Ideas sobre el futuro inmediato de la informática


Hace ya unos cuantos años leí un artículo sobre la realidad aumentada personal con la que estaban experimentando en el MIT, y me pareció algo sumamente interesante pero impracticable dado enormes aparatos que llevaban a cuestas (cámaras, CPUs, teclados, pantallas y baterías), ya entonces conocía un ejemplo de realidad aumentada en los HUD (Head Up Display) de algunos aviones caza de los EEUU.
La gente del MIT consideraba que algún día llevaríamos unas gafas que realmente serían pantallas de vídeo, que nos permitirían integrar la informática con sus capacidades de comunicación y memoria a nuestro día a día, de manera que pudiésemos disponer por ejemplo de una ficha con datos como nombre y último encuentro de un interlocutor cuyo nombre no recordásemos o un Tom Tom personal. Algo parecido a la visión de Terminator, pero con utilidad social. Hoy todavía no disponemos de esos aparatos, pero se empiezan a ver coches que implementan sistemas de guía a la conducción similares a los HUD de los cazas norteamericanos y en nuestros teléfonos móviles de gama media podemos acceder a información interesante sobre nuestro entorno inmediato gracias a técnicas de localización LBS o GPS integrada con servicios de guías informáticas (Google Maps, Páginas Amarillas…), con lo que podemos localizar algo de nuestro interés en las proximidades o directamente consultar sobre lo que se nos pase por la cabeza usando el navegador que llevan todos los móviles de gama baja, media y alta a día de hoy. Esos son ejemplos del estado actual de las tecnologías de realidad aumentada y aunque están entre nosotros, son muy útiles y parece que van a avanzar mucho más de las expectativas originales del MIT, nadie habla demasiado de ellos y se toman como algo perteneciente a la “webdoscero” que tanto aborrecemos algunos. Desde aquí quiero señalar la importancia que a mi juicio tienen y tendrán estos servicios debido a la ubicuidad cada vez mayor de la computación y las comunicaciones de datos móviles y su entidad propia no como un contenido del cajón de sastre de la Web 2.0 que nos han estado vendiendo algunos interesados.
Estoy seguro de que servicios sociales como Facebook (entre muchos otros), con su versión móvil si juegan bien sus cartas podrán ser abanderados de esta evolución que está suponiendo la comercialización de terminales “baratos” de completas características como el G1 de HTC/Android junto con la aparición de tarifas de datos móviles razonables como las de Yoigo en España. En general es de suponer que las redes sociales, que tanto han dado que hablar, unido a tecnologías como Bluetooth, GPS, cámaras, y el 3G y sus descendientes, conseguirán que un día que probablemente veré, la visión del MIT se haga realidad aunque seguramente sin gafas.
En mi opinión (y no soy el primero ni el único) hay mucho sitio al fondo que diría Feynman para innovar o generar imperios digitales sobre servicios de realidad aumentada y como ejemplos se me ocurren los siguientes. Sírvase de implementarlos libremente quien lo desee, estaré encantado de ayudar o de disfrutarlos si el precio es inexistente o al menos razonable:

  1. Como bien pude comprobar el otro día, podría desarrollarse una aplicación que nos permitiese mediante la cámara de nuestro móvil leer el código de barras de un libro para acceder a críticas de nuestra web social de lectura favorita para decidir sobre su compra o simplemente para recibir sugerencias adicionales. Aunque no tendríamos por que detenernos en los libros, habiendo una ingente cantidad de productos etiquetados, desde la electrónica de consumo o los DVDs hasta la alimentación. El beneficio sería poder entrar en una librería o biblioteca y seleccionar el libro más adecuado a nuestros gustos sin tener que fiarnos de la cubierta o emplear demasiado tiempo hojeándolo, o en el caso de alimentos seleccionar la mejor relación precio.
  2. Viviendo en Toledo, ciudad monumental con oleadas diarias de turistas de todo el mundo, no me extrañaría ver triunfar una aplicación que permitiese identificar los monumentos mediante la cámara del terminal móvil y el GPS para añadir información de guías o de turistas anteriores que permitiesen disfrutar mejor de la historia de cada monumento o que nos permitiesen saber desde donde realizar la mejor foto o el mejor sitio para visitar a continuación. Aquí resulta evidente que debería haber un servicio de turismo online como Lonely Planet o una red social de viajeros o institucional del lugar. A mi me encantaría poder perderme en alguna ciudad como Florencia y apuntar con el terminal a una fachada para conocer su historia o la cafetería más cercana. (NOTA: Como era de esperar ya hay gente trabajando en ello en Prisma)
  3. Peligrosidad. Si nuestro terminal nos avisase de la existencia de puntos negros en una carretera, o en ciudad para los peatones, o simplemente de la existencia de robos, carteristas y asesinatos allí donde estuviésemos o en las proximidades, podríamos protegernos mejor evitando el lugar o manteniéndonos más alerta. Ideal para turistas también, pero seguramente se necesitaría de un servicio de información estatal tipo Guardia Civil, policía local, o similar. Seguramente muchos turistas pagarían una cantidad por recibir alertas en tiempo real sobre su seguridad en el extranjero, incluyendo temas climáticos como huracanes o de terrorismo.
  4. Logística de compras. Hoy día, con las webs de supermercados, la falta de tiempo y la crisis económica podría ser muy cómodo, en vez de hacer una lista de la compra a mano y con papel, poder leer los códigos de barras de los productos que hemos ido agotando (una foto antes de tirar el envase a la basura bastaría) y recibir o bien un aviso en el momento en que pasemos cerca de un sitio que lo venda o bien tener una lista de los lugares donde deberíamos acudir a comprar en función del precio de los artículos de la lista. Puede que incluso pudiésemos establecer preferencias sobre distancia o listas negras por mala atención o colas demasiado largas.
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Película: El hombre que podía hacer milagros

