Libro: Women in Science

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Titulo: Women in Science. 50 fearless pioneers who changed the world.

Autor: Rachel Ignotofsky

Editorial: Ten Speed Press

Hace unos días compré este libro con idea de practicar algo de inglés con mi hija de 7 años y pasar ratos juntos compartiendo algo que nos interesase a ambos. Con temática científica ligera, bonitos dibujos y en inglés sencillo, este volumen de poco más de 120 páginas (en realidad solo tiene texto por una cara para cada una de las 50 mujeres) cubría todo eso, por lo que me aventuré a adquirirlo en Amazon.

El contenido es exactamente lo que esperaba y parece que a mi hija le ha gustado bastante que le cuente cosas con dibujos bonitos y palabras en inglés que ella conoce o puede aprender con facilidad.

Sin embargo, he de reconocer que, aunque es un libro para niñas, me está gustando mucho como hombre adulto que soy. Los pequeños detalles biográficos que ha incluido la autora para cada una de las 50 mujeres y la calidad y cantidad de dibujos, unidos a un muy cuidado diseño (tirando a monocromo en cada mujer pero variando en color para cada una por ejemplo) lo han convertido en uno de esos libros que agradeces poseer, al estilo de “La historia del mundo en 100 objetos“.

Así que diría que es una muy buena compra si: a) tienes tiempo para pasar con tu hija, b) esta ha mostrado curiosidad por el mundo, c) le gusta dibujar y  d) no le asusta el inglés. Aunque probablemente se aprovecha más si tienes una formación “de ciencias” que te permita ampliar algunas de las cosas que se comentan en el libro (ej: cristalografía de rayos X). En mi caso, décadas de leer divulgación científica cubren ese aspecto pero imagino que mi caso es un poco de nicho.

Por otro lado, como padre e informático, me ha parecido muy gracioso que mi hija haya decidido empezar a leer el libro por Ada Lovelace… porque está pintada en rosa.

Para terminar, un consejo más y una cita del libro. El consejo: echa un buen vistazo al trabajo de Rachel Ignotofsky, me parece una pasada lo que tiene en su web o en Etsy.

La cita, del capítulo dedicado a  Heddy Lamarr, inventora y actriz de cine (y también pintada en rosa).

“[My father]” made me understand that I must make my own decisions, mold my own character, think my own thoughts” -Hedy Lamarr

 

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Igualdad y desarrollo de software. ¿A quién le conviene?

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Hace unos días asistía en Twitter a la conversación de varios desarrolladores, MVP, técnicos, etc. acerca de la visibilidad de las mujeres en el evento para desarrolladores Codemotion. Espoleados por nuestro particular Pepito Grillo de la comunidad Microsoft en España Edin Kápic, los comentarios no se hicieron esperar por parte de desarrolladores, MVP o evangelistas de Microsoft como Isabel Cabezas cuya opinión como representante femenina tiene especial valor.

Al final, entre tanto hilo y con la limitación de espacio que caracteriza a Twitter parece que teníamos muchas preguntas e interés en el tema de mujeres y desarrollo de software pero pocas respuestas.
Como parte doblemente interesada por ser desarrollador y padre de una hija a la que me gustaría ver en “ciencias” (STEM), quiero hablar solo un poco (el tema es extremadamente complejo por lo que parece absurdo intentar ir más allá en solitario) de mis opiniones y dudas acerca de si es necesario o siquiera buena idea esforzarse en aumentar la presencia femenina en el sector.

Empezaré diciendo que la vez que más abiertamente he escrito sobre el feminismo fue comentando en junio el documental CodeGirl  y que cobra mayor relevancia con cada evento que persigue la igualdad estadística entre sexos. Y no lo he hecho más a menudo porque es un tema “caliente” que podría volver fácilmente un texto en un problema para el autor, pero con una hija estos temas cobran cada vez más importancia. También, quizá por haber leído Universidad y Ciencia en España, de Clara Eugenia Nuñez  y La Tabla Rasa de Steven Pinker, me surgen serias dudas sobre si es buena idea lanzarse a movilizar mujeres y hombres a la búsqueda de la igualdad estadística, en parte por si estamos resolviendo un problema equivocado y en parte por si provocaremos efectos secundarios no deseados.

