entrevistas son una pérdida de tiempo porque el 99,4 por ciento de su duración se invierte en tratar de confirmar la impresión que el entrevistador se haya formado en los primeros diez segundos. «Hábleme de usted.» «¿Cuál es su mayor debilidad?» «¿Cuál es su punto más fuerte?» Una inutilidad.
Son igual de inútiles las entrevistas de caso y las preguntas capciosas utilizadas por muchas empresas, En ellas se plantean problemas como: «Su cliente es un fabricante de papel que planea abrir una segunda planta, ¿Debe hacerlo?». «Calcule cuántas estaciones de servicio hay en Manhattan», O todavía más irritante: «¿Cuántas pelotas de golf cabrían en un 747?», «Si le reduzco al tamaño de una moneda y le pongo en una licuadora, ¿cómo se escaparía?» La capacidad de resolver ese tipo de preguntas es, en el mejor de los casos, una competencia discreta que se puede mejorar con la práctica, lo cual elimina su utilidad para evaluar candidatos. En el peor, dependen de una pizca trivial de información o percepción que se le oculta al candidato y sirve fundamentalmente para que el entrevistador se sienta inteligente y autosatisfecho. Poseen poca o ninguna capacidad para predecir cómo se desempeñarán los candidatos en el trabajo. Eso es así debido en parte a la intrascendencia de la cuestión (¿cuántas veces en su trabajo cotidiano tiene usted que calcular el número de estaciones de servicio de Manhattan?) y en parte porque no hay ninguna relación entre una inteligencia flexible (lo que predice el desempeño en el trabajo) y problemas de percepción como los acertijos, y en parte porque no hay forma de distinguir entre alguien que es de una brillantez innata y alguien que ha practicado esa habilidad.

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La investigación demuestra que la combinación de técnicas de evaluación es mejor que cualquier técnica única. Por ejemplo, un test de capacidad cognitiva general (predice un 26 por ciento del desempeño), combinado con una evaluación de escrupulosidad (10 por ciento) cuenta con más capacidad de predecir quién tendrá éxito en el trabajo (36 por ciento). Según mi experiencia, las personas que puntúan alto en finalizar «concienzudamente un trabajo» —lo que significa que no se detienen hasta que la tarea se ha terminado por completo en lugar de dejarlo cuando piensan que ya está bien— tienen también más posibilidades de sentirse responsables de sus equipos y de su entorno.
Dicho en otras palabras, tienen más probabilidades de comportarse como propietarios que como empleados. Recuerdo haberme sentido emocionado cuando Josh O’Brien, miembro de nuestro equipo de apoyo técnico, me estaba ayudando con una cuestión de TI durante mi primer mes. Era viernes y cuando dieron las cinco le dije que podíamos terminarlo el lunes. «Nos quedaremos hasta que terminemos», me dijo, y continuó en lo suyo hasta que el problema quedó resuelto.

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Utilizar las videoconferencias también reduce costos, porque una entrevista a distancia es menos cara que una presencial, y es más respetuosa con el tiempo de los googlers y de los candidatos. Nuestros reclutadores se benefician del hecho de haberlas realizado centenares de veces, a diferencia del típico director de contratación que quizá solo haya realizado evaluaciones a distancia una o dos veces.

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Hasta que llegamos aproximadamente a los veinte mil empleados, la mayor parte de la gente de Google pasaba entre cuatro y diez horas semanales contratando, y nuestros directivos más importantes podían reservar fácilmente un día entero a la semana para ello, lo que equivalía a entre ochenta mil y doscientas mil horas al año invertidas en contratar. Eso sin contar el tiempo gastado por nuestros equipos de dotación de personal. Pero era necesario hacerlo si queríamos crecer rápido y estar seguros de que no comprometíamos la calidad. Y, sinceramente, parecía la mejor manera de operar por aquel entonces. Costó años de investigación y experimentación averiguar cómo contratar de forma más eficaz.

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Cada despacho, cada equipo, cada proyecto representa una oportunidad para efectuar un experimento y aprender de él. Esta es una de las mayores oportunidades que las grandes empresas desperdician y eso me parece igual de cierto para las que tienen cientos de trabajadores, no miles. Con demasiada frecuencia la dirección toma decisiones que aplica unilateralmente a la empresa entera. ¿Qué ocurre si la dirección se equivoca? ¿Y si alguien tiene una idea mejor?