Echando un vistazo por la sección de video de la biblioteca, encontré una película basada en una obra de H. G. Wells titulada “El hombre que podía hacer milagros”. El nombre del autor, como clásico de la ciencia ficción, me llamó la atención lo suficiente como para cogerla y realmente no tiene nada, pero nada que ver con otras obras de Wells llevadas a la gran pantalla como La guerra de los mundos, La máquina del tiempo o La isla del Dr Moreau.
La película en si no es para tirar cohetes, ni a nivel de actores ni de dirección, ni siquiera de efectos especiales (puede que en su época si, pero ahora…) lo que la convierte en una curiosidad para frikis o amantes del cine de ficción en blanco y negro. Sin embargo tiene un punto a su favor, y es que se hizo antes de la era de los efectos digitales y el cine de acción con lo que podemos disfrutar de una historia no deformada por Sony y compañía como parece que será el caso de “Ultimátum a la Tierra”.
La historia que nos cuenta es la de un hombre anodino que recibe, como parte de un experimento de entes sobrenaturales, el poder para hacer su voluntad sobre la materia, aunque eso no incluye la voluntad humana. Por lo tanto el hombrecillo se encuentra de la noche a la mañana en disposición de hacer entre otras muchas cosas el aparecer y desaparecer, transformar, eliminar o transportar lo que desee con un mero acto de voluntad. Esencialmente la historia trata de explorar la naturaleza del ser humano, por lo que vemos como el personaje se va adaptando a sus nuevos poderes hasta acabar convertido en un tirano (benévolo eso si) que intenta imponer un orden mejor a base de la pura fuerza y coacción. Finalmente fracasa en su intento casi destruyendo el mundo, por lo que renuncia a su omnipotencia tras dejar todo como estaba. A pesar de lo inocente y cómico de los personajes uno no puede dejar de darse cuenta de que el autor de la historia meditó mucho en su día sobre la historia y posiblemente previó bastante bien lo que pasaría si un día, un buen hombre, recibiera un poder enorme sobre el mundo.
En definitiva, una película curiosa para pasar el rato y que puede dar lugar a un interesante coloquio si se ve en grupo.

Como nota adicional, parece bastante probable que la película Como Dios, fuera inspirada por esta obra.

A continuación algunos fotogramas de la película donde podemos apreciar al protagonista en su salsa.

Libro: La otra comunicación


Libro: La otra comunicación
Autor: Andrés Mínguez Vela
Editorial: ESIC. Escuela Superior de Gestión Comercial y Marketing

Este libro llegó a mis manos con motivo de una conversación sobre lenguaje no verbal y posturas de manos. Mi interlocutor sostenía cierta idea concreta acerca de un determinado gesto y yo estaba seguro de que era una idea equivocada ya que el tema del lenguaje corporal no me es desconocido, pero no podía aportar datos objetivos así que decidí buscarlos para aportarlos posteriormente y de ahí que haya leído este libro.