En cuanto a mi opinión sobre las mujeres en el software, aunque muchos comentan que todas las desarrolladoras de software con las que han trabajado eran estupendas, yo diré que también las he encontrado muy malas, pero parecen trabajar mejor en equipo en general. De todos modos no he tenido ocasión de trabajar con tantas como hombres ni de lejos así que aquí tengo un sesgo clarísimo, y eso señala un problema o una característica social o del sector que valdría la pena explorar.
Sobre mujeres dando charlas, la única vez que he insistido en que alguien nos diese una charla técnica fue de una compañera de front-end. Ella pensaba que “no era tan buena” pero yo veía evidente que sí y creo que el tiempo acabó dándome la razón. En ningún caso quería incluir mujeres (era interna) sino aprender de los más competentes y en este caso era ella.

Por último, pongamos algunas cosas sobre la mesa:

  1. Hay un interés económico claro y reconocido de aumentar el pool de desarrolladores disponibles para la industria (lean algunos comentarios, son interesantes).
  2. Hay un interés claro de determinadas empresas en aumentar la diversidad de desarrolladores (más allá del sexo) en sus plantillas en pro de la “innovación”. Sea lo que sea eso.
  3. Como sociedad, parece que España es una de las mejores del mundo, muy lejos de la estadounidense.
  4. Desarrollar software no es fácil, y requiere de una dedicación seria con una necesidad de renovación constante que no todo el mundo (sea del sexo que sea) está dispuesto a asumir y mucho menos a disfrutar. Recordemos que los jóvenes quieren ser funcionarios.
  5. Los Estados Unidos son una sociedad diferente, con problemas diferentes a la Española, de los cuales no deberíamos importar soluciones sin más, sin un poco de espíritu crítico, a riesgo de generar nuevos problemas o romper cosas que funcionan, como la sanidad pública.
  6. Hay despidos en empresas técnicas como Microsoft a nivel mundial o HP localmente.

Por tanto, mi opinión actual es que tenemos varias economías nacionales con intereses claros en aumentar y diversificar el pool de desarrolladores. Tenemos también una oleada de problemas “del primer mundo” y soluciones extraídas de la sociedad estadounidense que están siendo importadas prácticamente sin espíritu crítico por colectivos interesados como son políticos (votadme mujeres de 18 a 35 años), empresas de eventos (mujeres, venid a mi evento de pago) y empresas/profesionales de formación (hágase rica programando con mi curso). Sobre la formación además parece que estamos ante una burbuja.
Y por último tenemos a los desarrolladores sin distinción de sexo o edad, que parece que tenemos un incentivo económico para NO aumentar el pool de desarrolladores. Con ello algunos esperan conseguir sueldos un poco más altos (acordes a lo que esperaríamos en otras economías del entorno) o al menos evitar despidos como los de HP por poner un ejemplo. Este último caso deja claro que no hay escasez real de mano de obra técnica, sino de mano de obra barata.

Todo esto debería dar bastante que pensar y hace que me plantee decenas de preguntas. Tantas que he desistido de intentar articularlas o mencionarlas aquí con idea de centrarme en la más importante.

¿Qué problema queremos resolver realmente?

O a nivel más personal y concreto ¿cómo va a hacer más felices a mi mujer y a mi hija el aumento de mujeres desarrollando software?

A la primera pregunta la única respuesta evidente es que queremos abaratar costes a empresas (no a autónomos, ojo). Por favor, si alguien tiene otra, que me la diga, porque yo no soy capaz de dar una alternativa.

