Libro: El demonio de la depresión


Título: El demonio de la depresión.

Autor: Andrew Solomon

Editorial: Ediciones B. Grupo Zeta.

Este libro es brutal. Y debo empezar por recomendarlo.

No sabía muy bien que esperar cuando empecé a leerlo, pero debo advertir que la primera parte es prácticamente el descenso a los infiernos de la mano de un superviviente. Andrew Solomon hace de Cicerón en esta Divina Comedia de la Depresión, comenzando por un abismo insondable a palo seco, y terminando lo más lejos que puede llegarse desde allí: la esperanza. A lo largo de sus algo menos de 600 páginas y con un estilo suave, educado y calmado, describe todo tipo de experiencias, tratamientos, historias personales y detalles sobre la depresión que a día de hoy (y el libro fue escrito en 2001) sigue siendo una gran desconocida a pesar de la libertad con que se recetan medicamentos para el “ánimo”, desde Prozac hasta piruletas de triptófano. Si estás buscando compresión de lo que este síndrome (ya no me atrevo a llamarlo enfermedad), ya sea por motivos personales o como parte de algún trabajo, este es un muy buen producto periodístico y personal al que acudir. Pero solo puedo recomendar la lectura a quienes entiendan que en ningún caso va a ser una lectura agradable y que probablemente requiera de un esfuerzo para continuarlo su lectura además de cierto tiempo para asimilarlo.

Suerte a los que se atrevan a leerlo y todos cuantos aparecen en sus páginas.

Por último, algunas citas para recordar.

“En una ocasión llamé a una de las personas cuyos testimonios forman parte de este libro y empecé la conversación preguntándole cómo se encontraba. << Bien –me dijo-, me duele la espalda, tengo un esguince en el tobillo, los niños están furiosos conmigo, llueve a cántaros, mi gato murió y estoy al borde de la quiebra. Por otro lado, en este momento no manifiesto síntomas psicológicos, así que diría que, dadas las circunstancias, las cosas marchan fabulosamente bien. >>”

“De las sustancias de abuso significativamente perjudiciales, la más común es el alcohol, que puede cumplir una excelente función si lo que se quiere es sofocar el dolor. Si bien beber durante la depresión no es inusual, algunas personas beben menos cuando están deprimidas, a menudo porque saben que el alcohol es un depresivo y que beber en exceso durante la depresión puede exacerbarla seriamente. Mi experiencia es que el alcohol no es en particular cuando existe una depresión pura, pero en cambio sí lo es cuando se experimenta angustia. El problema es que el mismo alcohol que mitiga la angustia tiende a agudizar la depresión, de modo que uno pasa de sentirse tenso y asustado a sentirse desolado e inútil, lo cual sin duda, no es una mejoría.”

“Joel P. Smith, un hombre de Wisconsin que ha sobrevivido a múltiples intentos de suicidio, me escribió: << Estoy solo. Una proporción muy grande de las personas deprimidas que conozco están más o menos solas, porque han perdido sus trabajos y han agotado a sus familiares y amigos. Comienzo a sentir impulsos suicidas. Mi guardián más seguro –es decir, yo mismo- no ha abandonado su puesto, pero, y eso es mucho más peligroso, se ha convertido en abogado y agente de la destrucción. >>”

 

 

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