Libro: Antifrágil

Libro: Antifrágil

Editorial: Paidós Ibérica

Autor: Nassim Nicholas Taleb

No sé qué tienen los libros de Taleb que siempre los relaciono con comida. Si el “El Cisne Negro” me recordaba a un cocido, este no dejaba de hacerme pensar en un bistec extra grueso. Supongo que en este caso se debe al placer que se extrae de su lectura y a lo contundente y jugoso de sus afirmaciones… aunque tenga su parte de grasa y nervio.

Afirmaciones por cierto con las que comulgo casi al 100% pero que sin embargo veo sostenidas en muchos casos a base de falacias. Y es una sensación extraña, porque a pesar de que considero que son opiniones que yo podría firmar de forma oficial, están en muchos casos pobremente argumentadas. Creo que esa dejadez argumental puede deberse a que Talen sabe que tiene razón, probablemente ha experimentado un montón de ataques y presión por su libro anterior y su relación con la crisis bancaria, y está usando este libro para reafirmarse en lo dicho, vengarse en cierto modo de unas cuantas personas a las que menciona con nombres y apellidos, y dejar claro que le importa un rábano lo que digan. Porque él piensa (más bien sabe) que tiene razón y sus actos y escritos anteriores le avalan de muchas y diferentes maneras.

Habrá a quien no le guste ese tono autobiográfico y esa dejadez en la parte argumental, pero creo que las ideas que expone bien merecen nuestra atención. Desde la economía, a la biología, pasando por la gestión de riesgos como en Fukushima, Taleb nos habla en esta ocasión de un modo mucho menos técnico que en su anterior libro, pero con más pasión.

Y después de estos párrafos abstractos, concretemos: ¿de qué va el libro? Pues de un concepto aparentemente sencillo pero extraño: Antifragilidad.

La antifragilidad, explica, es lo opuesto a lo frágil. Muchos solemos pensar que la palabra “robusto” o “irrompible” entre otras tendrían ese significado, pero Taleb nos convence de que en realidad frágil es lo que se rompe con los cambios pequeños, como el cristal que se quiebra ante un golpe. Mientras que lo robusto no se rompe con los cambios (hasta ciertos límites), como el hierro que puede tolerar bastante castigo antes de perder su forma y sin romperse. Lo antifrágil sin embargo es algo que se beneficia del cambio, que no se rompe al experimentarlos (ya sean buenos o malos), sino que se hace mejor, más fuerte. Sin duda una característica que hasta hoy no tenía nombre para mí y por tanto no podía pensar en ella, pero que no obstante se encuentra a nuestro alrededor en forma de biológica (presión evolutiva), estresores físicos (ejercicio físico) o en organismos más humanos como los económicos.

Dicho esto y dadas las enormes connotaciones de la idea, será mejor dar paso a un buen puñado de citas que quizá contribuyan a aclarar que se trata de un libro extenso en cuanto a temática.

En cuanto a si es recomendable, sí, lo es, demonios si hasta lo he comprado recién salido del horno. Pero creo que no es para todos los públicos.

Citas:

Las supermamás intentan eliminar el ensayo y error y la antifragilidad de la vida de los chavales, apartarlos de lo ecológico [realidad] para convertirlos en nerds que actúen de acuerdo con mapas preexistentes de la realidad compatibles con ellas. Son buenos estudiantes, sí, pero nerds, es decir, son como ordenadores pero más lentos. Además, ahora no reciben ninguna formación para afrontar la ambigüedad. Como hijo que soy de una guerra civil, no creo en el aprendizaje estructurado: creo que se puede ser un intelectual sin necesidad de ser un nerd siempre que tengamos una biblioteca privada en lugar de un aula y que dediquemos tiempo a actuar como flaneurs sin rumbo.

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Con la condición de tener la clase correcta de rigor, necesitamos azar, desorden, aventura, autodescubrimiento, incertidumbre, episodios cuasitraumáticos, todas esas cosas que hacen que valga la pena vivir la vida, en lugar de llevar la existencia estructurada, falsa e ineficaz del presidente de un consejo de administración trajeado e incompetente que se guía por una agenda programada y por el despertador. Hasta su ocio se supedita al reloj -squash de cuatro a cinco- y su vida está encajonada entre una reunión y la siguiente.

