Libros malditos, malditos libros

La semana pasada asistí gracias a la casualidad a una tertulia abierta titulada “libros malditos” en la librería Hojablanca situada en el casco histórico de Toledo (España). Llegué buscando un libro para un regalo a eso de las seis y media de la tarde y me topé con algunos asistentes a una tertulia llamada “libros malditos” que empezaba en pocos minutos intercambiando opiniones sobre libros de brujas, libros religiosos del antiguo Egipto y cosas similares. Después de escuchar un rato y preguntar sobre la tertulia, decidí quedarme y la verdad es que pasé un rato muy interesante y entretenido escuchando a los asistentes hablar esencialmente sobre el Necronomicón, el Libro de los muertos, el manuscrito Voynich y El martillo de las brujas, y también divagar sobre cosas más extrañas como el Libro de Enoch, el lenguaje de los pájaros, El triunfo de la voluntad o El regreso de los brujos y de pasada sobre una idea en la que había estado reflexionando precisamente el día anterior: leer libros, ¿puede ser peligroso?

Tengo que decir hace tiempo que sospechaba que leer libros o en general consumir información de cualquier clase (televisión, radio, periódicos, Internet…) puede llegar a ser dañino a nivel intelectual y quizá en casos extremos, a nivel físico (propio y ajeno) si pervertimos en extremo nuestra capacidad de raciocinio; sin embargo ha sido hasta escuchar opiniones contrarias en esa tertulia que me he convencido de que realmente hay argumentos de peso para apoyar mis sospechas. Intentaré explicarme.

Hace ya mucho tiempo que se (como cualquier adulto con dos dedos de frente) que determinados medios de comunicación y determinadas personas son de todo menos fiables cuando comunican una información, por lo que procuro mantener en alerta mi sentido común y crítico ante lo que me llega de ellos en particular y con toda información en general, y hasta hace poco suponía que con eso era más o menos suficiente para mantenerme a salvo de influencias interesadas y chorradas varias. Sin embargo recuerdo como en el libro “Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas” se exponían varios casos de personas que daban por buena información completamente errónea por haber sido expuesta a ella en determinadas circunstancias. Estos ejemplos de cómo podemos asimilar información errónea que se salte las barreras del pensamiento crítico en multitud de ocasiones y sin darnos cuenta formaban parte de una parte del libro que exponía entre otras cosas, la facilidad con la que todo el mundo se acaba tragando información falsa si se la dan de determinadas formas, algo que bien conocía Goebbels, ministro de propaganda del tercer Reich, así como los departamentos de propaganda de la postguerra o los actuales gabinetes de comunicación políticos. Por supuesto, una información errónea no tiene por que ser un problema, pero cuando la información errónea es excesiva o se trata de información clave, nuestro sistema de razonamiento (alias: razón o sentido común) se pervierte hasta un nivel en el que seguramente comenzamos a ser un peligro para nosotros mismos y lo que nos rodea, como sucedió en la Alemania nazi, en Salem durante su famosa caza de brujas o en las sectas apocalípticas que acaban con un montón de gente envenenada o pegando tiros.

Y son esos hechos documentados, sobre lo fácil que es tragarse una milonga en determinadas situaciones y añadirla a nuestro cuerpo de conocimientos lo que me ha convencido de que leer determinados libros (o revistas, o periódicos, o webs…), puede ser dañino para cualquiera, alterando el juicio y la razón, sin que uno se de cuenta de la intoxicación y transmitiéndola en la más pura tradición memética o como si de una invasión de los ladrones de cuerpos se tratase, y es algo contra lo que uno debe estar advertido si quiere empezar a levantar alguna defensa en una época a veces mal llamada “de la información”, en la que recibimos bombardeos informativos impensables hace 100 años a través de múltiples medios y con diversos objetivos políticos, comerciales o personales. Creo que ya no es suficiente con afilar el pensamiento crítico, creo que hay que llevar la profilaxis más allá y dejar de consumir determinados medios marcadamente parciales o interesados, para minimizar el riesgo de infección. Pero cuidado, no hablo de censurar sino de ejercer nuestro derecho a ciertas personas y medios como pueda ser Jiménez Losantos o El País, que han demostrado sobradamente su parcialidad (por usar un eufemismo) a lo largo de años de comunicar medias verdades y mentiras. E incluso me atrevería a ir un paso más allá y recomendar que dejemos de consumir únicamente lo que nos “gusta” y tratemos de consumir regularmente otras cosas, nuevas, de opinión contraria o simplemente alternativas, para no quedar polarizados en un pensamiento de fuente única que nos impida detectar las falacias que todos damos por supuestas.

