Libro: Principios universales de diseño

Libro: Principios universales de diseño.
Autores: William Lidwell, Kritina Holden, Jill Butler.
Editorial: Blume.

El libro lo estuve hojeando en un Vips de Madrid, pero no me decidí a comprarlo debido a la falta de espacio para almacenar más libros en casa. Es curioso como un problema de vivienda como el que tenemos que ha obligado a reducir el tamaño de los pisos, puede afectar indirectamente a la industria de venta de libros, espero que los editores se acaben dando cuenta de lo que pueden ganar con los libros electrónicos y no acaben como la industria de la música. Como iba diciendo, lo estuve hojeando en Vips, y me quedé con ganas de más, así que cuando lo vi en la biblioteca no pude evitar cogerlo.
Tras leerlo, uno no puede evitar ser consciente de lo necesario de un diseño y de lo amplio de sus campos de aplicación. En este caso el libro hace honor a su nombre y detalla 100 principios de diseño con una estupenda maquetación a doble página y unos índices no solo alfabéticos sino también agrupados por tipo de fin que se desea obtener y principios de diseño relacionados.
Por otro lado, las imágenes que lo acompañan son muy limpias e ilustran de manera precisa lo explicado sobre el principio de diseño de cada apartado.
Alguno pensará que el libro trata de principios de diseño específicos para un campo como en el caso de Jakob Nielsen que es especialista en usabilidad de interfaces de aplicación, en particular de aplicaciones web, pero la elección de los principios y su exposición en el libro ponen de manifiesto que la utilidad de los mismos es aplicable, si no a todos los campos, si a la mayoría de los existentes.
En resumen, se trata de una obra que ojala conociese mucha mas gente dedicada a la ingeniería clásica y al software. Todos seríamos más felices.

Este es un principio de diseño escogido al azar como muestra del propio diseño del libro.

Libro: Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas

Libro: Por qué las personas inteligentes pueden ser tan estúpidas.
Autor: Robert J. Sternberg.
Editorial: Crítica.

A pesar del horroroso color de portada que tiene este libro, que parece a cargo del mismo diseñador de “Los Ejecupijos”, el nombre me llamó lo suficiente la atención como para decidir leerlo. Se trata de un libro “antiguo”, de 2003, pero el tema es intemporal, y se compone, no de un texto, sino de varios artículos de diferentes autores que bien podrían haber ido en un número monográfico de Investigación y Ciencia sobre inteligencia. Como puede deducirse, el factor común a todos los artículos es que tratan el tema de la estupidez humana bajo diversos supuestos, estudios y puntos de vista, definiéndolo cada autor de manera diferente, aunque con algunos puntos en general comunes.
Por mi parte, he de decir que no todos los artículos me han gustado, dado que en mi opinión aproximadamente la mitad pecan de densidad teórica y quedan mejor en un libro de teoría psicológica pura más que en un libro destinado a la venta al público general. En cuanto a los que si me han gustado me gustaría comentarlos muy someramente:

  1. Las bases del razonamiento erróneo.
    Presenta una serie de fallos de razonamiento y falacias comunes fácilmente observables en el día a día.
  2. Creencias.
    Habla sobre el aumento o mejora de la inteligencia y su disminución, en función de los supuestos mentales y nuestra propia disposición a asumir errores o a temerlos. A lo largo del artículo el autor va concluyendo que los test de inteligencia solo miden la habilidad de alguien en un momento dado y para una tarea concreta, y que para mejorar estas habilidades tan solo el esfuerzo en mejorar tiene un impacto real. Además presenta pruebas sobre la relación entre la inteligencia en disminución y las decisiones estúpidas con la idea de que la inteligencia sea algo innato y pueda ser medida.
  3. Incompetencia gerencial.
    Aquí nos encontramos con un estudio de la estupidez en el ámbito de la dirección (jefes), y como el éxito académico no tiene relación alguna con el éxito de dirección (por mucho que quieran creer algunos). Además menciona el efecto túnel que produce la mejora de las habilidades en cualquier campo, y que suele favorecer la reducción de habilidad en todos los demás, algo así como un aumento de la inteligencia en ciertos asuntos, a costa de la inteligencia asignada a otros asuntos.
  4. Incompetencia y estupidez.
    El autor señala que la estupidez suele ser habitualmente algo más relacionado con el observador que con el sujeto de una acción, ya que al igual que una persona suele tomar decisiones estúpidas cuando cuenta con información incompleta o errónea, esto se aplica igualmente al observador de esas decisiones que puede juzgar como “estúpida” una decisión perfectamente lógica, coherente y acertada o simplemente catalogar algo como estúpido al desconocer perspectivas alternativas. Además el artículo hace hincapié en la necesidad de mantener una conducta consciente (evitar ir en automático) y evitar prejuicios para evitar comportamientos estúpidos, además de mantener una actitud crítica y escéptica ante cosas que damos por sentadas sin habernos molestado en comprobarlas.
  5. La teoría del desequilibrio de la tontería.
    Pone de manifiesto la importancia del conocimiento tácito, el que se aprende sin ayuda ni guía, de manera práctica en el día a día y su uso sensato como necesario para no cometer tonterías. Un concepto similar al sentido común, pero más crítico.

Así que yo diría que es un libro interesante por partes y que puede arrojar una luz diferente a la habitual, diferente a la que estamos acostumbrados por el día a día de estupideces en el trabajo, en la calle, en la televisión y en nuestro propio comportamiento, y que su lectura puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana, tanto en el trato con los demás, como en la observación de nuestro propio comportamiento.

A continuación, como viene siendo habitual, voy a citar algunas partes del libro que me parece que merecen la pena, aunque recuerdo que siempre es mejor leerlas en su contexto.

En este capítulo he explicado con todo detalle las creencias que pueden convertir a las personas inteligentes en estúpidas: la creencia de que la capacidad intelectual es una cosa fija; la idea de que el resultado obtenido en un momento dado mide el potencial a largo plazo; y la creencia de que las personas que realmente poseen talento no necesitan esforzarse para conseguir sus logros. He demostrado como estas creencias pueden detener el crecimiento intelectual.
También he explicado con detalle las creencias que fomentan el crecimiento del talento e incluso el genio con el tiempo: la creencia de que el potencial intelectual puede desarrollarse; la idea de que un resultado circunstancial simplemente nos dice dónde nos encontramos y qué debemos hacer; y la creencia de que «todos» necesitamos esforzarnos para desarrollar nuestro potencial y poder hacer cosas realmente interesantes. De hecho, esto significa que las personas son, en gran medida, responsables de su propia inteligencia. Ser inteligente, y seguir siéndolo, no es sólo un don, ni un simple resultado del azar genético. También es un resultado de lo que uno hace. Significa que ser inteligente es un largo proceso de autodesarrollo y de autodescubrimiento.

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Neisser (1976) fue uno de los primeros psicólogos modernos que subrayó la distinción entre los tipos de trabajos de «inteligencia académica» que se presentan en las aulas y en los tests de CI, y los trabajos más prácticos que encontramos en la vida diaria. Los problemas que se presentan en el aula, así como en los tests de C1, tienden a: (1) estar bien definidos; (2) Ser formulados por otras personas; (3) incluir toda la información necesaria para la solución del problema; (4) tener una respuesta correcta; (5) poder ser resueltos correctamente por uno o, a lo sumo, varios métodos; y (6) no estar relacionados con la experiencia cotidiana (Neisser 1976; Wagner y Sternberg 1985). En cambio, los problemas más prácticos de la vida cotidiana, incluidos muchos problemas que se dan en distintas carreras; a menudo: (1) están mal definidos; (2) son formulados por el que resuelve el problema; (3) carecen de información esencial para la solución; (4) se caracterizan por tener múltiples soluciones, cada una de ellas asociada con el activo y el pasivo; (5) se caracterizan por tener múltiples métodos para obtener cada solución; y (6) están relacionados con la experiencia cotidiana.