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Solo son libres los autodidactas. Y no solo en relación con la educación: también desconsumerizan y desturistifican su vida. Los deportes intentan introducir aleatoriedad en una caja como la del pasillo seis, al lado de las latas de atún: son una forma de alienación.

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Los leones de los zoos viven más, técnicamente son más ricos y tienen la seguridad de un trabajo garantizado de por vida, si son esos los criterios por los que nos queremos guiar…

Algunas personas puede ser más inteligentes que otras en un entorno estructurado: en el fondo, la escuela favorece a los más rápidos en ese entorno y, como sucede en cualquier otro ámbito competitivo, lo hace a costa del rendimiento fuera de él. Aunque aún no estaba familiarizado con los gimnasios, mi idea del conocimiento era como sigue. Las personas que desarrollan su fuerza usando las máquinas modernas y caras de los gimnasios pueden sostener pesos muy grandes y desarrollar una musculatura espectacular, pero no pueden levantar piedras y alguien entrenado en entornos más desordenados puede darles una paliza en una pelea callejera. Su fuerza depende mucho del ámbito y su ámbito no existe fuera de unos marcos lúdicos muy organizados. En el fondo, y como ocurre con los deportistas especializados, su fuerza es el resultado de una deformidad. Pensé que sucedía lo mismo con las personas seleccionadas por haber sacado buenas notas en una cantidad pequeña de asignaturas y no por haberse dejado llevar por la curiosidad.

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Cuando una persona es frágil [en la definición del autor], depende de que las cosas sigan el curso planificado con la mínima desviación posible porque las desviaciones le serán más perjudiciales que favorables. Esta es la razón de que lo frágil necesite adoptar un enfoque muy predictivo y, a la inversa, de que los sistemas predictivos originen fragilidad. Alguien que desee desviaciones y a quien no le preocupe la posible dispersión de los resultados que el futuro pueda deparar porque la mayoría de ellos le serán favorables, será antifrágil.

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[Hablando de la antifragilidad de la aviación, que mejora con cada error] las compañías aéreas, están diseñadas para sufrir errores pequeños que son independientes de los demás o, mejor dicho, que presentan una correlación negativa con los demás porque cada fallo reduce las probabilidades de errores futuros. Es otra forma de ver que unos entornos pueden ser antifrágiles y otros pueden ser frágiles (la vida económica moderna y su interconexión total al estilo “la Tierra es plana” de Thomas Friedman).

Si cada accidente aéreo reduce la probabilidad de que ocurra el siguiente, cada vez que quiebra un banco la probabilidad de que quiebre otro aumenta. Debemos eliminar esta segunda clase de error en nuestra construcción de un sistema socioeconómico ideal. [Retoma la idea de dejar quebrar los bancos que yerran]

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El que nunca ha pecado es menos de fiar que el que solo ha pecado una vez. Y alguien que ha cometido muchos errores -aunque nunca el mismo error más de una vez- es más de fiar que quien no ha cometido ninguno.

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[Hablando sobre la fragilidad del individuo frente a la antifragilidad del grupo] En otros escritos he tratado el problema de la ilusión de la falsa causalidad y en un artículo periodístico decía [el periodista] que los miembros de la nueva mafia formada por exiliados soviéticos se habían “endurecido tras una visita al Gulag” (los campos de concentración soviéticos). Puesto que la estancia en el Gulag acabó con los más débiles, los demás tenían la ilusión de haberse fortalecido. A veces vemos a personas que han sobrevivido a pruebas muy duras y, puesto que la población superviviente es más robusta que la original, suponemos que esas pruebas han resultado positivas para ellas. Dicho de otra manera, puede que esas pruebas no sean más que un examen cruel que mata a quienes lo suspenden. Quizá lo que vemos no es más que la transferencia de fragilidad. […] La población superviviente es más fuerte que la inicial, pero no sucede lo mismo con los individuos, porque los más débiles han perecido.

Alguien ha pagado muy cara la mejora del sistema.