Por último quiero decir que esta década (2000-2010) me parece un momento perfecto para ejercer la higiene mental gracias a la existencia de multitud de medios, con opiniones de todo tipo, donde podemos escuchar voces disidentes o alternativas, donde podemos debatir, comentar o comprobar las fuentes y alzar nuestra propia voz, aunque nadie o casi nadie la escuche. Esto es, me parece que Internet, con sus blogs, medios online, portales y foros, es una herramienta fundamental en la implantación de medidas de salud informativa y me gustaría que siguiera siéndolo.

Nota: Imagen obtenida de la Wikipedia.

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Privacidad, sueldos y pecados


El otro día estuve hojeando el Investigación y Ciencia de noviembre dedicado a la seguridad y la privacidad. En general no dice nada realmente nuevo sobre lo que cualquier interesado o paranoico sepa a día de hoy si se mantiene informado, sin embargo si hace un muy buen repaso al estado actual de la privacidad y señala los frentes que hay abiertos y objetivos interesantes a corto y medio plazo como son las redes sociales tipo Facebook.

Lo que realmente me llamó la atención en uno de los artículos fue un algoritmo sencillo (de los de papel y lápiz) para compartir información común sin desvelar información propia. A pesar de que juraría haber visto algo sobre el tema en libros de criptografía y seguridad en el pasado, no fue hasta ese artículo que se me ocurrió una aplicación práctica en mi entorno para este tipo de técnicas matemáticas: conocer el sueldo medio de un grupo sin que nadie tenga que revelar el propio.

La razón de este interés es que a lo largo de mi carrera como profesional he visto en varias ocasiones como el compartir la información de sueldos concretos despertaba en algunas personas envidia y codicia que a pesar de ser pocas, acababan afectando el funcionamiento del grupo de manera bastante ruin cuando descubrían que alguna persona cobraba por encima de alguien en particular. El problema a mi entender era que en algunos casos, las grandes diferencias de sueldo entre el mayor y el menor sueldo generaban pura y llana codicia sacando lo peor de algunas personas, por lo que mi posición hasta ahora al respecto, por el bien de las relaciones en el grupo, era negar información sobre mi sueldo de la manera más amable posible (aunque mi sueldo suele estar en la media por lo que veo en Infojobs y me salto la regla si conozco bien a la persona como para pensar que no va a afectarle [hola chicos :-)]) a la vez que he procurado no preguntar sobre sueldos particulares a nadie de mi entorno directo sin antes de conocerle lo suficiente (sin embargo si he preguntado un par de veces sobre sueldos medios a compañeros de otras empresas).
En fin, que en un par de ocasiones, a la hora de pedir una revisión salarial me he encontrado con la necesidad de conocer los sueldos medios de mi entorno inmediato, pero sin poder preguntar directamente sobre sueldos en mi grupo de trabajo. Y ahí es donde el algoritmo me ha encendido la bombillita al mostrar una manera de compartir en el grupo la cifra de sueldo medio sin que nadie tenga que decir lo que cobra.

Sobre el algoritmo, la revista dice lo siguiente aplicado a un problema de “conocer el peso medio de 3 personas”.

Cálculos en compañía

La evaluación segura de funciones permite que un grupo de personas calcule cualquier cosa a partir de datos privados de cada uno, sin que nadie revele sus propios datos en el proceso.

Alicia, Juan y Marta quieren calcular su peso total, sin que ninguno revele su propio peso.

Cada persona elige tres números, o “porciones”, entre 0 y 1000. Dos porciones se eligen al azar y la tercera hace que el total sea igual al peso de la persona módulo 1000. Por ejemplo, Alicia, para su peso de 54 kilogramos, emplea 300, 550 y 204, que totalizan 1054.

Luego, cada uno entrega dos de sus porciones a los otros por separado.

Seguidamente, cada uno suma la porción que se quedó y las dos recibidas de los otros participantes, otra vez módulo 1000.

