Libro: El código del dinero

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Libro: El código del dinero

Autor: Raimon Samsó

Editorial: Ediciones Obelisco

Apunté este libro en mi lista de lectura tras la recomendación que hizo del mismo Andrés Pérez en su blog Marca Propia. Al acabarlo tengo sentimientos encontrados y aunque me parece muy útil, me siento manipulado. Si tuviese que compararlo a otro libro (de autoayuda o crecimiento personal, claro) sería el de Dejar de fumar es fácil si sabes cómo: manipulador, efectivo para quienes ya están convencidos y un gran negocio para su autor y editorial (más de 50 ediciones). Todos ganamos.

La primera parte del libro es brainwashing puro, pero necesario para conseguir el estado mental adecuado que permite asimilar el resto del contenido y cuyo objetivo declarado es que podemos montar nuestros propios negocios para alcanzar la libertad y felicidad. Y que necesitamos hacerlo cuanto antes.

La segunda parte es un conjunto de buenos y estructurados consejos para emprendedores. Algo parecido a El arte de empezar de Guy Kawasaky, y la parte más práctica con diferencia, aunque esté mezclados con algo de coaching/manipulación y auto-venta. Acaba dejando un buen sabor de boca y con muchas ganas de empezar a trabajar en construir un mejor futuro.

Quienes hemos visto como es la vida del profesional autónomo o de los pequeños negocios, sabemos que es necesario una actitud diferente a la estándar (la de funcionario, búsqueda de salario fijo, etc.) y gran cantidad de sacrificio. No todo el mundo está hecho para esa vida a lo pastilla roja de Matrix: libre y con una misión. Este libro puede ayudar a quienes estén dándole vueltas a dar el salto, pero será una pérdida de tiempo para quienes solo quieran estabilidad y seguridad.

Como nota curiosa del libro, es de agradecer que el propio autor menciona muchos consejos que él mismo toma (pueden comprobarse, no son “historias”), demostrando así que no se trata de un conjunto de ideas vacías, sino que al menos en su propio caso funcionan.

A continuación, algunos extractos del libro, aunque recomendaría leerlo en orden de principio a fin y dejo fuera propuestas prácticas algo más elaboradas por ser demasiado extensas para encajar como extracto.

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No importa a qué te dediques, producción o servicios, manual o intelectual, tu trabajo tarde o temprano se virtualizará, automatizará  o se subcontratará en donde cueste menos y se haga mejor. […] ¿Quién ganará más con todo esto? No te equivoques, no son las empresas, son también los consumidores (todos nosotros) al disponer de mejores bienes y servicios, a mejor precio.

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Los sistemas educativos estimulan a estudiar para tener un empleo, pero la buena formación financiera enseña a no necesitar un empleo.

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Tratar de evitar, o ignorar, los problemas financieros equivale a mantenerlos, porque los problemas no se resuelven por sí mismos.

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El buen inversionista invierte más tiempo que dinero. El mal inversionista sólo invierte dinero y poco tiempo en averiguar qué está comprando. Siempre me ha llamado la atención lo rápido que las personas colocan el dinero que tanto tiempo les costó ganar en lo que desconocen. Invierte más tiempo en aprender a invertir, e invierte menos dinero.

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Me encuentro con personas desajustadas con sus metas: desean un efecto pero detestan la causa [el precio y esfuerzo a pagar]. Como están desalineadas, no consiguen sus deseos y se sorprenden cuando afirmo que “querer” algo no sirve de nada, lo que vale es la acción disciplinada. Y lo que no vale es decirse “Bueno, ya lo haré algún día” porque ese día nunca llega.

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Cuanto mayor valor entregues, mejor te irá y menos le importará a tu empleador o cliente el precio que les pidas.
Si simplificas las cosas que para la gente son complejas, te ganarás muy bien la vida. Vamos, “harás dinero”. La regla es muy clara: entrega valor masivamente. ¿Hay algo nuevo en ello? ¡Nada! Y aun así suena a nuevo. […] Hay excepciones, claro, puede que sí entreguen un gran valor a la empresa y a los clientes pero que no sean justamente correspondidos, en ese caso no se están entregando a sí mismos suficiente valor porque no se dan la oportunidad de trabajar en otro lugar.

