Libro: Capitalismo caníbal. La corporación.

Título: Capitalismo caníbal. La corporación.
Autor: Joel Bakan
Editorial: Roinbook

Hace unos años, recomendado en algún foro de internet, vi un documental llamado “The Corporation” que trataba de las grandes corporaciones internacionales y como pueden ser definidas (hasta cierto punto) como personas (jurídicas) con una acusadísima tendencia a ocasionar daños a su alrededor. El documental hacía un repaso histórico desde su nacimiento y evolución a lo largo de los últimos siglos, y de como se ha acabado convirtiendo en un ente con personalidad propia. Una personalidad de psicópata.

Este libro es, en efecto, el origen de ese documental y, aunque a primera vista puede parecer un manifiesto anti-sistema debido a su extravagante portada sacada directamente de Stockimages, se trata de un muy convincente análisis histórico de las corporaciones, sus comportamiento y tendencias. Nos encontramos ante una estupenda narración que pretende ponernos en contexto para entender por qué las empresas actuales no se comportan como nos gustaría (eufemismo para su comportamiento a menudo criminal). Por último sus autores tratan de dar algunas ideas sobre como mejorar el sistema y como mejorar a las corporaciones, pero sobre todo sus autores insisten en que tomemos consciencia de algo muy simple: las corporaciones son construcciones legales, y el Estado es el garante último y único de la legalidad. Sin estado no pueden existir las empresas y en última instancia el Estado cuenta con la prerrogativa (poco o nada conocida pero muy real) de liquidar una empresa si considera que no contribuye al bien común o que puede ser un perjucio para el mismo (recordemos a Rumasa en España).
Estas ideas, datos y modelos, han conseguido que pase de pensar en el Estado como en un ente sobredimensionado y burocrático que debería tratar de adelgazar, a algo útil (aunque podrido a base de malos políticos), que mantiene al Estado democrático (o pseudo democrático) al mando de “los mercados” al permitirnos cerrar (aunque no se haga nada por amiguismo y cobardía) corporaciones dañinas como Lehman Brothers, Arthur Andersen, Monsanto, SGAE y demás calaña y castigar a sus responables sin tener que sentirse anarquista, comunista, socialista, fascista o cualquier otra clase de -ista.

Si lees este libro y te convence, es posible que acabes pensando tres cosas: 1) Que las empresas son una especie de prisión de Standford, 2) que tenemos mecanismos para mejorar la situación pero que no se acaban usando por falta de presupuesto y voluntad política, y por último 3) que por muy desesperada que sea la situación, aun no está perdida, solo necesita que tomemos consciencia de ella, y este libro es un buen comienzo.

En resumen, este es un libro interesante y altamente recomendable si trabajas en una empresa, y especialmente si quieres saber algo de la responsabilidad social corporativa, si no te acabas de creer lo de la sostenibilidad en los anuncios de la tele y si quieres otra perspectiva sobre la situación económica actual.

A continuación algunos pasajes de muestra que me llamó la atención:

 

[Un ejemplo de los peligros del rol y del sisteam de los que nos advertía Zimbardo] Pocos hombres de negocios discutiría el hecho de que sus decisiones deben, fundamentalmente, estar al servicio de los intereses de la empresa y sus propietarios. Como dijo Sam Gibara, antiguo director de Goodyear Tire: Si hicieras lo que realmente quieres hacer, lo que verdaderamente se ajusta a tus pensamientos y prioridades personales, actuarías de manera diferente. Pero como director ejecutivo no puedes hacer eso.

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“Intentas destruir a tus competidores, o quieres derrotarlos de una u otra forma”, declaró Hare, haciendose eco de las interpretaciones de Roddick y Barry, “y no te preocupa demasiado lo que pueda sucederle al público en general siempre y cuando compre tus productos”. Con todo, a pesar del hecho de que los ejecutivos deben a menudo manipular y hacer daño a otros en pro de los objetivos de la empresa, Hare subraya que no son psicópatas. Y dice eso porque pueden funcionar normalmente fuera de la corportación -“se van a casa, sostienen una cálida y amorosa relación con sus seres queridos, sienten amor por sus hijos, aman a sus esposas, y a decir verdad son amigos de sus amigos, a quienes no utilizan en beneficio propio”- [Es la capacidad de compartimentar sus vidas laboral y personal] es precisamente esta esquizofrenia, en palabras de Roddick, lo que les salva evitando que se conviertan en verdaderos psicópatas.
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Las empresas tratan de “manipularlo todo, incluyendo la opinión pública”, y son ostentosas, e insisten siempre en que “son líderes, los mejores, la empresa número uno”. La falta de empatía y las tendencias asociales son dos características clave de la entidad coporativa

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La liberalización [desragularizar, reducir el estado, dar libertad a las empresas] descansa sobre una sospechosa premisa: que las corporaciones respetarán los intereses sociales y medioambientales sin que el Gobierno tenga que obligarlas a hacerlo. Nadie en sus cabales se atrevería a sugerir seriamente que los individuos deberían autoregularse, o a decir que las leyes contra los asesinatos, los asaltos, y los robos son innecesarias porque la gente es socialmente responsable. En resumidas cuentas, y para mayor extrañeza, se nos pide que creamos que las personas corporativas -recuerdesé: psicópatas institucionales carentes de cualquier convicción de orden moral y que tienen el poder y la motivación para causar prejuicios y la devastación a escala mundial- deberían ser libres de autogobernarse.