Y comunica el resultado a los otros dos.

Cada uno suma los tres números y así obtiene el peso total (módulo 1000), sin que ninguno pueda averiguar el peso de los otros.

Un método más complicado permite a un grupo multiplicar números privados. Sumando y multiplicando bits, podría calcular todo lo que pueda evaluar un ordenador a partir de sus datos privados. El sistema completo protege también contra quienes se apartan de las reglas.

Tras realizar en papel (que poco tecnológico me estoy volviendo) la comprobación de que el algoritmo expuesto funciona también con 4 “jugadores” intentaré probarlo en mi último grupo de trabajo a ver que tal respuesta hay, pero estoy seguro de que este algoritmo le puede ser útil a muchas otras personas. Lo único que me gustaría aclarar es que a mayor número de implicados, más pesado se vuelve el intercambio de porciones, al tener que usar tantas porciones como personas implicadas, pero con números pequeños (5-8) debería ser muy manejable.

Se puede acceder a un interfaz básico que he programado en ASP.NET con VB.NET para realizar los cálculos de porciones individuales para un número de entre 3 y 99 jugadores en mi sitio web Aneode pero como ya he dicho antes, el cálculo se puede hacer a mano. En cualquier caso, recordemos que cada jugador, solo debe conocer una de nuestras porciones, nunca varias, y una de nuestras porciones queda en secreto para el resto de jugadores. Ah y si alguien no sabe de que va lo de módulo 1000, no es más que restar mil a cualquier número que haya resultado superior a mil (1236 pasaría a ser 236). Después solo quedaría realizar la suma final de los totales individuales y dividir entre el número de jugadores para obtener el sueldo medio del grupo.

De todos modos aunque este método debería eliminar envidias y suspicacias, no va a detener a alguien codicioso que vea que está demasiado cerca del salario medio aunque sea por encima y tampoco va a eliminar a alguien envidioso con algún toque de paranoia que podría acabar mirando a todo el mundo como posible sospechosos, pero aun así debería ser de utilidad al mantener en secreto las cifras individuales. Adicionalmente se me ha ocurrido que el sistema podría fallar parcialmente (por el lado humano claro) si se realizan ciertas cosas como por ejemplo:
Si en un grupo de 3 personas dos comparten su cifra salarial, el tercero queda al descubierto al poder usarse el dato medio, más las dos cifras de los chivatos. Esto debería ser también así para grupos más grandes con un mayor número de chivatos.
Si un grupo de N personas realiza el cálculo y más adelante llega un nuevo jugador con el que se repiten los cálculos, se puede obtener la cifra del nuevo jugador de manera muy simple. Es decir que si un equipo de 10 jugadores hace el cálculo y se repite el cálculo con 11, los 10 jugadores iniciales, pueden calcular la cifra individual del nuevo jugador.
De lo anterior supongo que puede deducirse que si dentro de un grupo, con el cálculo realizado, un subgrupo empieza a recalcular las cifras dejando al margen un jugador cada vez, podrá ir obteniendo cifras individuales tranquilamente.
Así que debo aconsejar que si alguien quiere usar el algoritmo, debiera hacerlo solo en grupos de más de 3 personas, y advertir a nuevos jugadores del sueldo medio inicial y el problema de seguridad que supone el recalcular cifras, ya que es fácil dar al traste con la privacidad si no cuidamos esos detalles.

Y en principio no veo más problemas asociados a esta versión del algoritmo. Habrá que ver si la versión completa que menciona el artículo contiene mejoras que permitan privacidad extra incluso en caso de “traición”, pero eso sería motivo de otro post…

Así que eso es todo. Si alguien se anima a usarlo, quiere señalar debilidades adicionales, errores míos o aplicaciones prácticas alternativas, queda invitado a comentar al respecto.

Nota: La imágen ha sido obtenida de Yerusha.