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Pregúntate (cada semana): ¿Qué puedo hacer para que mi producto o servicio sirva a más personas?
Tómate tiempo (cada mes) para pensar cómo puedes servir a diez veces más personas de las que atiendes en la actualidad (ya sea en tu empleo o en tu negocio). Cuando lo consigas, tu valor (como empleado o como profesional independiente) se habrá multiplicado.
Pregúntate (cada año): ¿Qué nuevo producto o servicio puedo suministrar que añada un valor masivo al mercado? Es de principiantes crear una oferta y después buscar su demanda, en el supuesto de que exista. Es empezar la casa por el tejado. No caigas en ese error. Sal ahí fuera y averigua qué problemas puedes resolver, o cómo podrías mejorar la vida de las personas en algún aspecto, y luego elabora tu propuesta.

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Me gustan las paradojas porque son el principio del cambio de paradigma. He aquí las tres paradojas del emprendedor:
1.- Para ganar dinero, olvida el dinero: céntrate en servir.
2.- Para triunfar, olvida triunfar: céntrate en disfrutar.
3.- Para actuar, olvida el resultado: céntrate en el proceso.

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¿Resultados o tareas? Yo lo tengo claro, ¿y tú? El emprendedor, el bueno al menos, no busca estar ocupado, persigue resultados. […] Por ejemplo, yo no escribí un libro (tarea), construí un best seller (resultado). ¿Ves la diferencia entre tareas y resultados? Ahora, sustituye las tareas de tu agenda por resultados (o al menos anótalos al lado de cada tarea) y verás cómo aumenta tu eficiencia.
Los resultados son importantes, las tareas suelen ser urgentes aunque no necesariamente importantes.

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Los nombres son importantes

Los nombres son importantes” decía Publio Cornelio Escipión, general romano con imperium en Hispania durante la Segunda Guerra Púnica iniciada por Aníbal Barca, según narraba Santiago Posteguillo en Las Legiones Malditas.
También los egipcios en la antigüedad creían en el poder de los nombres. Pensaban que conocer el poder de una cosa te da poder sobre ella y por tanto es un tema recurrente en la mitología egipcia (el nombre secreto de Ra) o visible en su propia escritura como descubrió Champollion al deducir que rodeaban acotando con líneas los nombres propios en sus jeroglíficos. Y como no podría ser de otra manera teniendo en cuenta el pasado común, los hebreos recurren a la religión y el mito (el Golem y el nombre de Yahvé escrito en su frente) para evidenciar la importancia del nombre.

Los nombres son importantes”, decía un jefe que tuve en cierta empresa. Y por ello trataba de seleccionar con cuidado el nombre de las partes que componían una aplicación y de la aplicación (codename que dicen en Microsoft) en si misma. Algo poco ortodoxo, pero curioso y útil.

Hay que ponerle un buen nombre” decimos ahora cuando creamos un detergente con Megaperls o una crema con Hidroactive, pero al final todo se basa en lo mismo:

El nombre que damos a algo, condiciona nuestra percepción de ese algo.

Programador” y “programación” recuerdan demasiado a la columna de programas de televisión de una cadena local, como para que se tome en serio el trabajo que realiza un informático escribiendo código, y la propia palabra “informático” está completamente desprestigiada debido a su abuso para todo (“fallo informático”, redes informáticas, aplicaciones informáticas, sistemas informáticos de vuelo, informática doméstica, juegos informáticos…).
Analista” suena mejor, ya que probablemente lo relacionamos con el análisis financiero, el dinero, Wall Street y demás cosas “grandes” y “serias”.
Supongo que de ahí mi preferencia (como consultor, analista y programador) de llamar al analista y programador informático, “desarrollador”, que indica algo más interesante que programar y sugiere que las aplicaciones no se piensan, escriben, prueban e implementan solas de la noche a la mañana y que requieren de cierto rodaje. Aunque me sigue pareciendo una palabra insuficiente.
También parece que este tema de la importancia de los nombres tiene mucho que ver con la aparición de términos cuanto menos curiosos en el mundo del software, tales como “arquitecto de software”, “CEO de start up”, o similares, aunque en mi opinión se debe más al marketing y las ganas de darse aires que a un intento de comunicación real con el cliente.
En cualquier caso los nombres son importantes y no es lo mismo echar horas y ganas a una actividad con un buen nombre que a una actividad que suena a viejo y aburrido.

PD: Supongo que Shakespeare no estaría de acuerdo con esta entrada, pero el no vivía en la Era de las Comunicaciones.