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Mi sueño es que celebremos cada año un Día del Emprendedor con el siguiente mensaje: La mayoría de vosotros fracasareis, seréis poco respetados, os empobreceréis, pero os agradecemos los riesgos que habéis corrido y los sacrificios que habéis hecho por el crecimiento económico del planeta y por librar a los demás de la pobreza. Os debemos nuestra antifragilidad. Y el país os lo agradece.

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El modo en que la gente se ocupa de los asuntos locales difiere totalmente de la manera en que se hace cargo de los gastos públicos abstractos y grandes: tradicionalmente hemos vivido en tribus y otras unidades pequeñas y nos las hemos arreglado muy bien.

Además, la biología desempeña un papel en un entorno municipal, pero no en un sistema más grande. Un congresista estadounidense está a salgo de tener que sentir vergüenza y de que se le ruborice la cara como reacción biológica ante un gasto excesivo o por haber llevado a la muerte a miles de personas en Vietnam. El contacto visual con nuestros vecinos modifica nuestra conducta. Pero para un chupatintas anclado a la mesa de su despacho, un número no es más que un número. Alguien a quien vemos en la iglesia los domingos por la mañana se sentiría incómodo por sus errores y hasta más responsable por ellos. A escala pequeña, local, su respuesta corporal y biológica le llevaría a evitar perjudicar a otros. A gran escala los otros son entres abstractos.

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El asesinato es el método habitual de sucesión en la Mafia […] Fuera de la Mafia, los presidentes y miembros de las juntas directivas duran mucho más tiempo, un hecho que obstaculiza muchos ámbitos: presidentes de consejos de administración, titulares de cátedra, políticos, periodistas… Debemos compensar esta situación mediante sorteos al azar.

Por desgracia, no podemos erradicar un partido político por sorteo. Lo que mortifica a los Estados Unidos no es el bipartidismo, sino tener que aguatar siempre a los mismos dos partidos. Y es que los partidos, a diferencia de los organismos, no tienen fecha de caducidad [Esta misma idea la comento desde hace años: los partidos españoles deberían tener la obligación de disolverse tras pasar unos 10 o 20 años para minimizar su degeneración y corrupción y hacer la democracia más flexible]

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Cuanto más tarde en estallar una crisis, peor será el daño causado en los sistemas económicos y políticos.

La meta de buscar la estabilidad logrando estabilidad ha sido un gran juego de tontos en las políticas económicas y de asuntos exteriores. La lista resulta deprimente de tan larga que es: gobiernos corruptos como el egipcio antes de los disturbios de 2011, apoyados por los Estados Unidos durante cuatro decenios, con el fin de “evitar el caos” y con el efecto secundario de crear una camarilla de saqueadores privilegiados que usan a las superpotencias como paraguas de protección. Lo mismo sucede en el caso de los banqueros que se aprovechan de ser “demasiado grandes para quebrar” para estafar a los contribuyentes y pagarse unas primas suculentas.

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Cuando los sistemas reprimidos y con hambre de desorden natural se vienen abajo -algo que les debe suceder tarde o temprano por ser frágiles- su caída nunca se atribuye a la fragilidad y se interpreta como el resultado de una mala previsión. Como sucede cuando se desmorona un castillo de arena, sería muy poco inteligente atribuir el derrumbe de un puente frágil al último camión que lo ha cruzado, y aun lo sería más intentar predecir qué camión hará que se derrumbe.

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[Sobre la imposibilidad de predecir eventos que ya comentaba en El Cisne Negro y relacionándolo con la revolución de Egipto. También sobre la falacia de considerar los juegos de azar (donde hay reglas) como algo equiparable al mundo real (infinitamente más complejo)] Es muy revelador que los analistas de inteligencia cometieran el mismo error que los expertos en gestión de riesgos que no predijeron la crisis económica y que dieron las mismas excusas al fracasar. Los “eventos de cola” políticos y económicos son imprevisibles y no es posible medir científicamente sus probabilidades. Por mucho que sea el dinero dedicado a investigación, predecir revoluciones no es lo mismo que contar cartas; el ser humano nunca logrará que la aleatoriedad de la política y la economía sea calculable como la del blackjack.