Ilusión de seguridad y privacidad

En una discusión de Barrapunto de hace un mes o dos si no recuerdo mal, uno de los usuarios comentaba la existencia de software para la identificación de un mismo autor a partir del análisis de textos independientes escritos por el mismo. Es decir que mediante un proceso automático, podría ser capaz de identificar a un mismo usuario del foro aunque este escribiese bajo seudónimo o de manera anónima, o lo que es lo mismo: adiós al anonimato de lo que se escribe en la internet. Eso me trajo a la memoria una nota de un Investigación y Ciencia de abril de 2005 que decía lo siguiente (cito del artículo original, las negritas son mías):

Escritores fractales

La ley de Zipf liga la frecuencia con que una palabra aparece en un texto con el número que le corresponde en la lista ordenada de las palabras más usadas en él, en concreto, ese número es inversamente proporcional a aquella frecuencia. Las leyes estadísticas con la forma de la inversa de una potencia establecen frecuencias relativas que no dependen de la escala. Es la característica propia de la fractalidad. Relaciones de este tipo son muy habituales en multitud de fenómenos. Dos brasileños las han encontrado también en la literatura.

Al examinar los cuentos de Virginia Woolf, D. H. Lawrence, James Joyce y Katherine Mansfield, han dado con una variante literaria de la ley de Zipf: el número total de palabras de un relato es inversamente proporcional a una potencia de la razón entre el número de palabras distintas con que está escrito y el propio número total de palabras. Pero la conclusión más interesante de este trabajo es que el valor concreto de esa potencia y de la constante de proporcionalidad sirven para identificar a cada escritor.

Hasta el comentario en Barrapunto no tenía ni idea de que ya se podía usar esa tecnología para la identificación de textos relativamente cortos como puede ser un comentario o grupo de comentarios en un foro, pero no me extrañó lo mas mínimo habiendo pasado 3 años desde entonces.

El problema es que esa tecnología, aun en caso de no ser exacta (supongo), no hace sino acrecentar el montón de tecnologías que sirven para echar por tierra cualquier avance en seguridad y privacidad. Por ejemplo, hace poco leía que pueden hacerse copias de llaves a partir de una foto digital, además hace tiempo que todo el mundo sabe que los protocolos de seguridad de los routers WIFI, son tan débiles como para romperse en minutos. También estamos al tanto de que los sistemas operativos que usamos a diario en casa, en la calle y en la oficina tienen vulnerabilidades y puertas traseras, y eso si no tenemos la suerte de estar ya infectados con un rootkit de Sony o algo peor como troyanos de redes zombis. Por supuesto nunca olvido que las personas que deberían cuidar de la seguridad (o sea, todos) somos precisamente eso: personas; es decir, humanos, y por lo tanto en ocasiones corruptos, en ocasiones interesados y siempre descuidados.

Por todo lo expuesto, y otro millón de cosas como el ver cada mes como la gente se salta los sistemas de seguridad de Google o los DRM de la industria de contenidos, hace tiempo que pienso que la privacidad es y será cada vez más débil y que llegará un momento en que lo único que podremos hacer para evitar que nuestra información privada o empresarial sea hecha pública por terceros es hacerla pública nosotros mismos. En algún momento, posiblente cercano, nos encontraremos viviendo en una sociedad transparente, que ya comenté en su día, y que como señalé quizá había sido vaticinada por Asimov en uno de sus relatos, en la que no habrá secretos y que no tengo ni idea de cómo podrá funcionar, si lo hará mejor, o peor, o si podrá funcionar siquiera, pero que cada vez está más cerca.

En fin, que como se suele decir sobre la seguridad (y por extensión, de la privacidad): la seguridad total no existe. Y yo añado: y cada día va a menos.

El jardín Zen miniatura

El otro día mi madre me regaló un jardín Zen en miniatura, de esos que vienen cajas de madera y llevan una especie de arena y algunas piedras para disponer sobre ella. Al principio me pareció una idea pésima pero al empezar a jugar con el, la verdad es que entretiene bastante así que le he acabado tomando cariño.

El tema Zen es algo que siempre me ha interesado como parte del budismo, pero hasta ahora siempre había pasado por encima del tema de los jardines centrándome en otros aspectos como el zazen, haikus y koan. Ahora que me ha dado por mirarlo un poco, puedo decir que los jardines Zen datan al menos del siglo VIII y llegaron a Japón desde China, pero no es hasta finales del siglo XIV en el llamado periodo Muromachi cuando se menciona a las miniaturas como la que tengo para contemplación y meditación. Es bueno saber que no todo el merchandising oriental es 100% falso como las galletas de la suerte.