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Como explica Prasad Setty, «Los sistemas de gestión del desempeño tradicionales cometen un gran error. Combinan dos cosas que deberían permanecer completamente separadas: la evaluación del desempeño y el desarrollo profesional. La evaluación es necesaria para distribuir recursos finitos, como aumentos salariales y primas. El desarrollo es necesario para que la gente crezca y mejore profesionalmente». Si quiere que la gente mejore, no mantenga esas dos conversaciones al mismo tiempo. Haga del desarrollo un intercambio continuo entre usted y los miembros del equipo, en lugar de convertirlo en una sorpresa de fin de año.

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Así que en lugar de seguir la senda tradicional de convertir un «bajo desempeño» en el beso de la muerte, decidimos plantearlo de otro modo: Nuestro objetivo apunta a comunicar la noticia a cada persona de ese 5 por ciento que se encuentra en ese grupo. No es agradable mantener esa conversación, pero resulta un poco más sencilla por el mensaje que transmitimos a esas personas: «Estás entre el 5 por ciento de empleados de menor rendimiento de Google. Sé que no es una cosa agradable. Pero la razón de que te diga esto es que quiero ayudarte a mejorar». En otras palabras, no se trata de una conversación «o te pones las pilas o te largas»; se trata de una charla educada con alguien para ayudarle a progresar. Un colega lo describió una vez como «pragmatismo compasivo». El bajo rendimiento raramente se debe a que la persona es incompetente o mala. Suele tratarse de una laguna en su formación (que puede corregirse o no) o una cuestión de voluntad (la persona no se siente motivada para hacer el trabajo). En este último caso, podría tratarse de un asunto personal o también podría traducirse como una señal útil de que hay algo más importante en el equipo que debería ser solucionado. De hecho, la manera en que restamos importancia a los conocimientos relacionados con el puesto a la hora de contratar a alguien, nos lleva a ser un poco vulnerables a este problema, porque nos gusta contar con gente que puede que no sepa hacer un trabajo concreto. Tenemos fe en que casi todos ellos aprenderán […]

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[Acerca de las categorías de rendimiento entre empleados y la distribución normal/Gauss] Ese método puede envenenar una cultura en la medida en que los empleados se pueden revolver unos contra otros en una luchar feroz para evitar la caída en el fondo de la escala. Kurt Eichenwald escribió una mordaz condena de la clasificación forzosa en Vanity Fair en 2012: Todos los empleados antiguos y actuales de Microsoft que entrevisté —absolutamente todos— mencionaron la clasificación forzosa como el proceso más destructivo de Microsoft, algo que ahuyentaba a números incontables de empleados… «Si estabas en un equipo de diez personas, entrabas el primer día sabiendo que por muy bueno que fuera cada uno, dos personas iban recibir una gran puntuación, siete iban tener puntuaciones mediocres v una iba a tener una puntuación horrible —dice un antiguo desarrollador de software—. Ello conduce a quelos empleados se centren en competir entre sí en lugar de hacerlo con otras empresas.»

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[Citando a Kathryn Dekas del laboratorio de Personas e Innovación de Google] Si solo estudias a la gente que tratas de imitar, puedes llegar a la conclusión de que los comportamientos clave que contribuyen a su éxito son los comportamientos clave que contribuyen a su éxito son los comportamientos comunes entre la mayoría o en todos ellos. Parece una conclusión razonable. Pero también es posible que los peores empleados tengan las mismas conductas, y usted nunca lo sabrá a menos que también los analice. puede fácilmente terminar identificando las malas conductas como las que conducen al éxito si no estudia también los otros grupos… En términos técnicos esto se llama “muestreo sobre variable dependiente”». Se trata sin embargo de otra variante del mismo sesgo de muestreo del que tratamos en el Capítulo 6, y por qué las «mejores prácticas» pueden inducir a error.

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[Acerca de los checklist como forma de asegurar ciertos comportamientos de forma ágil y mejorar la gestión en Google. Este es un cuestionario que rellenan los subordinados para dar feedback sobre sus jefes.]
Cuestionario de muestra de la encuesta UFS [Upward Feedback System]

  1. Mi jefe me hace comentarios prácticos que me ayudan a mejorar mi desempeño.
  2. Mi jefe no microgestiona (es decir, no se implica en detalles que tendrían que ser gestionados a Otros niveles).
  3. Mi jefe muestra consideración por mí como persona.
  4. Mi jefe mantiene el equipo centrado en nuestros resultados/productos por entregar prioritarios.
  5. Mi jefe comparte con regularidad información importante de su jefe y de la alta dirección.
  6. Mi jefe ha mantenido una valiosa conversación conmigo acerca de mi desarrollo profesional en los últimos seis meses.
  7. Mi jefe comunica metas claras a su equipo.
  8. Mi jefe tiene los conocimientos técnicos (por ej., codificación en Tecnología, contabilidad en Finanzas) necesarios para orientarme.
  9. Recomendaría a mi jefe a otros googlers.