Libro: Reglas para revolucionarios

Título: Reglas para revolucionarios
Autor: Guy Kawasaki
Editorial: Martínez Roca

Este libro lo empecé motivado por la buena sensación que me transmitió Kawasaki en “El arte de empezar“. Se trata de una obra anterior del mismo autor, tan anterior como que la separan 6 años en la edición española. Todo un abismo en cuestión de tecnología, pero que a nivel de marketing y de proyectos empresariales son apenas un suspiro.
El espíritu de ambos libros es esencialmente el mismo: transmitir la experiencia de Kawasaki en sus diferentes empleos de responsable de marketing y en su faceta de empresario. Aunque posiblemente debido al tiempo transcurrido, se nota que este libro está peor estructurado, abusa de historias ajenas y resulta más disperso y “agitador publicitario” por lo que aunque útil, diría que se trata de una obra peor, o como podría decir el propio Kawasaki, un prototipo o versión inicial, aunque también útil para emprendedores, autónomos o cualquiera que forme parte de un proyecto empresarial, especialmente (que no exclusivamente) de perfil PYME y del ramo de la publicidad o ventas.
En resumidas cuentas se podría decir que este libro está más orientado a ilusionar y vender que “El arte de empezar” y como en este último, hay tanta información que sería injusto hablar más sobre el mismo y resulta mucho más práctico citarlo o directamente leerlo. Allá voy:

“Es un modelo agotado […] el típico trabajo de oficina donde el empleado está atado, no puede crear, no puede sentirse protagonista de nada y no es productivo porque termina aprendiendo todos los vicios habituales para no hacer nada. No puedes pasarte quince años de tu vida viendo la misma cafetera, yendo al mismo lavabo y teniendo los mismo compañeros. En realidad, como trabajador tienes una vida útil de unos dos años para una empresa, antes de adoptar todos los vicios de la rutina. Por eso es positivo trabajar por proyectos, porque siempre sientes el desafío, la novedad”. De paso, es una forma de tomar las riendas de la propia carrera profesional, que no queda en manos de un empleador que tome la decisión de ascender o no a un empleado, sino en las del trabajador mismo, que decide en qué proyectos se involucra de acuerdo con sus expectativas e intereses.

[Sobre un estudio de mercado sobre el radiocasete portátil MovingSound] En las dinámicas de grupo la inmensa mayoría de los adolescentes se decantó por el amarillo. Finalizada la evaluación, Philips agradeció su participación regalándoles un MovingSound. En el exterior de la sala de pruebas colocaron una pila de radiocasetes amarillos y otra de negros. Casi todos los adolescentes se llevaron un aparato negro.
Se trata de un excelente ejemplo del siguiente principio: “No preguntes, limítate a observar”.

¿Alguna vez has visto el informe de un consultor en el que recomendara soluciones ajenas a su campo de experiencia?

Richard Feynman explica la célebre anécdota de cómo llevó a cabo su investigación de la explosión del Challenger. Se reunió con los técnicos que se ocuparon del transbordador mientras el resto del comité investigador recibía información desinfectada y servida en bandeja de manos de los encargados del proyecto.

Si se quejan, los clientes siguen dispuestos a seguir tratando contigo. Cuando dejan de quejarse debes empezar a preocuparte.

Libro: El arte de empezar

Titulo: El arte de empezar. El libro para emprendedores más útil escrito hasta la fecha.
Autor: Guy Kawasaki
Editorial: Ilustrae

He tardado meses en hacer esta review, en parte por la misma estructura no lineal del libro, que te lleva a saltar de un capítulo a otro sin respetar la estructura clásica, y en parte por una serie de temas que me ocuparon durante su lectura y me obligaron a interrumpirla en diversas ocasiones.

Finalmente, conseguí darlo por terminado y puedo decir que se trata de una obra ligera, práctica y muy curiosa, orientada a ayudar principalmente a emprendedores y autónomos que desean comenzar un proyecto, aunque muchos de los consejos son aplicables a otras áreas de la vida.

Guy Kawasaki es un tipo de la mítica Apple de 1984 que se dedicaba a evangelizar sobre sus productos como parte del área de marketing, y que a día de hoy parece vivir sobre todo de escribir cuanto aprende a base de éxitos y fracasos en sus diferentes empresas, por lo que cualquiera que vaya a tomar este libro como una biblia o guía paso a paso, se llevará un chasco. Es un libro donde Kawasaki destila sus experiencias y procura señalar lo positivo y lo negativo a modo de consejo, pero nunca ex cátedra. Lo mejor es que estructura muy bien el libro para que se puedan leer las partes que más nos interesen en cada momento y que la estructura del mismo no obliga a leerlo entero antes de poder aplicarlo.

Recomendable para cualquiera interesado en montar negocios, conocer como funciona la realidad o ver por donde se mueven las tendencias emprendedoras en tecnología.