A la segunda pregunta no parece que aumentar el número de mujeres desarrollando vaya a tener un efecto beneficioso sobre el futuro de mi hija. A priori, siendo mujer te puede ir mejor si está dispuesta a aprovecharte del sistema y de los sesgos (leyes, micromachismos) aunque imagino (que no veo) que puede tener sus ventajas aumentar el número. Pensando en efectos secundarios lo que veo es un escenario de sueldos peores y mayor competencia, por lo que estaríamos ante la típica carrera hacia el abismo.

Así que, aunque me parece normal y deseable que grandes empresas se envuelvan en la bandera de la inclusión para mejorar ingresos, yo no veo ningún incentivo para que los trabajadores apoyen iniciativas de este tipo, fuera de los sectores de formación, organización de eventos y política (que no es poco). E incluso yendo más allá y reconectando con el tema que abría este post, me pregunto si tienen sentido los eventos técnicos presenciales a día de hoy o si deberían cambiarse a un formato más inclusivo para todos como es el remoto vía Hangouts y similares. Quizá las hololens y otras tecnologías puedan aliviar a eso y permitir que las minorías que no pueden o no quieren viajar a los eventos, formen parte de estos.

Para terminar este artículo, me gustaría dar algo de visibilidad a la iniciativa de Codemotion y a Isabel Cabezas para que aquellas mujeres que quieran dar una charla sepan que son bienvenidas en el Codemotion 2017. Yo por mi parte intentaré organizar una mesa redonda en el Meetup que hacemos regularmente en Toledo, acerca de la inclusión de niños (tenemos padres y tíos) y mujeres (no se animan a venir) en el mundo de desarrollo software.

PD: he tenido que reescribir este artículo tantas veces, para evitar problemas, no dispersarme demasiado y hacerlo digerible, que casi voy a tener que coger unas vacaciones en cuanto lo publique.

Tres años sin dormir. Un viaje por los suburbios de Morfeo

Advertencia: Esto no es un consultorio médico, ni una queja. Solo quiero que, si alguien está teniendo problemas de sueño o conoce a quien los tenga, sepa qué puede esperar y trate de poner remedio a la situación.

 

Por diversas razones he pasado tres años durmiendo mal. Muy mal. Con semanas horribles, intercaladas con noches simplemente malas e irregulares y cortos periodos de buen descanso. Y es tras esas noches de sueño de verdad, donde he ido pensando sobre el tema y analizando sus efectos.

En este periplo por los suburbios de Morfeo he aprendido (afortunadamente solo algunos casos de primera mano) que la falta de sueño tiene efectos curiosos que varían de persona en persona y que dependen de la causa del problema. Y creo que hablar de ello podría ayudar en unos meses a alguien más. O eso espero.

Problemas y Efectos

Entre las causas que afectan al sueño y que he tenido ocasión de padecer u observar, tenemos la siguiente lista, sin ningún orden específico:

  1. Ruidos fuertes. Provocados por bebés, enfermos o fiestas cercanas.
  2. Pesadillas. Provocadas por problemas personales, estrés, cenas pesadas…
  3. Problemas digestivos e intoxicaciones. Provocadas por cenas pesadas, alcohol…
  4. Apnea y ronquidos. Provocados por razones anatómicas y de postura al dormir.
  5. Dermatitis y alergias. Picores muy intensos que producen micro-despertares o dificultad para conciliar el sueño.
  6. Calor. Ya sea por razones ambientales, fiebre, exceso de ropa o compañías de cama (bebés).
  7. Dolor intenso. Lumbalgias, enfermedades de garganta, calambres…
  8. Síndrome de piernas inquietas. Visto en televisión
  9. Excitantes. Cafeína principalmente, pero también algunas infusiones variadas y especias.