En cuanto a esta obra, no se puede decir que aporte nada novedoso o sorprendente al campo, ni que profundice en los porqués del comportamiento humano, ya que es por encima de todo, práctico. Pero gracias a ese pragmatismo queda en una obra bastante útil en cuanto a lo que debería saber uno respecto de la importancia de la apariencia en la primera impresión y la necesidad de observar (o no) ciertas conductas en nuestras relaciones profesionales y no profesionales. Como nota negativa está el hecho de contener un par de datos sin pies ni cabeza sobre anatomía y algunas “magufadas” del nivel de la frenología (pseudociencia ) que desentona bastante y reducen perceptiblemente la credibilidad atribuible al libro y a su autor, aunque al margen de esas pequeñas taras, debo decir que me ha sido muy útil refrescar mis conocimientos en el campo que en algunos casos tenía bastante oxidados debido al tipo de trabajo, de vertiente más técnica, que desempeño en la actualidad.

En resumen, un libro ligero y práctico para aprender a jugar el juego de la comunicación no verbal y mejorar nuestra comunicación y entendimiento, pero no una obra para tirar cohetes como otras de la misma editorial como por ejemplo “Gestión eficaz del tiempo y control del estrés”.

Libro: El príncipe

Libro: El príncipe
Autor: Nicolás Maquiavelo
Este libro lo descargué en la Palm desde Internet, de la página de La Editorial Virtual, en julio de 2007 y no lo he terminado hasta noviembre de 2008. La idea era tener algo siempre disponible para ser leído en cualquier momento con el fantástico lector Plucker, especialmente en momentos de espera en Metro, tren, etc… así que me lo he tomado con mucha calma.
Lo primero que sorprende es que a pesar de ser una obra del siglo XVI, ha resultado realmente actual. Tan es así que me extraña que se le dé tanto bombo y platillo al Sun Tzu a la hora de hablar de negocios y dirección cuando este texto de Maquiavelo me ha parecido infinitamente superior. Por otro lado me ha sorprendido gratamente el poder leer las ideas de una persona tan injustamente denostada y con una mente tan preclara a la hora de juzgar hombres y acciones. De hecho resulta tan actual y preclaro, que es imposible no darse cuenta cuando empiezas a leerlo, de que describe perfectamente no solo su historia pasada, sino también la historia actual y futura de las naciones, empresas y en general cualquier empresa colectiva humana.
Evidentemente, por su extensión, se deduce que no es una obra de extenso conocimiento en profundidad, pero si es una guía producto de una gran inteligencia con un enorme conocimiento de la historia y la naturaleza humanas. Una guía de la sociedad humana, enfocada en gran parte a la sociedad italiana del Renacimiento, pero una guía igualmente útil para la sociedad humana del siglo XXI. Supongo que eso se debe en parte a que la única evolución de la humanidad es la complejidad de su tecnología.
En resumen yo diría que nos encontramos ante una lectura intemporal y obligada para cualquiera interesado en la dirección de cualquier tipo y de la política en general, y que una buena edición de este libro podría ser un buen regalo para cualquier persona con ese tipo de intereses ahora que se acercan las navidades y que tenga espacio en casa para libros (que no es mi caso).
Al margen del contenido, he de decir que no es un libro que me haya resultado cómodo de leer, ya que a mi juicio, quizá demasiado habituado al lenguaje directo y técnico, es demasiado italiano. Con esto quiero decir que me ha producido la misma sensación que escuchar un discurso en italiano, largo y enrevesado sin necesidad, muy sonoro y cantarín, y en general tendente al empalago.
Como de costumbre dejo un par de citas del mismo:

No existe posibilidad de hallar dispuestos de otra manera a los ministros, porque los hombres son siempre malos, a no ser que se les obligue por la fuerza a ser buenos.

Porque la fortuna es mujer y por ello conviene, para conservarla sumisa, zaherirla y zurrarla. En calidad de tal, se deja vencer mas de los que la tratan con aspereza que de los que la tratan con blandura.*

En las acciones de todos los hombres, pero particularmente en las de los príncipes, contra los que no cabe recurso de apelación, se considera simplemente el fin que llevan. Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su estado. Si logra con acierto su fin se tendrán por honrosos los medios conducentes al mismo, pues el vulgo se paga únicamente de exterioridades y se deja seducir por el éxito.**

*Nota: He introducido esta cita por que me hacía gracia por el tono machista en estos tiempos de corrección política, a pesar de lo cual he de reconocer que descontando el tema de la violencia física, estoy de acuerdo (como muchos otros) con Maquiavelo en que las mujeres prefieren un tipo de hombre duro antes que blando.
**Nota: Al parecer esta cita fue la que provocó que se relacionara a Maquiavelo con la frase que nunca dijo de “el fin justifica los medios”, que como podrá observarse no tiene demasiado que ver con sus palabras, las cuales evidencian que el fin no justifica nada, y se refieren a que el éxito y el poder absoluto permiten un perdón y unas disculpas que no pueden proporcionar el fracaso. Todo independientemente del fin.