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[…] los espectadores más jóvenes, hasta los ocho años de edad, no son capaces de distinguir un anuncio de la programación televisiva habitual. Para los vendedores, los expertos en marketing y las corporaciones para las que trabajan, esa vulnerabilidad manifiesta de los niños ante los anuncios es exactamente lo que hace de ellos un público objetivo atractivo. En el seno del universo psicopático de la corporación, la vulnerabilidad es una invitación a la explotación y no una razón para la protección.

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Los psicópatas humanos son conocidos por s habilidad para utilizar sus encantos a modod de máscara tras la que esconder sus personalidades peligrosamente obsesivas. Para las corporaciones, la responsabilidad social corporativa puede desempeñar ese mismo rol. Por medio de ella consiguen presentar un rostro compasivo y considerado con los demás, cuando, en sentido estricto, carecen de la capacidad de preocuparse por los demás o por cualquier otra cosa a excepción de si mismas.

 

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Una corporación tiende a ser más rentable en la medida en que logra que sean otros quienes paguen las facturas del impacto que sus operaciones provocan sobre la sociedad […] Hay una palabra terrible qe emplean los economistas para referirse a este fenómeno: externalizaciones. […] La corporación […] es una máquina de externalizar, igual que un tiburón es una máquina de matar. No es una cuestión de voluntad o malevolencia. [es su naturaleza misma]

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[Sobre EEUU, durante la crisis que Roosevelt subsanó mediante el New Deal] Muchos líderes empresariales de la época encontraban atractivo el fascismo, particularmente si lo comparaban con “el odio de clases que predica la Casa Blanca”, según la interpretación que Herbert Hoover hacía del New Deal de Roosevelt. Benito Mussolini y Adolf Hitler habían recortado drásticamente la deuda pública, controlando la inflación, rebajando los salarios, y asumido el control de los sindicatos en Italia y Alemania respectivamente. […] En su edición de julio de 1934, la revista Fortune ensalzaba las virtudes del fascismo y los milagros económicos forjados por Mussolini.

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Tal como notaba Aristóteles en su Política: “Cuando se ha invertido dinero para ocupar el poder, puede esperarse que naturalmente los compradores caigan en el hábito de intentar sacar algún provecho de la transacción”.

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[Según Chomsky] la privatización del sistema de la Seguridad Social, por ejemplo, está diseñada, siquiera parcialmente, “para socavar el muy peligroso principio sobre el que descansa el edificio de la Seguridad Social, a saber, que te preocupa el triste hecho de que aquella viuda que viste calle abajo no tenga nada que llevarse a la boca. Se supone que esto no debería preocuparte. Se supone que solo debes preocuparte por amasar más y más riquezas para tu disfrute, olvidándote de todo lo demás salvo de lo tuyo. Y lo mismo es aplicable a las escuelas. [Con la privatización] se está erosionando la solidaridad social sobre la que se asienta el sistema público, es decir, la idea de que me preocupa y es conveniente que el niño de mi vecino vaya a la escuela.

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[Acerca de las leyes de revocación de sociedades que JAMÁS se usan contra empresas grandes] Siempre han formado parte del derecho de sociedades. Sugieren la posibilidad de que un gobierno disuelva una corporación con la misma facilidad con que la crea, y simboliza la obvia aunque generalmente olvidada idea de que, en democracia, las corporaciones existen en virtud de la voluntad popular y bajo su soberanía. Tal como remarcaba Eliot Spitzer, fiscal general de Nueva York, en referencia a estas leyes, si “una corporación es condenada por la comisión de diferentes delitos que dañan o ponen en peligro las vidas de las personas o destruyen el medio ambiente, la corporación debería morir, debería ponerse fin a su existencia corporativa, de manera que sus activos deberían ser embargados y vendidos en subasta pública”.
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[En palabras del profesor Robert Benson, hablando de las leyes de revocación de sociedades] La gente supone erróneamente que tenemos que intentar controlar a estos gigantes corporativos reincidentes, vertido tóxico a vertido tóxico, despido a despido, una violación de los derechos humanos tras otra. Pero la ley siempre ha permitido que el fiscal general acuda al tribunal y simplemente disuelva una corporación por sus malas prácticas, y venda sus activos a otros que van a trabajar teniendo en cuenta el interés público.