Y en cuanto a los efectos de la falta de sueño o descanso adecuado, puedo enumerar los siguientes, de nuevo sin un orden específico:

  1. Fatiga mental. Dificultad para entender, hacerse entender y resolver problemas o realizar acciones como cocinar, conducir…
  2. Alucinaciones auditivas. Esto parece que solo se produce cuando llevas muchas horas despierto y se traduce en ruidos, nada de voces ni cosas raras.
  3. Paranoia leve. O dicho de otro modo: añade una capa de “lo hace a posta” o “está tratando de joderme” a cualquier contexto.
  4. Mal humor. No tengo claro si es un efecto de la ausencia de sueño o derivado de la fatiga, por ejemplo.
  5. Problemas de concentración. De nuevo puede ser un efecto derivado de otro, pero siempre está presente.
  6. Alteraciones del apetito. Quizá relacionado con las hormonas que se liberan e inhiben durante el sueño.
  7. Estrés. Derivado o no, siempre está presente.
  8. Problemas de memoria. Quizá por ausencia de fases de sueño (REM…) tanto como por la falta de atención.

Como puede verse, la falta de buen sueño, tiene efectos no tan evidentes para quien solo ha tenido un par de malas noches.

Memoria y Acronía

De la lista anterior, el efecto que más me ha llamado la atención es sin duda el último: los problemas de memoria. Y es que la imposibilidad para formar nuevos recuerdos debido a la falta de descanso adecuado da una sensación de contracción (o dilatación, según se mire) temporal: las 2 semanas anteriores son “ayer” o “hace meses” indistintamente. Es una sensación rara y desorientadora, que quizá tenga un nombre pero a veces llamo “presente eterno” o (incorrectamente) “acronía” ya que no sabría cómo llamar a que todo parezca haber sucedido muy recientemente o por el contrario, haber sucedido mucho, mucho tiempo atrás. En resumen, la percepción del paso del tiempo se vuelve inestable.

Efecto dominó hacia el desastre

Al margen de los efectos directos creo útil, para quien lo padece y su entorno, entender que todos estos efectos van interrelacionados unos con otros, potenciándose entre sí y generando problemas nuevos de carácter social (por ejemplo discusiones) o físicos (accidentes, lesiones).

Una cadena de elementos interrelacionados podría ser esta: la fatiga mental lleva a rendir menos, lo que desemboca en un poco más de estrés, que empeora el humor y que produce una preocupación mayor. Si además añadimos un poco de dificultad para recordar y una pizca de paranoia podemos empezar a tomarnos cualquier tontería a lo grande y hacerlo de manera personal, cuando en realidad hay poco o nada sobre lo que quejarse.

Entorno e incomprensión

La gente que no conoce el problema, es decir gente sin apenas problemas de sueño o que nos son conscientes de tenerlos (como quienes sufren apnea o síndrome de piernas inquietas) pueden mostrarse según mi experiencia bastante escépticos acerca de estos problemas y sus efectos, o tienden a minimizar los problemas de los demás al haber experimentado solo una muestra pequeña. Pero eso no hace que el problema sea menos grave. Lo que es peor, el que la gente que te rodea no valore el problema es un problema en sí mismo, al producir un sentimiento de incomprensión en la víctima o enfermo, que ve como además de sufrir su problema, es culpable de encontrarse mal y contarlo. Me recuerda a esas víctimas de un crimen a las que no solo no se ayuda, sino a las que se castiga por denunciarlo o se las señala como el origen del problema.

Así que esperando (cruzo dedos y pongo medios) haber dado por terminado este episodio de mi vida, solo quiero dejar constancia de estos pensamientos y opiniones por si alguien más se encuentra en situación similar. Al fin y al cabo, lo más importante para arreglar un problema es precisamente reconocer el problema y en algunos casos esto es lo más difícil.

Suerte y dulces sueños.

Libro: Yo tengo razón y tú no, ¿y ahora qué?

 

Título: Yo tengo razón y tú no, ¿y ahora qué?

Autor: Xavier Amador

Editorial: Zenith

 

Tengo sentimientos encontrados respecto a este libro. Normalmente, al leer a un psicólogo hablando acerca de cómo funcionamos los seres humanos, considero hallarme ante una forma de entendernos, algo constructivo, algo bueno… pero con este libro no puedo dejar de ver una especie de técnica de venta o negociación, una herramienta de manipulación moralmente agnóstica, que permite su uso en cualquier situación y sobre cualquier sujeto.