En cuanto al uso del jardín, al parecer se trata de un elemento de meditación sobre la vida, donde las piedras representan obstáculos que permiten crecer como personas y se distribuyen por el jardín. Sobre cómo debe ser un jardín no he visto instrucciones claras más allá de usarlo sin miedo, a nuestro gusto, como herramienta de control del estrés, de meditación sobre nuestra vida y problemas y como ornamento, así que lo único que debemos hacer es distribuir a nuestro gusto las piedras y rastrillar la arena como deseemos aunque con calma y atención. Eso si, se supone que lo ideal es realizar diseños nuevos en nuevas situaciones y al parecer, se le puede añadir velas, caracolas, conchas y supongo que cualquier cosa que case bien si no somos puristas de alguna escuela Zen en particular, aunque creo que yo dejaré el mío solo con arena y piedras.

Por si alguien está interesado en comprarse uno de estos jardines, solo advertir que la arena que trae es muy fina por lo que es fácil que vuele por la casa y acabe rallando suelo y muebles de madera. Como solución al problema se me ocurre cambiar la arena por gravilla pequeña, que es más “rústica” y menos volátil, pero no es algo que vaya a realizar a corto plazo.

Probando el Photosynth de Microsoft

Anteriormente me impresionaron las tecnologías que estaba desarrollando Microsoft y hablé de ellas, pero hasta hace poco, no he podido probar una de ellas, Photosynth de manera directa.
Recordemos que Photosynth es una herramienta que puede componer un entorno tridimensional en base a una serie de fotos normales y corrientes que le suministremos y por ello podemos movernos a través de esa serie de fotos con una experiencia muy cercana a lo que sería moverse por el entorno real.

Gracias al tiempo del que dispongo ahora por la crisis (ejem) he realizado una serie de fotografías del casco antiguo de Toledo, donde vivo. Las fotos las he realizado tras leerme la guía de uso de Photosynth, pero soy novato en su uso, así que imagino que el resultado podría ser mucho mejor aunque creo que da una idea aproximada de lo interesante que resulta.
Las galerías que he realizado, mayoritariamente con mi Pentax Optio S50, se encuentran en mi cuenta de usuario de Photosynth y al parecer pueden verse con Explorer y Firefox, y contienen los monumentos siguientes:

  1. Puente de Alcántara. De pasado romano y con leyenda. Para probar las posibilidades a la hora de trazar una ruta abierta. Ver synth.
  2. Calle del Comercio. Ruta obligada para ir desde la plaza de Zocodover hasta el Alcázar. Para probar que tal quedan las rutas de calles cerradas. Ver synth.
  3. Interior de la Puerta de Bisagra. De cuando Carlos V el emperador residía en Toledo. Me pareció un ejemplo de libro al ser esencialmente una habitación cuadrada. Aquí usé la cámara de mi K800i. Ver synth.
  4. Fachada lateral del Museo de Santa Cruz visto desde el antiguo mercado del Martes. Los salientes me parecieron interesantes para probar otro de los ejemplos del manual. Ver synth.

Sobre el uso de la herramienta, debo decir que es bastante sencillo. Hay una parte web que mediante un plugin para Internet Explorer nos permite navegar tridimensionalmente por los synths amén de otra serie de funciones como mostrar la nube de puntos comunes. Y hay una parte cliente que se instala en nuestro ordenador y que nos permite cargar fotos para generar un synth de manera relativamente ágil.
Hasta donde he leído en los foros de usuarios, el uso de Seadragon junto con el espacio de 20 Gigas que se nos da para subir fotos garantiza que podemos hacer galerías con fotos de gran tamaño (5 o más megapixels) y que se visualizarán de manera muy ágil (para eso se usa Seadragon) así que lo único que nos debe dar quebraderos de cabeza es el caudal de subida de nuestro ADSL o Cable que en España suele ser un tanto ridículo, aún así yo he optado por reducir las fotos de tamaño hasta los 1600×2000 pixeles para no tardar demasiado.
La mayor pega que le encuentro es sin embargo el enorme número de fotos que hay que realizar para obtener algo decente, aunque por lo que he visto nada impide que cojamos una cámara de vídeo, hagamos unas tomas de lo que deseemos y luego exportemos los fotogramas a imágenes, aunque solo lo veo útil para uso intensivo. Además he notado que la herramienta solo funciona bien para tomas relativamente horizontales, o al menos las fotos que he tomado de techos, no las he encontrado incluídas en el synth del puente.
En cuanto a tema curioso está el que el cliente desktop para generar los entornos 3D nos deja elegir que tipo de licencia de uso le aplicamos, desde una restrictiva de “All Rights reserved” a una de dominio público pasando por varias versiones con diversas restricciones de “Creative Commons”.
Así que mi sensación actual, es que nos encontramos ante una tecnología interesante pero que no va a ir a ningún lado en su estado actual, excepto para casos específicos que requieran de multitud de detalles espaciales y de imagen para un edificio o lugar, como podría ser en arquitectura o turismo, ya que requiere para funcionar de un trabajo relativamente grande que no creo que nadie quiera llevar a cabo sin una razón profesional o mucho tiempo libre.