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Lo peor que uno puede hacer para sentir que conoce algo un poco más a fondo es intentar profundizar más en ello. “El mar es más profundo cuanto más te adentras en él”, reza un proverbio veneciano.

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Si algo es frágil, la amenaza de que se rompa implica que todo lo que hagamos para mejorarlo o hacerlo “eficiente” será inútil si antes no reducimos el riesgo de rotura.

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Denominaremos “falacia teleológica” a la ilusión de que sabemos exactamente adónde vamos, de que en el pasado sabíamos exactamente dónde íbamos y de que otros han triunfado porque sabían hacia dónde se dirigían.

El flaneur -o paseante- racional es alguien que, a diferencia de un turista, toma a cada paso la decisión de revisar sus planes para poder empaparse de todas las cosas basándose en información nueva. El flaneur no es prisionero de un plan que debe seguir a rajatabla, aunque surja nueva información. [El turista sería lo contrario, atrapado en la ilusión de verlo todo y prisionero de un plan]

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El error de creer que sabemos exactamente adónde vamos y de suponer que hoy sabemos exactamente cuáles serán nuestras preferencias mañana conlleva otro fallo: la ilusión de pensar que los demás también saben adónde van y que nos dirán qué es lo que quieren si se lo preguntamos. [Steve Jobs decía que] La gente no sabe que quiere algo hasta que se lo ofrecemos.

Esta capacidad de cambiar el curso de la acción se debe a la opción de cambiar. […] La opcionalidad nos llevará a muchos lugares, pero en el fondo es la opción lo que nos hace antifrágiles y permite que nos beneficiemos del lado positivo de la incertidumbre sin vernos demasiado perjudicados por su vertiente negativa.

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La opcionalidad es lo que hace que las cosas crezcan y funcionen aunque para ello haga falta cierta clase de persona. Muchos deploran el bajo nivel de la educación en los Estados Unidos. Pero no se dan cuenta de que lo nuevo viene de este país y se imita en otras partes. Y no es gracias a las universidades, que evidentemente reclaman mucho más mérito del que indican sus logros.

Como el Reino Unido en la Revolución Industrial, la gran baza de los Estados Unidos es la asunción del riesgo y el uso de la opcionalidad, esta capacidad extraordinaria de actuar siguiendo una forma racional de ensayo y error, sin sentir vergüenza por fallar, empezando otra vez y volviendo a fracasar. En cambio, en el Japón moderno el fracaso va acompañado de una vergüenza que hace que la gente esconda los riesgos económicos o nucleares [en relación al reciente desastre de Fukushima] bajo la alfombra y obtenga pocos beneficios.

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Está claro que ni siquiera se nos ocurriría pensar que las aves vuelan gracias a los ornitólogos, y si alguien lo pensara le costaría mucho convencer a las aves. Pero ¿por qué antropomorfizar este ejemplo y cambiar “aves” por “personas” hace que sea plausible la idea de que la gente aprende a hacer cosas gracias a clases y lecciones [se refiere a las “oficiales”, las de universidades]? Cuando se trata de la actuación humana las cosas, de repente, se vuelven confusas.

El hecho es que la ilusión crece y crece, y se dedican fondos públicos y burocracias gubernamentales que no dejan de aumentar para ayudar a las aves a volar mejor. Y si se empiezan a recortar esos fondos surgen problemas y hay un aluvión de acusaciones de que se matan aves porque no se las ayuda a volar.

Como reza un dicho yiddish: “Cuando el alumno es listo el maestro se atribuye el mérito”.

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Hay autores que [actúan como si] la gente tuviera ideas porque las lee en libros y luego las desarrollara, y no se preguntan si podría ser que ocurriera al revés: que la gente busque libros que apoyen su programa mental [esto me recuerda mucho a Pinker en la Tabla Rasa]. […]

Las personas de ideas afines suelen coincidir […] Esto me hace sospechar de las relaciones maestro-discípulo sobre las que leemos en la historia de la cultura: prácticamente todos los que han sido calificados de alumnos míos han sido alumnos míos porque teníamos ideas afines.

