Libro: La historia del mundo en 100 objetos


Título: La historia del mundo en 100 objetos.

Autor: Neil MacGregor

Editorial: Debate

Este libro es una auténtica joya de las que a pesar de sus poco más de 700 páginas, merece la pena tener en papel, visible y a mano. Basado en la serie radiofónica de la BBC de nombre similar, recorre la historia de la humanidad desde sus inicios hasta el presente, usando los objetos del Museo Británico como partida, nexo y excusa de 100 magistrales lecciones de historia universal. En su mayoría, se trata de objetos que no recibirían 2 miradas en una visita a un museo, pero en la narración de MacGregor se convierten en embajadores y testigos de la Historia, con mayúscula y nunca jamás puedes volver a verlos de otro modo.

Si te gusta la Historia, si NO te gusta la historia pero disfrutas de un buen relato y tanto si tienes mucho tiempo para leer como si no, deberías conseguir una versión digital o en papel de este libro y dedicarle unos pocos minutos a leer al azar las apenas 5 páginas dedicadas a cada objeto. Te enganchará.

En esta ocasión no voy a poner citas, dado que tendría que poner casi un capítulo entero por lo menos y la propia BBC mantiene una copia de los programas según indica la Wikipedia, así que me limitaré a comentar que los artículos sobre el Real de a ocho o el mapa mexicano, les encantará a los interesados en la historia de España.

Libro: El demonio de la depresión


Título: El demonio de la depresión.

Autor: Andrew Solomon

Editorial: Ediciones B. Grupo Zeta.

Este libro es brutal. Y debo empezar por recomendarlo.

No sabía muy bien que esperar cuando empecé a leerlo, pero debo advertir que la primera parte es prácticamente el descenso a los infiernos de la mano de un superviviente. Andrew Solomon hace de Cicerón en esta Divina Comedia de la Depresión, comenzando por un abismo insondable a palo seco, y terminando lo más lejos que puede llegarse desde allí: la esperanza. A lo largo de sus algo menos de 600 páginas y con un estilo suave, educado y calmado, describe todo tipo de experiencias, tratamientos, historias personales y detalles sobre la depresión que a día de hoy (y el libro fue escrito en 2001) sigue siendo una gran desconocida a pesar de la libertad con que se recetan medicamentos para el “ánimo”, desde Prozac hasta piruletas de triptófano. Si estás buscando compresión de lo que este síndrome (ya no me atrevo a llamarlo enfermedad), ya sea por motivos personales o como parte de algún trabajo, este es un muy buen producto periodístico y personal al que acudir. Pero solo puedo recomendar la lectura a quienes entiendan que en ningún caso va a ser una lectura agradable y que probablemente requiera de un esfuerzo para continuarlo su lectura además de cierto tiempo para asimilarlo.

Suerte a los que se atrevan a leerlo y todos cuantos aparecen en sus páginas.

Por último, algunas citas para recordar.

“En una ocasión llamé a una de las personas cuyos testimonios forman parte de este libro y empecé la conversación preguntándole cómo se encontraba. << Bien –me dijo-, me duele la espalda, tengo un esguince en el tobillo, los niños están furiosos conmigo, llueve a cántaros, mi gato murió y estoy al borde de la quiebra. Por otro lado, en este momento no manifiesto síntomas psicológicos, así que diría que, dadas las circunstancias, las cosas marchan fabulosamente bien. >>”

“De las sustancias de abuso significativamente perjudiciales, la más común es el alcohol, que puede cumplir una excelente función si lo que se quiere es sofocar el dolor. Si bien beber durante la depresión no es inusual, algunas personas beben menos cuando están deprimidas, a menudo porque saben que el alcohol es un depresivo y que beber en exceso durante la depresión puede exacerbarla seriamente. Mi experiencia es que el alcohol no es en particular cuando existe una depresión pura, pero en cambio sí lo es cuando se experimenta angustia. El problema es que el mismo alcohol que mitiga la angustia tiende a agudizar la depresión, de modo que uno pasa de sentirse tenso y asustado a sentirse desolado e inútil, lo cual sin duda, no es una mejoría.”

“Joel P. Smith, un hombre de Wisconsin que ha sobrevivido a múltiples intentos de suicidio, me escribió: << Estoy solo. Una proporción muy grande de las personas deprimidas que conozco están más o menos solas, porque han perdido sus trabajos y han agotado a sus familiares y amigos. Comienzo a sentir impulsos suicidas. Mi guardián más seguro –es decir, yo mismo- no ha abandonado su puesto, pero, y eso es mucho más peligroso, se ha convertido en abogado y agente de la destrucción. >>”

 

 

Libro: Gestión de la crisis


Título: Gestión de la crisis.

Autor: N. Augustine, A. Sharma, I. Kesner, N.Craig, R. Thomas, J. Quelch, G. Brenneman, S. Sonnenfeld, S. Wetlaufer, L. Hill, D.Hastings.

Editorial: Deusto

Este libro es un compendio de artículos sobre gestión de crisis en entornos empresariales escritos por diversos autores. Dado que se trata de un libro bastante “añejo” (2006), me temo que no resulta demasiado interesante en la actualidad. Por otro lado, cada uno de los artículos son o bien una entrevista a varias bandas sobre casos ficticios, o bien la historia desde el punto de vista del protagonista, lo cual no ayuda nada a mantener la objetividad de las historias.

En cualquier caso puede resultar interesante leer como los temas de relaciones públicas siguen los mismos principios ahora que entonces. Por último, de entre las historias hay una que me ha resultado particularmente entretenida de leer: “Sin perder un segundo y de un golpe cómo salvamos Continental”, donde Greg Brenneman narra cómo recuerda su gestión en Continental Airlines.

A continuación alguna cita de recuerdo:

“Nadie desea apostar por ti hasta que está seguro de que eres el ganador. Por lo tanto, estás solo con el problema, lo que es una suerte. [Según Simon Peres] una persona sabe que es un líder cuando se da cuenta de que nadie es capaz de responder a sus preguntas. Tiene que responderlas ella misma, sola.”

“La idea de que una persona, situada en el puesto más alto de la jerarquía empresarial, es capaz de orientad de forma periódica y eficaz las acciones cotidianas de decenas de miles de empleados individuales es una bonita historia creada, según sugieren algunos, por profesores universitarios y ciertos dirigentes empresariales. Únicamente alguien realmente osado o alguien realmente idiota haría semejante afirmación. No obstante, el único aspecto de la empresa en el cual la influencia de un director ejecutivo es susceptible de medición es la gestión de las crisis. […] Evite por todos los medios que su empresa se vea inmersa en una crisis. No obstante, cuando se enfrente a alguna, acéptela, gestiónela y trate de mantener su visión centrada en el largo plazo. El resultado de mi experiencia con las crisis se puede resumir en seis palabras: diga la verdad y dígala rápido.”