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[Hablando de Chris Argyris de la Hardvard Business School y el rendimiento de los estudiantes de Hardvard 10 años después de su graduación] […] aquellos miembros de la organización que muchos dan por hecho que son los mejores a la hora de aprender no son, en realidad, muy buenos en eso. Hablo de los profesionales, cultos, con gran poder y altamente comprometidos que ocupan las posiciones de liderazgo clave en las modernas corporaciones… Dicho con sencillez: debido a que muchos profesionales casi siempre tienen éxito en lo que hacen, raras veces experimentan un fracaso. Y como raramente han fracasado, no han aprendido a aprender del fracaso… Se ponen a la defensiva, rechazan la crítica y le echan la culpa a cualquiera salvo a sí mismos. Dicho en pocas palabras, su capacidad de aprender se apaga justo cuando más la necesitan.

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Ronald Burt, sociólogo de la Universidad de Chicago, ha demostrado que la innovación tiende a producirse en las brechas estructurales entre grupos sociales. Podría tratarse de las brechas entre unidades funcionales de las empresas, equipos que no suelen interactuar o incluso la persona callada en el extremo de la mesa de conferencias que nunca dice nada. Burt encontró una manera encantadora de decirlo: «la gente que se sitúa cerca de las brechas en una estructura social corren mayor riesgo de tener buenas ideas».
Las personas con sólidas redes sociales, como las que componen un equipo o unidad de negocio, a menudo tienen ideas y formas similares de abordar los problemas. La creatividad se va evaporando con el tiempo. Pero el puñado de personas que operan en el espacio superpuesto entre grupos tiende a conseguir mejores ideas.

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Cuando entré en google era el responsable de las cafeterías [pagadas por Google y gratuitas para empleados] y fue una delicia […] Pero hacia 2010 las cafeterías se habían convertido en un derecho adquirido para un pequeño pero odioso segmento de googlers. En lugar de limitarse a comer en el trabajo algunos googlers empezaron a empaquetar comida para llevársela a casa. Una tarde, después de comer, pude ver a uno de ellos meter cuatro contenedores de comida en el maletero de su coche (lo cual me hizo preguntarme: ¿hasta qué punto puede ser saludable comer unos alimentos que han estado encerrados en un maletero durante 6 horas?). Un viernes por la tarde otro empleado fue sorprendido llenando su mochila con botellas de agua y barritas de cereales. Tenía previsto salir el sábado a hacer senderismo con sus amigos y deseaba llevar comida y bebida suficiente para todos ellos. Una googler, indignada porque hubiésemos osado poner platos más pequeños [como experimento para reducir desperdicio de comida y evitar sobrepeso], escribió que había empezado a tirar tenedores a la basura como curiosa forma de protesta. Según los chefs, algunos googlers incluso habían estado arrojando comida contra el personal después de ser servidos.

 

Libro: The psychopath code. Cracking the predators that stalk us

psico

Título: The psychopath code. Cracking the predators that stalk us
Autor: Pieter Hintjens
Editorial: Supongo que autoeditado. Solo tengo la versión Kindle. Y hay otra gratis en GitBook.

Ahora mismo no tengo ni idea de cómo encontré este libro, pero el precio en Amazon y el titulo me llamaron la atención lo suficiente como para empezar a leer la muestra gratuita y rápidamente lo compré para leerlo entero.

No es el primer libro sobre psicópatas que leo, pero sí el primero que leo escrito por un desarrollador de software (entre otras cosas), lo que me parece curioso teniendo en cuenta lo que me interesa el tema y que también desarrollo software profesionalmente. Quizá haya un patrón aquí: desarrollador, comunidades en línea, interés en psicópatas.

Obviamente no es el primero en escribir del tema de los psicópatas y su realidad y efecto en nuestras vidas:

Hay gran cantidad de libros, artículos y vídeos (TED por ejemplo) sobre el problema de los psicópatas que andan sueltos por el mundo. Pero Hintjens hace algo muy interesante: nos ofrece una teoría de la psicopatía. Y como buena teoría nos ayuda a explicar por qué existen, qué los mueve, como actúan y como defendernos de ellos.

La idea central del libro es que los psicópatas, los que nacen así, tienen una razón evolutiva que en el mundo actual se ha ido de madre dado el tamaño e interconexión de la sociedad actual. En el libro se propone una visión radical en la que la sociedad humana no es una y homogenea, sino un complejo sistema biológico en el que se han desarrollado humanos depredadores de humanos. Y todo ello lo va desarrollando metódicamente con ejemplos claros basados en los personajes clásicos del mundillo de la seguridad informática (Alice, Bob y Mallory).

