Tal como éramos: hace 4.500 años.

Creo que lo que más me gusta de leer historia o mitología sumeria es el poder comprobar que la sociedad humana no ha avanzado ni un milímetro en 5 milenios. Nuestro único avance ha sido técnico.

Ahora ando leyendo “Sociedad y cultura en la antigua Mesopotamia“, de Josef Klíma, cedido gentilmente por un colega. Y algunas de sus citas representan a las claras este pensamiento de que nada ha cambiado en nuestra sociedad:

Entemena [rey] intentó solucionar las dificultades económicas de su país mediante moratorias y remisiones de sus deudas. Más tarde, la clase sacerdotal, que había conseguido concentrar en sus manos innumerables bienes, tuvo en Lagash gran influencia. Lugallanda, el penúltimo soberano de la dinastía de Lagash, se enfrentó a ese poder alcanzado por la clase sacerdotal, secularizando sus bienes. Durante su gobierno creció el malestar administrativo en el país y aumentaron también los abusos de los funcionarios frente a la gran masa de la población. Lugallanda perdió su trono -posiblemente por instigación de la clase sacerdotal- y en su lugar se entronizó a Urukagina. Este soberano emprendió una reforma para poner fin al malestar y los abusos fiscales, pero sus esfuerzos reformistas no fueron coronados por el éxito.

Si a alguien no le suena todo esto a uno o varios pedazos de la historia reciente (y bien reciente además) de España, que me avise.

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