He visto que hay un resumen del libro en Resumido.com aunque al no tener un argumento central, sino montones de consejos, recomiendo leer el libro.

En cualquier caso, ahí van un par de extractos, que debido a la variedad de temas que toca y a que todos me resultan interesantes, van a ser mas o menos aleatorias:

Steve Jobs tiene un dicho según el cual los jugadores de clase A contratan a jugadores de clase A; los jugadores de Clase B contratan a jugadores de clase C y los jugadores de clase C contratan a jugadores de clase D. Con esta dinámica, no se tarda mucho en acabar teniendo jugadores de clase Z. Este proceso de filtración causa un aumento desproporcionado de ineptos en las empresas. Si hay algo que tiene que hacer un Director Ejecutivo es contratar un equipo de dirección mejor que él mismo. Si hay algo que tiene que hacer el equipo de dirección es contratar a empleados mejores que ellos mismos. Para que esto suceda, el Director Ejecutivo (y el equipo directivo) necesitan tener dos cualidades. La primera es la humildad de admitir que algunas personas pueden realizar una función concreta mejor de lo que lo pueden hacer ellos. La segunda, una vez que lo hayan admitido, es confiar en si mismos tanto como para contratar a esas personas.
Admito que hacer un llamamiento para que los directivos contraten jugadores de clase A no es una gran revelación, pero sigue habiendo muchas organizaciones llenas de ineptos. Esto ocurre porque la mayoría de gente no sigue este principio y porque resulta muy difícil cribar a los ineptos.

SIGUE LA REGLA DEL 10/20/30
Nunca he oído que una presentación que fuera demasiado corta. Una presentación no puede ser demasiado corta porque, si es buena, conseguirá que los oyentes hagan preguntas y la alarguen. He aquí una buena pauta en cuanto al contenido, longitud y fuente de texto de una buena presentación:
• Diez diapositivas.
• Veinte minutos.
• Treinta puntos de fuente para el texto.

Libro: No pienses en un elefante

Título: No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político.
Autor: George Lakoff
Editorial: Complutense

En mi opinión este libro es un manual de comunicación para demócratas estadounidenses que probablemente han leido y copiado con adaptaciones (pocas y de ahí las contínuas referencias a Bush y Obama actualmente desde Ferraz) en el PSOE.

Al principio el autor proclama la posibilidad de su uso como libro teórico para apoyar tanto la causa republicana tanto como la demócrata pero eso queda desmentido a lo largo de sus páginas con el inconfundibe sabor de la verborrea política pseudointelectual ‘progre’ por la que el libro acaba derivando en una pesada diatriba sobre lo malvados y rancios que son los conservadores y lo mal que lo hacen todo excepto maquinar y mentir para robar y ganar elecciones, frente a lo íntegros y buenos que son los progresistas y lo maraviloso y lleno de color y buen rollo que es su mundo donde si les dejasemos gobernar, todos seríamos inmensamente felices.

En cualquier caso a parte de ser (por suerte) un rollo de 174 páginas sin chicha real, contiene un par de ideas útiles sobre psicología y propaganda, nada revolucionario, y que pueden encontrarse desperdigadas en bibliografía sobre marketing, negociación o comunicación tales como el uso de marcos mentales, repetir ideas a lo lago del tiempo de manera constante, hablar en positivo, etc…

Por lo dicho, no puedo recomendar su lectura a nadie que no sea votante incondicional de izquierdas, o en todo caso a cualquiera que desee entender la estrategia actual del PSOE en España donde prima la forma sobre el contenido. En el primer caso, el contenido seguramente resulte muy interesante, en el segundo soportable.

Productos farmacéuticos, efecto placebo y marca

Hace unos días me encontré con el siguiente anuncio en un periódico.

Teniendo en cuenta que algunos de mis familiares más directos son médicos y algunos amigos mios son farmacéuticos trabajando en farmacéuticas, resulta que conozco algunas prácticas anti-éticas de las farmacéuticas de manera mas o menos fiable, por lo que no pude menos que hacer una foto para poder responder desde este medio al anuncio, y la respuesta a su anuncio, hoy día, es un no rotundo.

Por si alguien desea conocer algo más del tema, le recomiendo leer a Dan Ariely, que como curiosidad, este año ha ganado un premio Ig Nobel (me encantan) precisamente debido a una investigación relacionada con el tema de este post y que demuestra que medicamentos falsos caros, son más efectivos que medicamentos falsos baratos. Para más información hay más datos disponibles.