Libro: El placer de descubrir

Libro: El placer de descubrir
Autor: Richard P. Feynman
Editorial: Critica

Hacía algún tiempo que quería leer algo más de Feynman, tanto por lo poco que conocía de el, como por recomendaciones varias, y decidí comenzar con este libro en concreto por ser el que más a mano tenía.
El libro es una recopilación de diversos textos escritos por Feynman y entrevistas realizadas al mismo a lo largo de su vida, y deja constancia de las ideas del físico acerca de muchas cuestiones tanto científicas como sociales. En particular resulta interesante ver como Feynman tenía una idea de los títulos y personalidades que haría avergonzarse a más de uno hoy día (determinados políticos, ingenieros o eclesiásticos entre otros), y también que tenía un grandísimo sentido del humor acorde su inteligencia que por lo que se ve, debía ser tan vasta como sus intereses (robo, fisiología, pensamiento crítico…).
En realidad es un libro de fácil lectura debido tanto a su estructura de entrevistas, como a su extensión de 200 páginas. Facilidad que no se ve empañada en absoluto cuando entra a hablar de física teórica o ecuaciones (muy pocas veces). Sin embargo es esa misma facilidad de lectura la que deja cierta sensación de “vacío” al terminar su lectura, ya que no se profundiza en ningún tema en particular más allá de lo necesario para divulgar sus ideas. En resumen se podría decir que este libro gustará a los amantes de la divulgación de Carl Sagan, los interesados en el pensamiento crítico, buscadores de inspiración para hacer ciencia y cualquier interesado en la historia de la ciencia teórica. Así que mi veredicto es que el libro es recomendable como lectura para el interesado en La ciencia, pero para nada indispensable.

Actualización: Había olvidado añadir una cita del libro. Creo que esta va perfecta:

Feynman: […] He aprendido a vivir sin saber. No tengo que estar seguro de que estoy teniendo exito y, como dije antes acerca de la ciencia, pienso que mi vida es más plena porque soy consciente de que no sé lo que estoy haciendo. ¡Estoy encantado con la anchura del mundo!

Omni: Cuando volvíamos del despacho, usted se detuvo para discutir  una lección sobre visión de los colores que va a impartir. Eso está muy lejos de la física fundamental, ¿no es cierto? ¿No diría un fisiólogo que usted entra en un “coto reservado”?

Feynman: ¿Fisiología? ¿Tiene que ser fisiología? Mire, déme un poco de tiempo e impartiré una lección sobre cualquier cosa de fisiología. Estaré encantado de estudiarla y descubrir todo sobre ella, porque puedo garantizarle que sería muy interesante. Yo no sé nada, pero sé que todo es interesante si se profundiza en ello lo suficiente.
Mi hijo también es así, aunque sus intereses son mucho más amplios que los míos a su edad. Él esta interesado en la magia, en la programación de ordenadores, en la historia de la iglesia primitiva, en topologían… ¡Oh!, él va a vivir una época ajetreada, ¡hay tantas cosas interesantes! Nos gusta sentarnos y hablar sobre lo diferentes que podrían ser las cosas de lo que esperamos; tomemos los aterrizajes de las Vikíngo en Marte, por ejemplo, estamos tratando de pensar cuántas formas de vida podría haber que no se pudiesen descubrir con ese equipo. Sí, Se parece mucho a mí, de modo que he transmitido esa idea de que todo es interesante al menos a otra persona. Por supuesto, no sé si eso es bueno o no… ¿Ve usted?