El LEAP

El caso es que este libro describe el LEAP (Listen, Empatize, Agree, Partner method, traducido como Escuchar, empatizar, ponerse de acuerdo, colaborar) y cómo se aplica en casi cualquier ocasión en la que una relación entre dos o más personas (trabajo, padres e hijos, camareros, policías, enfermos…) llega a lo que el autor llama impasse o punto muerto. Esencialmente lo que describe es el uso coordinado de diversas técnicas, principalmente:

Escucha activa: callarse, hacer preguntas y en resumen estar atento a lo que dice la otra persona sin tratar de imponer nada.

Reflejo de lo que dice la otra parte: Evitar añadir nada a lo que dice la otra parte. Ni peros, ni críticas, ni sarcasmo. Ser aséptico.

Dilación de la respuesta: Evitar responder a las preguntas del interlocutor para, 1) no provocar otra escalada del conflicto al ponerle a la defensiva 2) mostrar respeto 3) darle sensación de control 4) acrecentar su interés por nuestra opinión.

Petición de perdón: Es una manera de rebajar la tensión.

Empatía: Establecer un vínculo emocional con la que la otra parte pueda sentirse comprendida y nosotros podamos tratar de ponernos en su lugar.

Los ejemplos y el abuso

Puede que el abundante uso de ejemplos que utiliza el autor juegue, por un lado a favor, dado que refleja multitud de situaciones comunes ante las cuales me he encontrado yo mismo. Pero esa misma profusión de ejemplos provoca la impresión de que estamos ante una técnica, un guion, una herramienta de manipulación. En cada historia, se usan las mismas palabras, el mismo desarrollo, la misma estructura… y siempre son los buenos quienes usan el LEAP para una buena causa (ayudar a una anorexia, a un alcohólico, un aumento merecido, negociar con hijos descarriados, etc…). Todo eso hace que las historias acaben sonando falsas, y que omitan la posibilidad de usar la técnica para el mal. De hecho es algo que ni se contempla en el libro, cosa que me preocupa aún más.

Por otra parte, el autor comenta que hay que dar y apreciar a la otra persona, pero pasa de puntillas por el hecho de que existen personas que no van a dar nada a cambio. Seres egoístas o trastornados con los que lo único que conseguiremos será ceder y perder sin obtener nada a cambio, por lo que la técnica, usada de buena fe, puede ser un problema.

Recomendable pero no imprescindible

Aun así, creo que es un libro que debo recomendar, ya que me ha recordado lo que es la escucha activa y me incita a tratar de hablar menos y escuchar más. Cosas importantes, sin duda, en las relaciones día a día.

Por último, creo también justo decir, que no se trata de una técnica radical o moderna, sino que se trata de un compendio de elementos conocidos como la escucha activa, el sentimiento de deuda, la dilación en las respuestas… que juntos y aplicados tal y como establece el LEAP, pueden, ser útiles en nuestras relaciones o a vendemotos. Supongo que esto último era inevitable.

Citas

 

Los siete hábitos para una pelea sana

  1. Deja de insistir en que tienes razón.
  2. No insultes ni emplees términos ofensivos.
  3. Elige el momento adecuado.
  4. Nunca emplees formas absolutas.
  5. No lo mezcles todo.
  6. Escucha sin defenderte.
  7. Refleja lo que has oído.

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Cuando te encuentras inmerso en un impasse y estás furioso, puedes probar a hacer las cosas de otra manera, como éstas:

  • Respira
  • Sal
  • Piensa

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Cuando te sientes frustrado y te empecinas en querer que tu adversario levante la bandera blanca, o éste te acusa de estar equivocado, recuerda respirar hondo, lentamente, desde el abdomen y expulsando todo el aire. Hazlo dos o tres veces, y verás cómo te ayuda. La otra persona ni siquiera notará que lo haces, porque también estará cegada por la furia.