No voy a meterme en si el libro es más o menos científico (no lo es en el sentido de un artículo de Scientifics American) pero si en el proponer una hipótesis (que los psicópatas existen porque existe un nicho evolutivo para ellos) y desarrollando la idea para encuadrarla en diferentes escenarios para establecer su capacidad de predicción.

Quizá para muchos esto sea demasiado laxo, pero para mí el poder explicar y predecir, el disponer de un modelo de psicópata aunque no sea completamente fiable, es algo impresionante.

Aunque el libro en ocasiones me parezca excesivo en encuadrar determinados comportamientos dentro del perfil de psicópata, y aunque sospecho que la experiencia vital de Hintjens lleve los ejemplos demasiado lejos, tengo que reconocer que me parece uno de esos libros que te cambian el chip.

A continuación un par de citas de interés, aunque repito que hay una versión online para leer en Gitbook.

A healthy group spends little time on decision making. Its members have high independence. They tend to do first, talk second. There is little or no argument. An infected group struggles to get consensus. Its members argue over irrelevant details. Even the smallest project takes huge p anning, and stresses everyone. You cannot fix such groups. I have tried many times. Groups grow around founders and rules. You cannot change the rules after the fact. And to keep out bad actors, you must have the right rules.

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Can we eliminate psychopathy? I’m not even sure that’s a sane goal. This predator-prey battle has been the main force of human evolution for millions of years. Without it, we’d be a historical footnote.

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recognize these negative triggers, and we can become resistant against them. There are two main reasons for negative triggering. The first is history. We evolved for a different world with fewer people and far more real dangers. Modern life is safe, easy, and yet complex and filled with other people. We compete with each other for toy points. Exposure to the elements, ignorance, or non-human predators is the exception, not the rule. We are a species on holiday. Our emotions are often the idle hands waiting for the Devil’s commands.

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If you confront a psychopath in the workplace, have your exit ready. You Will not be staying long. Mallory knows exactly how to make people hate and fear you. She will with tears in her eyes accuse you of sex crimes, financial fraud, and worse. She Will explain in clear detail why all the trouble is your doing. VVhat you can do instead is to collect violations of company policy or the law. You need documentation and proof. You need more than one case. You can then report these to your management, or HR. Since HR’s first job is to protect the firm from bad actors, they should be able to help.

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She only shows admiration and affection for more powerful people in the organization. We all meet psychopaths at work. If you know how Mallory works, you can see this happen almost in real-time. If not, it can take years to realize “it was not normal. ” You may want to try to fix things. It is unwise to accuse co-workers of being psychopaths. Only a trained professional can make such a diagnosis. And even then, only with cooperation from the subject. Mallory is not going to walk with you into Human Resources and agree that she’s a problem.

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She moves up and sideways through the company structure. The workplace often wraps a blanket of anxiety and stress around its staff. Few people expect their work to make them happy. Many businesses use mindcontrol techniques on their staff. These are the same techniques psychopaths use. All this disguises Mallory’s impact crater. When Mallory enters a workplace, she is already thinking how to leave it. She has mimmal interest in the people or the work. She’ll go through them and take what she can.

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[Acerca de comunidades online] Administrators SHOULD block or ban “bad actors” who cause stress and pain to others in the project. This should be done after public discussion, with a chance for all parties to speak. A bad actor is someone who repeatedly ignores the rules and culture of the project, who is needlessly argumentative or hostile, or who is offensive, and who is unable to self-correct their behavior when asked to do so by others.

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[Acerca de sintomas de la existencia de un psicópata en una comunidad y el lugar de trabajo] It takes too long to come to consensus. There is too much argument over insignificant details. Staff spend more time justifying themselves than doing valuable work. The team feels stuck and lethargic, though individuals seem bright. People are leaving for unspecified reasons. If you are stuck with Mallory in the same workplace then your feelings will evolve. You’ll have a long period of frustratlon and some anger. Then you will feel burnout. This is a sudden shift in mood from trying to make things work to disgust. You will want to avoid talking to anyone in the team.

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Yet without constant pressure from cheats, there is no game. And without a game, humanity has no future. VVhat do you mean with that? I think we’re still evolving, as we must, to overcome the limitations of our planet. We Will go to the stars, or we will go extinct. Not tomorrow. Maybe in a thousand years. And while the altruists will build the spaceships and design the hibernation tanks, it will be psychopaths that provide the hunger. Every dramatic voyage of discovery is driven by false promises and lies. Most end in disaster. Some succeed, and take us forwards.

Y esto es todo por el momento. Aunque me estoy dando cuenta de que me preocupan mucho los comportamientos anti éticos. Me pregunto si será innato o aprendido. 🙂