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[Sobre los estresores y su relación con la antifragilidad] Recordemos la cita de Séneca y Ovidio en el sentido de que la complejidad nace de la necesidad y el éxito surge de las dificultades: en realidad, muchas de estas variaciones, repetidas en tiempos medievales, han acabado incorporándose al habla cotidiana como en el refrán “la necesidad aguza el ingenio” [o la versión de Publio Sirio] “La pobreza crea experiencias”. [Hoy esta idea] recibe el nombre de “crecimiento postraumático”, claro.

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Una idea no sobrevive porque sea mejor que otras, sino porque ha sobrevivido la persona que cree en ella. En consecuencia, desde un punto de vista empírico y por lo tanto científico, todo el saber que aprendemos de nuestras abuelas debe ser muy superior al que aprendemos en una escuela de empresariales. Lo triste sin embargo, es que nos hemos ido alejando más y más de nuestras abuelas.

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[Sobre la Historia, las narraciones y la realidad] Pudimos observar personalmente cómo se crean las narraciones del pensamiento porque tuvimos la suerte de sufrir en carne propia otro caso de apropiación intelectual descarada. Fuimos invitados a publicar nuestro punto de vista -como profesionales de la opción [operadores de bolsa]- por la respetable Wiley Encyclopedia of Quantitative Finance, y escribimos una versión del artículo anterior sazonada con nuestras experiencias [que la experiencia y el conocimiento vienen antes de las teorías entre otras cosas]. Oh sorpresa: pillamos in fraganti al editor de la sección histórica, un profesor del Barnard College, intentando alterar nuestra exposición. El profesor en cuestión, que era historiador del pensamiento económico, había reescrito nuestro artículo rebajando la importancia de su mensaje o incluso invirtiéndolo, y había cambiado la flecha de la formación del conocimiento. Así es como se crea la historia de la ciencia. Aquel tipo, sentado en su despacho del Barnard College, nos estaba dictando lo que habíamos visto con nuestros propios ojos por su lógica.

He visto otras inversiones similares de la formación del conocimiento. Por ejemplo, en su libro escrito a finales de los años niventa, el Muy Demostrado Fragilista [una especie de insulto] y profesor de Berkley Mark Rubinstein atribuía a las publicaciones de unos profesores de finanzas unas técnicas heurísticas que nosotros, como profesionales, ya habíamos utilizado mucho desde los años 80, cuando empecé a trabajar en esto [bolsa].

Nosotros no llevamos teorías a la práctica. Creamos teorías a partir de la práctica. Esa era nuestra historia y de ella es fácil inferir que esta confusión está muy generalizada. La teoría nace del remedio, no al revés: ex cura theoria nascitur.

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Según Scranton hemos estado fabricando y utilizando motores a reacción de una forma totalmente empírica y basada en el ensayo y error, sin que nadie entendiera por completo la teoría. Los fabricantes necesitaban a los ingenieros originales porque solo ellos sabían qué retoques había que hacer para que el motor funcionara. La teoría vino después, y aunque estaba más que coja satisfizo a los intelectuales obsesionados con los números. Pero no es esto lo que solemos leer en los textos estándar de historia de la tecnología.

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Villard de Honnecourt, un maestro de obras francés del siglo XIII, documentó en una serie de dibujos y notas escritas […] cómo se construyeron las catedrales: heurística experimental, trucos del oficio y normas que no tenían nada de axiomático y que más adelante fueron recopiladas por Philibert de l’Orme en sus tratados sobre arquitectura. Por ejemplo, un triángulo se visualizaba como una cabeza de caballo. Además, estamos muy seguros de que los romanos, unos ingenieros admirables, construyeron sus acueductos sin matemáticas (la numeración romana no facilitaba el análisis cuantitativo) [aquí creo que exagera, hay otras maneras de usar matemáticas que las actuales con números árabes y codificación decimal, como en sumeria]. Creo que de lo contrario ya no estarían en pie porque una consecuencia manifiesta de la matemática es que la gente optimiza demasiado y reduce gastos originando fragilidad. Basta con ver que lo nuevo es cada vez menos duradero que lo antiguo [discrepo de nuevo, lo antiguo que ha sobrevivido lo ha hecho por ser robusto o mediante conservación constante, de hecho su propio argumento del gulag es aplicable aquí].