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[Acerca de dejar de buscar la razón y centrarse en el objetivo real] ¿Qué es lo que realmente necesito? -¿Quieres que tu hijo acepte que la verdura es buena para él o quieres que se la coma? ¿Quieres que el fontanero admita que te ha instalado mal el lavaplatos o quieres que lo arregle? ¿Quieres hacer la venta o quieres que tu cliente acepte que el producto de la competencia es peor? ¿Quieres que tu jefe reconozca que eres el miembro con más talento del equipo o quieres que te suba el sueldo y te dé más vacaciones? Creo que ya lo captas. Lo que deberías hacer en vez de centrarte en que tienes razón es dejar de darte golpes contra la pared como un juguete de cuerda […] dar un paso atrás e identificar tu auténtico objetivo.

Ganar no es oír decir a la otra persona “tienes razón”; es conseguir que acepte actuar de tal forma que tú logres lo que realmente necesitas, incluso si no están de acuerdo contigo. De hecho, resulta evidente que si llega a estar de acuerdo contigo o no es irrelevante.

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Escuchar reflexivamente requiere que el que escucha también hable, o más concretamente, que haga preguntas. El único objetivo de escuchar reflexivamente es que el que escucha entienda lo que la otra persona está tratando de decir y luego se lo refleje sin comentarios o controversias, transmitiéndole lo que ha entendido. Es un proceso activo en el que tu papel al escuchar es hacer saber al otro que estás tratando de entenderle bien. En este proceso, necesitas hacer preguntas para confirmar
que lo que tú crees que la otra persona está diciendo es realmente lo que pretende decir.

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Realmente, aprender el LEAP es aprender a prestar atención, a darte cuenta de si estás demasiado a la defensiva o enfadado para tener una interacción productiva con otra persona. Si lo estás, siempre causarás daño.

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Cuando tengas un desencuentro con alguien, no temas dejar de dar tu opinión y empezar a escuchar. Siente curiosidad por la perspectiva de la otra persona y lo que quiere. […] Un pensamiento final, muy importante, que quiero compartir: la razón por la que el LEAP le ha funcionado a tanta gente en tan diferentes situaciones es porque se centra en la relación, no en el resultado. Con una relación sana, respetuosa y de confianza, no hay impasse irresoluble. Así que no pierdas de vista el premio: la relación.

Libro: Bajo presión

Título: Bajo presión. Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente.

Editorial: RBA

El título es algo engañoso. Honoré no nos va a decir como educar a nuestros hijos, aunque si hacemos caso a lo que cuenta, esa era su intención al iniciar la escritura de este libro.  Lo que sí hace Honoré es buscar y descubrir formas de educar a los niños, analizar qué parece funcionar y qué no, o incluso qué puede ser dañino. Y ya es bastante.

Puede que para algunos padres o interesados en el tema, esta obra sea algo novedoso, pero me temo que a mi me pilla un poco tarde. Ya creo (porque hablar de “saber” me parece absurdo venga de quien venga cuando hablamos de educación) que la educación es algo tremendamente complejo, con muchos intereses cruzados y opuestos de las comunidades de padres, profesores, editores, políticos… Entiendo que extraer conclusiones es terriblemente difícil dado que la educación es algo que abarca décadas, y también entiendo que la estadística solo funciona con números grandes, nunca con individuos. Así que gran parte de lo interesante del libro, me pilla un tanto de vuelta. Aun así está bien para reafirmarse, para ver como cosas que crees, son respaldadas por alguien con datos y mejor defendidas de lo que podría hacer uno mismo. Y es agradable ver durante el periplo de Honoré, que hay muchas iniciativas en marcha en el mundo para mejorar la educación y reducir la locura en la que se han convertido muchas sociedades y sistemas educativos.

Lectura altamente indicada para padres, educadores y personas relacionadas o interesadas con la formación y la educación pública y privada.

A continuación, algunos extractos:

Marilee Jones, ex docente a cargo de las admisiones en el MIT, observó que el campus había perdido parte de su brillo creativo. Concluyó que el proceso de admisión estaba descartando a los inconformistas, a las personas del estilo de Bill Gates, los rebeldes que persiguen una idea por sí misma en vez de complacer a los padres o a los posibles jefes.

