Libro: Rarología

Titulo: Rarología

Editorial: Temas de Hoy (Grupo Planeta)

Llegué a coger este libro porque vi al tipo contando un par de anécdotas en un programa de Redes.

Como se puede deducir por el título, no es un libro demasiado serio, ni trata de serlo. 

Wiseman, psicólogo social y tipo peculiar, ha escrito un libro de divulgación bastante ameno, para hablar de experimentos, teorías, números y estadística relacionados con la psicología social.

Dado que se trata de un popurri de experimentos y resultados curiosos, Wiseman no ahonda en ningún aspecto de su disciplina, haciendo el libro ameno y fácil de leer, pero sin sustancia. Por eso solo es recomendable a quien tenga un sano interés en la ciencia y poco o nulo conocimiento sobre psicología social. Para todos los demás este libro es prescindible, o en todo caso entretenido si se lee rápido.

A continuación una serie de párrafos que me han parecido interesantes del libro.

[Acerca de la prueba “R”] Esta prueba rápida nos brinda una medida aproximada de un concepto conocido como “automonitorización”. Quienes tienen este concepto muy elevado tienden a dibujar la R de forma que puede ser leída por alguien en su frente. Los de un concepto de automonitorización bajo suelen hacerlo de manera que la letra R pueda ser leída por ellos mismos. ¿Qué tiene que ver esto con mentir? Los que tienen un alto concepto de automonitorización le dan mucha importancia a cómo los ven los demás. Se sienten felices siendo el centro de atención, pueden adaptar rápidamente su conducta a la situación en la que se encuentran y tienen habilidad para manipular la forma en la que los otros los ven. Como corolario suelen ser buenos mentirosos. Por el contrario, los que tienen bajo concepto de automonitorización suelen ser “la misma persona” en diferentes situaciones. Su comportamiento se guía más por sus sentimientos íntimos y valores y le dan menos importancia a su impacto sobre quienes están a su alrededor. También tienden a mentir menos en la vida y por lo tanto son menos hábiles para engañar.He presentado esta graciosa prueba a grupos de personas a lo largo de muchos años. Con el paso del tiempo noté que hay un pequeño número de personas que al saber de qué se trata el test, rápidamente se convencen a si mismos de que trazaron la R en la dirección opuesta a la que realmente lo hicieron. Estas personas tienen la capacidad de ignorar la evidencia que está frente a ellos y torcer los hechos para ajustarlos a lo que ellos quieren ser. Como resultado, la prueba suministra una indicación aproximada acerca de cuán bueno eres engañando, ya sea a los demás o a ti mismo.

[…] 


[Acerca de un experimento con fotografías falsas de hechos inexistentes de la infancia de los sujetos del experimento] Los participantes fueron entrevistados tres veces durante un periodo de dos semanas. En cada uno de los encuentros se les mostró las tres fotografías genuínas y la falsa, y se los alentó para que contaran todo lo que pudieran recordar acerca de cada una de las experiencias. En la primera entrevista casi todos pudieron recordar detalles de los sucesos verdaderos, pero un tercio dijo que también recordaba el inexistente viaje en globo, el cual algunos llegaron a describir de forma bastante detallada. Los entrevistadores les pidieron a todos que se retiraran y pensaran un poco más acerca de las experiencias. Para la tercera y la última entrevista, la mitad de los participantes recordaba el viaje ficticio en globo, y muchos describieron la travesía con algunos detalles. [Mención de otros experimentos similares sobre la falsificación de recuerdos] Una vez que una figura con autoridad sugiere que hemos experimentado un suceso, a muchos de nosotros se nos hace difícil negarlo y comenzamos a rellenar los huecos con nuestra imaginación. Después de un tiempo se vuelve casi imposible separar la ficción de la realidad y comenzamos a creer la mentira. El efecto es tan poderoso que a veces ni siquiera es necesaria la voz de la autoridad para engañarnos. Muchas veces somos perfectamente capaces de engañarnos a nosotros mismos. [Menciona un episodio de Ronald Regan contando la escena de la película “A Wing and a Prayer” como si fuera real]

[…]  


[Hablando de magos y sugestión] Mostré a un grupo de mis estudiantes una cinta de vídeo en la cual un mago aparentemente utilizaba el poder de su mente […] para doblar una llave de metal. Luego puso la llave sobre una mesa, se partó y dijo “Miren, es sorprendente, la llave se sigue doblando”. Posteriormente se interrogó a todos los estudiantes acerca de lo que habían visto. Más de la mitad estaban seguros de que habían visto que la llave continuaba doblándose mientras estaba sobre la mesa, y no tenían ni idea de cómo […] Una dramática ilustración de cómo un embaucador experto puede servirse de años de experiencia para pronunciar una frase con tanta convicción que la gente cree ver lo imposible suceder delante de sus ojos.

[…] 


[Sobre un experimento de sugestión en la venta de un aro con una cadena comprados en una ferretería] Nos acercábamos a las personas pidiéndoles que sostuvieran en su mano el aro de bronce o la cadenilla, y nos dijesen si percibían algo extraño. Como era de esperar, nadie informó de nada. […] Al siguiente grupo de transeúntes le expliqué que yo era un psicólogo que había diseñado dos objetos para lograr que la gente sintiera algo inusual, y estaba comprobando su efectividad. Nuevamente las personas los sostuvieron en sus manos. Esta vez las reacciones fueron muy diferentes. Mientras que previamente habíamos encontrado sólo expresiones impasibles, ahora la sugestión comenzó a trabajar sobre sus mentes. Los participantes comenzaron a informar toda clase de efectos ligeramente raros. Algunos dijeron que los objetos los hicieron sentir relajados. A otros les produjeron una sensación de hormigueo. A menudo percibían el efecto con uno de los objetos y no con el otro y estaban ansiosos por saber la diferencia entre ambos. Cuando les pregunté cuanto pagarían por ellos, estimaron entre cinco y ocho libras esterlinas. Hasta aquí empleamos únicamente la sugestión verbal. Ahora era el momento de agregar algunos elementos visuales a la presentación. Vestí una bata blanca de laboratorio y compré dos cajas baratas para el aro de bronce y la cadenilla. [Durante las presentaciones] Les expliqué que buscaba a personas que me dieran sus comentarios honestos acerca de los dos objetos, que estaban destinados a evocar algunas sensaciones extrañas. En esta ocasión las reacciones fueron aún más extremas. Una persona dijo que el aro de bronce la hacía sentir embriagada. Otro dijo que la cadenilla cromada le provocaba la sensación de que sus manos eran magnéticas y se atraían la una a la otra. Una mujer dijo que percibía electricidad corriendo por sus manos. Era una demostración dramática de cómo la sugestión puede ser utilizada para despojar fácilmente a los ingenuos de su dinero. ¿Cuanto estaban ahora dispuestos a pagar por el aro de bronce de cincuenta peniques y la cadenilla de dos libras? Las estimaciones fueron de entre quince y veinticinco libras esterlínas.

[…]

[Hablando de un experimento de con carteles grandes y pequeños, jardines y vecinos] Es un ejemplo llamativo acerca de cómo crear cooperación. Si logras que la gente acepte lo pequeño, será mucho más fácil persuadirlos de que nos e preocupen por lo grande.

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