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Como dijo Dan Ariely en una ocasión, no podemos saber cómo sabe algo leyendo la lista de los nutrientes que contiene.

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Para la formación de conocimiento, aunque sea teórico, hace falta tiempo, algo de aburrimiento y la libertad que da tener otra ocupación, lo que nos permite librarnos de la presión, parecida a la que sufre el periodista, de este mundo académico moderno donde o se publica o se perece, y que genera un conocimiento cosmético muy parecido a los relojes “de marca” pero falsos que podemos comprar en el barrio chino de Nueva York: sabemos que son falsos por mucho que se parezcan a los auténticos.

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Un especialista en gestión, William Starbuck, ha publicado algunos artículos echando por tierra la efectividad de la planificación porque hace que la empresa sea ciega a las opciones al quedarse encorsetada en un curso de acción carente de oportunismo. […] Al final resulta que toda esa planificación estratégica no es más que pura palabrería supersticiosa.

Coca Cola empezó como un producto farmacéutico, Tiffany & Co fue una papelería en sus inicios […] Raytheon, que diseñó e l primer sistema de guiado de misiles, empezó fabricando neveras […] Nokia […] empezó siendo una fábrica de papel (y en una época fabricó chanclos de goma). DuPont comenzó fabricando explosivos. Avon […] era en origen una empresa de venta de libros a domicilio.

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Si le pidieras a alguien que monta bien en bicicleta que me explicara la teoría que hay detrás, se caería de ella. Cuando interrogas e intimidas a la gente la confundes y le haces daño.

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Los pensadores formales y los teóricos que teorizan tienden a escribir libros; las personas que se guían por su instinto son más propensas a actuar, a “hacer”, y se contentan con dejarse llegar por su pasión, ganar o perder dinero, y disertar en el bar. Sus experiencias las suelen formalizar académicos. De hecho, la historia la han escrito quienes pretenden hacernos creer que el razonamiento posee el monopolio de la generación de conocimientos.

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[Criticando la educación organizada tal y como se plantea hoy día] Para las nuevas clases altas asiáticas y estadounidenses, las universidades de más prestigio de los Estados Unidos se han acabado convirtiendo en artículos de lujo que reflejan su posición social. Harvard es hoy como un reloj de Cartier o un bolso de Vuitton.

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Del mismo modo que cuando añadimos incertidumbre a un vuelo este tiende a retrasarse y no a adelantarse [en referencia a cualquier evento que puede ser positivo o negativo, pero que tiende a ser negativo para un sistema frágil], cuando añadimos incertidumbre a un proyecto este tiende a costar más dinero y a tardar más tiempo en realizarse.

[…]

Ninguno de los psicólogos que ha hablado de la “falacia de la planificación” se ha dado cuenta de que, en el fondo, no es un problema básicamente psicológico, no es cuestión de error humano: es algo inherente a la estructura no lineal de los proyectos. Igual que el tiempo de vuelo no puede ser negativo, un proyecto de tres meses no se puede realizar en un tiempo nulo o negativo. Así pues, en una línea temporal que va de izquierda a derecha, los errores se añaden al extremo derecho, no al izquierdo. Si la incertidumbre fuera lineal veríamos algunos proyectos terminados muchísimo antes del plazo previsto (y algunos vuelos llegarían mucho antes). Pero no sucede así.

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[Sobre la “vía negativa”…] Para el erudito y líder religioso árabe Alí Ibn Abi-Taleb, mantenerse alejado de una persona ignorante tenía el mismo valor que procurarse la compañía de un hombre sabio. […] Consideremos esta versión modernizada del concepto en la siguiente cita de unas palabras de Steve Jobs: “La gente cree que centrarse en algo implica decir que sí a aquello en lo que te enfocas. Pero eso no es ni mucho menos lo que quiere decir. Significa más bien, rechazar el centenar de otras buenas ideas que hay por ahí. Uno tiene que escoger con cuidado.”