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Tal vez lo más sorprendente sea que los exámenes no constituyen ninguna prioridad en Finlandia. Aparte de los exámenes finales al término del instituto, los niños finlandeses no se enfrentan a exámenes estándar. Los profesores los ponen pruebas en sus respectivas áreas, y las escuelas comprueban la evolución de los alumnos, pero la idea de empollar para las pruebas de acceso a la universidad es tan ajena a Finlandia como una ola de calor en invierno. Ello plantea una deliciosa ironía: el país que pone menos énfasis en la competencia y los exámenes, que  muestra un menor interés por las escuelas preparatorias y las clases particulares, es siempre el primero del mundo en los competitivos exámenes de PISA.

Según Domisch Rainer, experto en educación alemán que ha vivido casi treinta años en Finlandia, esta paradoja se debe a que el sistema finlandés antepone las necesidades de los niños a los ambiciosos deseos de padres y burócratas.

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Logramos buenos resultados generales porque atendemos a todos los estudiantes – dice Kassinen. La clave es que los chicos de todas las capacidades estén juntos en la misma clase: al fin y al cabo, así es la sociedad.

Los informes de la OCDE lo confirman: en los países que evitan la división de alumnos según sus aptitudes, hay mejores estudiantes.

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Los maestros de escuela fineses tienen una tendencia excesiva al método de instrucción tradicional de pizarra y lección. Es extraño, si tenemos en cuenta su afición a la tecnología, pero los finlandeses tampoco se han apresurado a informatizar sus aulas.

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Tal vez la lección más amplia es que no hay una fórmula mágica para mantener a los niños controlados, ni hace falta que la haya. Sólo hay que pensarlo un momento: ¿hay algo más espeluznante que un niño que se comporte de modo impecable en todo momento? ¿O una familia que nunca se pelee? Rebelarse contra la autoridad forma parte del crecimiento –todos lo sabemos instintivamente- y el conflicto es un rasgo de la vida familiar. Tal vez no resulte agradable que los niños estén enfurruñados, den portazos o digan entre dientes “Te odio”, pero eso es parte del trato paterno filial.

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Después de que los románticos entronizaran la idea de la inocencia infantil, el miedo a la corrupción no cesó de intensificarse. Los críticos advirtieron que leer cómics estimularía en exceso a los jóvenes y los llevaría a cometer crímenes y actos disolutos. Otros temían que el trabajo en las fábricas de la Revolución Industrial mancillaran moralmente a los niños, lo que motivó que algunos jefes contrataran a monjas o enfermeras para tranquilizarse la conciencia. Como todos los demás miedos sobre la infancia, el temor a la corrupción aumentó en el siglo XX, y se amplió hasta abarcarlo todo, desde la música rock a tiendas de regalos.

Esto nos muestra una de las paradojas más curiosas de la infancia moderna: hoy, al mismo tiempo que nos inquieta nuestra pérdida de inocencia, permitimos, incluso alentamos, que los niños se mojen cada vez más temprano los dedos en la piscina adulta. En parte se debe a nuestro deseo de acercarnos a los hijos, de fortalecer el estatus de “mejor amigo”. Al fin y al cabo, nada une más a dos personas que un pasatiempo compartido. Sólo hay que oír cómo deliran algunas madres sobre hacer limpiezas de cutis y pedicura a sus hijas de nueve años.

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Claro está que el papel de los padres sólo es una parte de la ecuación. Más allá de la familia, debemos replantear las normas que gobiernan todo lo tocante a las vidas de los niños: escuela, publicidad, juguetes, deportes, tecnología, tráfico. Eso implica aceptar algunas verdades incómodas: que los coches deben ocupar menos espacio en nuestras calles, que gran parte del mejor aprendizaje no puede medirse, que los chismes electrónicos no pueden reemplazar algunas cosas, que la medicación debe ser el último recurso ante un comportamiento difícil, que nuestra adicción colectiva al consumo debe acabar.