Tres años sin dormir. Un viaje por los suburbios de Morfeo

Advertencia: Esto no es un consultorio médico, ni una queja. Solo quiero que, si alguien está teniendo problemas de sueño o conoce a quien los tenga, sepa qué puede esperar y trate de poner remedio a la situación.

 

Por diversas razones he pasado tres años durmiendo mal. Muy mal. Con semanas horribles, intercaladas con noches simplemente malas e irregulares y cortos periodos de buen descanso. Y es tras esas noches de sueño de verdad, donde he ido pensando sobre el tema y analizando sus efectos.

En este periplo por los suburbios de Morfeo he aprendido (afortunadamente solo algunos casos de primera mano) que la falta de sueño tiene efectos curiosos que varían de persona en persona y que dependen de la causa del problema. Y creo que hablar de ello podría ayudar en unos meses a alguien más. O eso espero.

Problemas y Efectos

Entre las causas que afectan al sueño y que he tenido ocasión de padecer u observar, tenemos la siguiente lista, sin ningún orden específico:

  1. Ruidos fuertes. Provocados por bebés, enfermos o fiestas cercanas.
  2. Pesadillas. Provocadas por problemas personales, estrés, cenas pesadas…
  3. Problemas digestivos e intoxicaciones. Provocadas por cenas pesadas, alcohol…
  4. Apnea y ronquidos. Provocados por razones anatómicas y de postura al dormir.
  5. Dermatitis y alergias. Picores muy intensos que producen micro-despertares o dificultad para conciliar el sueño.
  6. Calor. Ya sea por razones ambientales, fiebre, exceso de ropa o compañías de cama (bebés).
  7. Dolor intenso. Lumbalgias, enfermedades de garganta, calambres…
  8. Síndrome de piernas inquietas. Visto en televisión
  9. Excitantes. Cafeína principalmente, pero también algunas infusiones variadas y especias.

Y en cuanto a los efectos de la falta de sueño o descanso adecuado, puedo enumerar los siguientes, de nuevo sin un orden específico:

  1. Fatiga mental. Dificultad para entender, hacerse entender y resolver problemas o realizar acciones como cocinar, conducir…
  2. Alucinaciones auditivas. Esto parece que solo se produce cuando llevas muchas horas despierto y se traduce en ruidos, nada de voces ni cosas raras.
  3. Paranoia leve. O dicho de otro modo: añade una capa de “lo hace a posta” o “está tratando de joderme” a cualquier contexto.
  4. Mal humor. No tengo claro si es un efecto de la ausencia de sueño o derivado de la fatiga, por ejemplo.
  5. Problemas de concentración. De nuevo puede ser un efecto derivado de otro, pero siempre está presente.
  6. Alteraciones del apetito. Quizá relacionado con las hormonas que se liberan e inhiben durante el sueño.
  7. Estrés. Derivado o no, siempre está presente.
  8. Problemas de memoria. Quizá por ausencia de fases de sueño (REM…) tanto como por la falta de atención.

Como puede verse, la falta de buen sueño, tiene efectos no tan evidentes para quien solo ha tenido un par de malas noches.

Memoria y Acronía

De la lista anterior, el efecto que más me ha llamado la atención es sin duda el último: los problemas de memoria. Y es que la imposibilidad para formar nuevos recuerdos debido a la falta de descanso adecuado da una sensación de contracción (o dilatación, según se mire) temporal: las 2 semanas anteriores son “ayer” o “hace meses” indistintamente. Es una sensación rara y desorientadora, que quizá tenga un nombre pero a veces llamo “presente eterno” o (incorrectamente) “acronía” ya que no sabría cómo llamar a que todo parezca haber sucedido muy recientemente o por el contrario, haber sucedido mucho, mucho tiempo atrás. En resumen, la percepción del paso del tiempo se vuelve inestable.

Efecto dominó hacia el desastre

Al margen de los efectos directos creo útil, para quien lo padece y su entorno, entender que todos estos efectos van interrelacionados unos con otros, potenciándose entre sí y generando problemas nuevos de carácter social (por ejemplo discusiones) o físicos (accidentes, lesiones).

Una cadena de elementos interrelacionados podría ser esta: la fatiga mental lleva a rendir menos, lo que desemboca en un poco más de estrés, que empeora el humor y que produce una preocupación mayor. Si además añadimos un poco de dificultad para recordar y una pizca de paranoia podemos empezar a tomarnos cualquier tontería a lo grande y hacerlo de manera personal, cuando en realidad hay poco o nada sobre lo que quejarse.

Entorno e incomprensión

La gente que no conoce el problema, es decir gente sin apenas problemas de sueño o que nos son conscientes de tenerlos (como quienes sufren apnea o síndrome de piernas inquietas) pueden mostrarse según mi experiencia bastante escépticos acerca de estos problemas y sus efectos, o tienden a minimizar los problemas de los demás al haber experimentado solo una muestra pequeña. Pero eso no hace que el problema sea menos grave. Lo que es peor, el que la gente que te rodea no valore el problema es un problema en sí mismo, al producir un sentimiento de incomprensión en la víctima o enfermo, que ve como además de sufrir su problema, es culpable de encontrarse mal y contarlo. Me recuerda a esas víctimas de un crimen a las que no solo no se ayuda, sino a las que se castiga por denunciarlo o se las señala como el origen del problema.

