Libro: Reglas para revolucionarios

Título: Reglas para revolucionarios
Autor: Guy Kawasaki
Editorial: Martínez Roca

Este libro lo empecé motivado por la buena sensación que me transmitió Kawasaki en “El arte de empezar“. Se trata de una obra anterior del mismo autor, tan anterior como que la separan 6 años en la edición española. Todo un abismo en cuestión de tecnología, pero que a nivel de marketing y de proyectos empresariales son apenas un suspiro.
El espíritu de ambos libros es esencialmente el mismo: transmitir la experiencia de Kawasaki en sus diferentes empleos de responsable de marketing y en su faceta de empresario. Aunque posiblemente debido al tiempo transcurrido, se nota que este libro está peor estructurado, abusa de historias ajenas y resulta más disperso y “agitador publicitario” por lo que aunque útil, diría que se trata de una obra peor, o como podría decir el propio Kawasaki, un prototipo o versión inicial, aunque también útil para emprendedores, autónomos o cualquiera que forme parte de un proyecto empresarial, especialmente (que no exclusivamente) de perfil PYME y del ramo de la publicidad o ventas.
En resumidas cuentas se podría decir que este libro está más orientado a ilusionar y vender que “El arte de empezar” y como en este último, hay tanta información que sería injusto hablar más sobre el mismo y resulta mucho más práctico citarlo o directamente leerlo. Allá voy:

“Es un modelo agotado […] el típico trabajo de oficina donde el empleado está atado, no puede crear, no puede sentirse protagonista de nada y no es productivo porque termina aprendiendo todos los vicios habituales para no hacer nada. No puedes pasarte quince años de tu vida viendo la misma cafetera, yendo al mismo lavabo y teniendo los mismo compañeros. En realidad, como trabajador tienes una vida útil de unos dos años para una empresa, antes de adoptar todos los vicios de la rutina. Por eso es positivo trabajar por proyectos, porque siempre sientes el desafío, la novedad”. De paso, es una forma de tomar las riendas de la propia carrera profesional, que no queda en manos de un empleador que tome la decisión de ascender o no a un empleado, sino en las del trabajador mismo, que decide en qué proyectos se involucra de acuerdo con sus expectativas e intereses.

[Sobre un estudio de mercado sobre el radiocasete portátil MovingSound] En las dinámicas de grupo la inmensa mayoría de los adolescentes se decantó por el amarillo. Finalizada la evaluación, Philips agradeció su participación regalándoles un MovingSound. En el exterior de la sala de pruebas colocaron una pila de radiocasetes amarillos y otra de negros. Casi todos los adolescentes se llevaron un aparato negro.
Se trata de un excelente ejemplo del siguiente principio: “No preguntes, limítate a observar”.

¿Alguna vez has visto el informe de un consultor en el que recomendara soluciones ajenas a su campo de experiencia?

Richard Feynman explica la célebre anécdota de cómo llevó a cabo su investigación de la explosión del Challenger. Se reunió con los técnicos que se ocuparon del transbordador mientras el resto del comité investigador recibía información desinfectada y servida en bandeja de manos de los encargados del proyecto.

Si se quejan, los clientes siguen dispuestos a seguir tratando contigo. Cuando dejan de quejarse debes empezar a preocuparte.

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