Leyes, normas, costumbres y razones

“Es una historia común en toda la especie humana. Primero, queremos alcanzar una meta. Segundo, descubrimos que todos somos diferentes y que necesitamos algunas reglas para organizar nuestro trabajo. Tercero, hacemos las reglas muy complicadas para adaptarse a cada caso. Cuarto, nos olvidamos totalmente del objetivo de esas reglas y las aplicamos ciegamente por su bien. Quinto, castigamos o matamos a aquellos que no siguen las reglas tan estrictamente como nosotros.”

Cita original de Ploum:

“It’s a common story in the human species. First, we want to achieve a goal. Second, we discover that we are all different and that we need some rules to organize our work. Third, we make the rules really complicated to fit every corner case. Fourth, we completely forget the goal of those rules and we apply them blindly for the sake of it. Fifth, we punish or kill those who don’t follow the rules as strictly as we do.”

Esta cita me llamó mucho la atención el día que la leí, porque describe algo muy habitual en lo que apenas había reparado: las normas y costumbres que nadie entiende.

Cosas como vestirse, lavarse las manos, votar o los oficios religiosos, son realizados por millones de personas que no tienen ni idea de por qué lo hacen, simplemente lo hacen.

Parece una obediencia ciega a las tradiciones o al entorno social, y es sin duda algo que resulta conveniente en muchas ocasiones: ahorro de decisiones, no se olvidan ciertas cosas fácilmente, se transmiten las normas con facilidad… Pero como se especifica en la cita del principio, esa obediencia ciega acaba siendo un gran problema. Siempre.

La cuarta fase

Pero incluso antes de convertirse en un problema mortal (o al menos grave), tenemos esa cuarta fase de Ploum.

Si estás en la cuarta fase porque no te has planteado en serio las razones de tus actos, es probable que estés malgastando el tiempo y haciendo mal o innecesariamente ciertas cosas. Y por lo tanto dispones de una ocasión excelente de mejorar tu propia vida: Dieta, salud, higiene, cosmética, trabajo, productividad, vida personal… todo es susceptible de mejora si adquieres la sana costumbre de cuestionarlo todo, de preguntarte el porqué de lo que haces, dices o piensas; o de lo que hacen, dicen y piensan los demás. Es decir si te comportas como un escéptico o inconformista.

Beneficios de cuestionar

En efecto, reconocer tus cuartas fases redunda en tu propio beneficio al permitirte entender por qué haces ciertas cosas y qué efecto tienen sobre ti.

¿Por qué fumas? ¿Por qué bebes? ¿Por qué ves esa serie de televisión? ¿Por qué vas al futbol? ¿Por qué sigues saliendo con esa chica? ¿Por qué vas a ese bar? ¿Por qué sigues trabajando en esa oficina? La lista puede ser interminable dependiendo de lo inquisitivos que seamos, pero empezarla siempre será una buena idea. Una que nos permitirá cumplir con ese nosce te ipsum tan valorado desde hace al menos un par de milenios. Es una ocasión de hacernos mejores personas.

Efectos secundarios

Pero el mundo de las decisiones conscientes no es jauja. Como contraprestación podemos encontrarnos, sobre todo al principio, un gasto enorme de energías en el día a día, y quizá veremos cómo aumenta exponencialmente nuestra natural propensión a irnos por las ramas. Es un poco como cuando navegamos sin rumbo por internet: se sabe dónde se empieza, pero no donde se acaba. Te puedes quedar reflexionando al leer la composición de una lata de anchoas en la compra del supermercado, o parado en medio de la calle decidiendo a que bar deberías ir. Es la parálisis por análisis, y debemos estar atentos a ella para evitarla siempre que sea posible, lo que de nuevo significa más autoconsciencia: un poco más de carga mental para mantener la atención.

Y luego está ese pequeño problema del ostracismo. Ese momento en que nos damos cuenta de algo que nadie más había notado (errores, incoherencias, leyes y normas obsoletas…), y tratamos de comentarlo o corregirlo… sin éxito. O aun peor, recibiendo una andanada de críticas y cara de perro por señalar ciertas cosas. Así que un consejo: guárdate para ti lo que descubras sobre religión, deportes, toros y fútbol. No son temas tolerables para determinadas personas en casi ningún momento y es necesario conocer bien a la persona y buscar el momento para abordarlos poco a poco. También podría incluir la política, pero me temo que para que una democracia funcione decentemente se necesita hablar de ella, no evitar discutir sus detalles.

Conclusión

Así que ya sabéis mi opinión sobre las leyes, normas y costumbres: puede que estén bien si sabes por qué son como son. Y yendo un poco más allá, diría que probablemente están mal si son complicadas, largas, o si nadie o muy pocas personas pueden defender convincentemente su utilidad. Y sabiendo todo esto, puedes tener una vida mejor… aunque en ocasiones (fútbol, política…) sea algo incómoda.

Enlaces relacionados:

http://ploum.net/post/222-whyidontcontributetowikipediaanymore

http://randomtransients.blogspot.com/2008/05/wetmonkeytheory.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Little_Albert_experiment

Anuncios

Tal como éramos: hace 4.500 años.

Creo que lo que más me gusta de leer historia o mitología sumeria es el poder comprobar que la sociedad humana no ha avanzado ni un milímetro en 5 milenios. Nuestro único avance ha sido técnico.

Ahora ando leyendo “Sociedad y cultura en la antigua Mesopotamia“, de Josef Klíma, cedido gentilmente por un colega. Y algunas de sus citas representan a las claras este pensamiento de que nada ha cambiado en nuestra sociedad:

Entemena [rey] intentó solucionar las dificultades económicas de su país mediante moratorias y remisiones de sus deudas. Más tarde, la clase sacerdotal, que había conseguido concentrar en sus manos innumerables bienes, tuvo en Lagash gran influencia. Lugallanda, el penúltimo soberano de la dinastía de Lagash, se enfrentó a ese poder alcanzado por la clase sacerdotal, secularizando sus bienes. Durante su gobierno creció el malestar administrativo en el país y aumentaron también los abusos de los funcionarios frente a la gran masa de la población. Lugallanda perdió su trono -posiblemente por instigación de la clase sacerdotal- y en su lugar se entronizó a Urukagina. Este soberano emprendió una reforma para poner fin al malestar y los abusos fiscales, pero sus esfuerzos reformistas no fueron coronados por el éxito.

Si a alguien no le suena todo esto a uno o varios pedazos de la historia reciente (y bien reciente además) de España, que me avise.