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Cuando me cuentan que alguien tiene trescientos artículos académicos publicados y veintidós doctorados honoris causa, pero ni una sola aportación o gran idea convincente con la que respaldarlos, huyo de él como de la peste.

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Está esa ilusión moderna de que debemos vivir el máximo tiempo posible, como si cada uno de nosotros fuera el producto final. […] Antes de ese momento histórico, nosotros formábamos parte tanto del colectivo presente como de la progenie futura. Las tribus presentes y las futuras se fortalecían como colectivo aprovechando para ello la fragilidad de los individuos. Las personas realizaban sacrificios, aceptaban el martirio, morían por el grupo y se enorgullecían de ello; trabajaban duro. [La generación actual sin embargo] está arrojando sobre las generaciones venideras la carga tanto de una voluminosa deuda pública diezmadora de recursos como del desastre medioambiental con el único fin de satisfacer las exigencias de los analistas financieros y el establishment bancario.

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Había otro elemento fundamental en la ética del Mediterráneo antiguo: quién no impide un crimen, es cómplice de este. Yo mismo he expuesto mi propia versión en el prólogo de este libro: si usted ve un fraude y no dice que hay un fraude, usted es un fraude.

Thomas Friedman tuvo su parte de responsabilidad por la invasión de Irak de 2003 y no solo no pagó penalización alguna por ello, sino que continúa escribiendo su columna en la página de opinión del The New York Times, confundiendo a personas inocentes. Él se llevó las ventajas; otros se quedaron con los inconvenientes [en relación a los parásitos y a la transferencia de fragilidad].

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Las palabras son peligrosas: los que “posdicen”, es decir, aquellos que explican las cosas después de que hayan sucedido, siempre parecen más inteligentes que los que predicen.

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[De nuevo hablando de antifragilidad, transferencia y parásitos] Los bancos han perdido más de lo que jamás ganaron a lo largo de su historia, pero sus directivos han cobrado miles de millones de dólares en forma de retribuciones y bonificaciones. Los contribuyentes se hacen cargo de las consecuencias negativas; los banqueros se quedan con las positivas. […] Son pues antifrágiles.

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En el libro IV de La riqueza de las naciones, Adam Smith se mostraba sumamente reacio a la idea de que alguien recibiera únicamente las ventajas de sus decisiones sin ninguna de las consecuencias negativas y evidenciaba sus dudas a propósito de la responsabilidad limitada de las compañías de capital conjunto “por acciones” (antepasadas de la moderna sociedad anónima de responsabilidad limitada).

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[Hablando sobre grandes empresas VS artesanos y la optimización de costes] Cuando venden lo que llaman queso, las grandes empresas tienen un incentivo para proporcionarnos el pedazo de goma más barato de producir que contenga los ingredientes mínimos apropiados para que aún pueda ser denominado como queso.

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[Sobre corrupción y legislación] En primer lugar, cuanto más complicada es la regulación, más proclive resulta al arbitraje de personas que manejan información privilegiada. Esa es otra razón para usar estrategias heurísticas. Dos mil trescientas páginas de regulaciones -que yo fácilmente reemplazaría por una Ley del Talión como la de Hammurabi- son una mina de oro para exreguladores. Para un regulador es un incentivo que exista una normativa compleja. Quienes manejan información privilegiada (y la rentabilizan a su favor) se llevan muy mal con la regla del “menos es más”.

En segundo lugar, la diferencia entre la letra y el espíritu de la regulación es más difícil de detectar en un sistema complejo. Es una cuestión técnica, pero los entornos complejos con no linealidades son más fáciles de manipular que los entornos lineales con un número reducido de variables. Lo mismo sucede con la diferencia entre lo legal y lo ético.

En tercer lugar, en varios países africanos, las autoridades gubernamentales reciben sobornos explícitos. En Estados Unidos, se les formula la promesa implícita -jamás mencionada de forma expresa- de ir a trabajar posteriormente a un banco [o empresa de energía como en España], donde se les ofrece una sinecura (de por ejemplo, 5 millones de dólares anuales) si la industria “regulada” se ha ido haciendo una buena opinión de ellos a lo largo de su ejercicio como reguladores públicos.

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