Así que esperando (cruzo dedos y pongo medios) haber dado por terminado este episodio de mi vida, solo quiero dejar constancia de estos pensamientos y opiniones por si alguien más se encuentra en situación similar. Al fin y al cabo, lo más importante para arreglar un problema es precisamente reconocer el problema y en algunos casos esto es lo más difícil.

Suerte y dulces sueños.

Eslabones baratos, razones estéticas

Disclaimer: Esto no es una crítica al dueño del teléfono de la imagen. Es una reflexión producida a raíz del suceso.

Y esto, queridos amigos, es lo que pasa cuando te pillas un teléfono de 500€, le quitas el protector que trae de serie, y le compras uno hortera supuestamente de diseño por 5 € (o más, si te has dejado robar).

Y no es algo extraño, sino una constante en la historia de la humanidad: millones de euros, decenas de miles de horas de diseño, implementación y pruebas, nos proporcionan una herramienta híper avanzado para realizar tareas alucinantes. Y nosotros, a la primera oportunidad, e invariablemente…:

  1. Olvidamos aquello del eslabón más débil y le cambiamos la configuración por razones “estéticas” (una estética muy discutible) o de “comodidad” (igualmente discutible) empobreciendo la utilidad general del sistema, haciéndolo más vulnerable e impactando directamente en su rendimiento. Ejemplos clásicos son por ejemplo los fondos de pantalla animados, el tipo de letra Comic Sans en todo el sistema, y cuentas de administrador hasta para leer el Marca. También el plástico cutre y barato protector de pantalla… en pantallas retina: perfectos para eliminar todo rastro de definición y contraste.
  2. Las utilizamos como adorno o juguete para evitar aburrirnos demasiado, convirtiéndolo de facto en el equivalente moderno de una muñeca de trapo. Aquí nos encontramos el portátil de 8 GB de RAM para ver películas y leer cuatro páginas web, el iPad 3 con pantalla retina para ver la tele TDT (recomprimida, como no), o el móvil de 4 núcleos y redes de alta velocidad para mandar texto de 140 caracteres y jugar al Angry Birds.

A pesar de lo que pueda parecer, esto no es una crítica a la gente. Yo mismo he hecho este tipo de cosas, y todas las personas que conozco lo han hecho también en algún momento presente o pasado.

Lo que me inquieta es que si esto es una constante, tarde o temprano, alguien cambiará la configuración o jugará con algo lo suficientemente grande, complejo y caro como para provocar una auténtica catástrofe. Quizá ya ha pasado y no nos hemos dado cuenta: Chernobil, Fukushima, Nueva Orleans, San Francisco…

Quizá lleguemos un día y nos encontremos con que ese puente de Calatrava tan “estético” se viene abajo sin avisar. O que ese sistema operativo tan “bonito” y “fácil de usar” se ha convertido en un nido de software militar chino. O que aquel sistema no tripulado de defensa monta la marimorena sin venir a cuento.

Y todo porque somos humanos, y los humanos somos así: cometemos errores.

Formación académica y mentiras

Dan Ariely comenta en su artículo Economics and the maximization of profit (and lies) el estudio sobre la honestidad y su relación con factores de la persona como sexo, edad, religión o formación, y parece que aunque sujeto a discusión, el hecho es que los estudiantes de “economics” y “bussines” (económicas y empresariales en su versión española si no me equivoco) tienden a mentir más que cualquier otro grupo o división (creyentes, ateos, etc…). Bastante más de hecho.

Se puede argumentar, como de hecho hacen los comentarios del propio artículo, sobre qué razones llevan a esto, y que consecuencias tienen para la sociedad, aunque yo solo quiero por un lado confirmar que he visto relaciones curiosas entre estudios, carreras, comportamiento y aficiones en el mundo laboral; y quiero también añadir un tema: la deformación profesional.

Deformación académica

Sé que hay ramas de la psicología que se dedican a estudiar determinados grupos de personas en función de su trabajo. Por ejemplo, sé que los profesores y enfermeras son grupos de alto riesgo de burnout, precisamente porque su trabajo, su día a día, los desgasta y quema en una forma que otros trabajos no hacen. Y porque las personas que eligen esos trabajos son (estadísticamente) personas con unas tendencias psicológicas que les hacen preferir ayudar y servir a los demás de esa forma. Es decir, que sabemos que existen rasgos y enfermedades psicológicas asociadas a profesiones, o dicho de otro modo, que existe la deformación profesional.

Sabiendo esto, puedo imaginar que lo que Ariely ha detectado es una forma de “deformación académica”: una relación estadística entre las características psicológicas que predisponen a una persona a estudiar una carrera, los conocimientos que le da esa carrera (su nueva visión del mundo) y las dinámicas que se establecen cuando un grupo de personas semejantes se relacionan.

Recursos Humanos y experimentos en marcha

Supongo que de esta especie de selección y transformación académica y laboral, surgen los tópicos sobre informáticos, comerciales, políticos y demás. Y creo que es un tema interesante para estudiar, dado que puede tener un gran impacto a la hora de planificar entornos, incentivos, o dinámicas de trabajo para departamentos y empresas, algo que debería ser de mucho interés (si no lo es ya) para los departamentos de recursos humanos.

Y si yo lo he pensado, estoy seguro de que ya hay mucha gente trabajando en ello, como quizá Valve (enlace de Forbes sobre el tema) y Google (BBC comentando algunos aspectos). Que son quienes tienen políticas más extrañas en su entorno laboral y con espectaculares resultados.