Libro: Nicolás Copérnico, Thomas Digges, Galileo Galilei: Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra

copernico

Título: Nicolás Copérnico, Thomas Digges, Galileo Galilei: Opúsculos sobre el movimiento de la Tierra
Traducción, introducción y notas: Alberto Elena
Editorial: Alianza Editorial

Elegí con nostalgia este libro de entre los de la biblioteca de mi padre, sin saber que una traducción de documentos del siglo XVI y XVII iba a resultarme tan familiar, ya bien entrado el siglo XXI.

El libro, que apenas llega a las 100 páginas, contiene 3 documentos históricos:

  • Breve exposición de sus hipótesis acerca de los movimientos celestes, de Nicolás Copérnico (anterior a 1514).
  • Una perfecta descripción de las esferas celestes, de Thomas Digges (1576).
  • Consideraciones sobre la opinión copernicana, un fragmento de Galileo Galilei (1615).

Evidentemente el libro no contiene ninguna idea nueva sobre astronomía, pues hace tiempo que aceptamos que la Tierra no es el centro del universo (voy a ignorar el terraplanismo que se ha puesto de moda), pero leer estos “papers” antiguos, pre-internet, da una visión de como NO han cambiado las discusiones en los últimos 500 años. Tan solo hemos acelerado y masificado el proceso, con sus pros y contras.

Es curiosos leer al propio Galileo argumentar sobre lo que hoy llamamos cuñadismo, del cual Beatriz Talegón ejemplificó recientemente:

“¿Qué debemos decir, qué importancia hemos de atribuir al estrépito y la palabrería de quien ni siquiera ha examinado los primeros y más elementales principios de estas doctrinas, los cuales probablemente no serían capaces de comprender?”

En cuanto a las otras dos obras, tanto Copérnico como Digges tratan de convencer, el primero desde un enfoque puramente técnico (con datos, cálculos y poniendo todo en contexto), el segundo mediante una argumentación más “para legos”, razonando de forma menos directa.

El resto es historia: la razón acabó por imponerse, aunque con lentitud. Un siglo después del arresto domiciliario y de por vida de Galileo, el Vaticano aceptó (a su manera) el heliocentrismo. Hoy nos toca lidiar con el cambio climático, la homeopatía y las teorías de la conspiración. Poco hemos cambiado.

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