-O-

Susan aprendió en cierta ocasión que los caballos no comen carne. Un día, en un encuentro ecuestre, alguien le pidió que vigilara el caballo mientras iba a por un perrito caliente para su caballo. Susan compartió su «información» con el propietario del animal. Ella había aprendido la información fuera de contexto y jamás pensó en cuestionarse si era o no cierto. Así es como aprendemos la mayoría de cosas. Por eso a menudo caemos en el error pero raramente en la duda. Entonces, ¿qué ocurrió? El propietario fue a buscar el perrito caliente de todas formas, y el caballo se lo comió. Cuando la información procede de una autoridad, parece irrelevante al problema, o es presentada en un lenguaje absoluto, normalmente no se nos ocurre cuestionarla.
[…]
En un experimento llevado a cabo para probar este hecho, Benzion Chanowitz y Ellen Langer (Chanowitz y Langer 1981) proporcionaron información a la gente sobre un trastorno de percepción. A unos grupos se les dio una razón para pensar en la información que habían leído. El grupo que era objeto de la prueba simplemente recibió la información. Tras realizar los tests y puntuarlos, todos los individuos llegaron a la conclusión de que poseían ese trastorno. En siguientes tests que requerían habilidades presumiblemente atrofiadas por el trastorno, el grupo objeto de la prueba lo hizo peor que la media de los grupos a los que se ofreció inicialmente una razón para pensar en la información que habían leído. No había diferencias en lo que los individuos habían aprendido sobre el problema; la única variante era cómo lo habían aprendido. Incluso cuando el contexto cambia, no cambia nuestra comprensión. Cuando aprendemos de manera inconsciente, no se nos ocurre cuestionar la información cuando el contexto cambia.
El lenguaje a menudo nos obliga a adoptar una única perspectiva, y el resultado es la inconsciencia. Como nos dicen los alumnos de semántica general, el mapa no es el territorio.

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presentamos a la gente un objeto novedoso de un modo tanto absoluto como condicional. Se les dijo que el objeto «era» o «podría ser» un juguete para que lo mordieran los perros. Luego creamos la necesidad de un borrador. La pregunta que planteamos fue: ¿quién pensaría en utilizar el objeto como borrador? Sólo respondieron afirmativamente las personas a las que se les dijo que «podría ser» un juguete para perros. El nombre de un objeto únicamente es una forma de comprenderlo. Si aprendemos cosas sobre él, como si «el mapa y el territorio» fueran la misma cosa, no se nos ocurrirán usos creativos de la información. La mayoría de aspectos de nuestra cultura actualmente nos animan a reducir la incertidumbre: de modo que aprendemos para saber lo que son las cosas. Esta forma de aprendizaje es la causa de que parezcamos y nos sintamos estúpidos cuando las circunstancias cambian, y ya no podemos confiar en las cosas que hemos aprendido. En vez de esto, deberíamos pensar en aprovechar la fuerza de la incertidumbre, y aprender así en que pueden convertirse las cosas.
[…]
Del mismo modo que aprendemos hechos de forma inconsciente, los investigadores producen de forma inconsciente esos hechos. Muchas «desviaciones» y «falacias» cognitivas que los psicólogos han revelado tras extensas experimentaciones pueden reflejar más la inconsciencia de los observadores (investigadores) que las incapacidades cognitivas del sujeto.

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las personas con mucho poder adoptan a menudo tres actitudes que les predisponen a la estupidez: una sensación de omnisciencia, una sensación de omnipotencia, y una sensación de invulnerabilidad. La sensación de omnisciencia es el resultado de tener a su disposición esencialmente cualquier información que se desee y que, de hecho, es susceptible de ser conocida. Con una simple llamada telefónica, un líder poderoso puede disponer prácticamente de cualquier información. Al mismo tiempo, la gente considera que ese poderoso líder está perfectamente informado, o incluso que lo sabe prácticamente todo. De modo que el líder poderoso puede llegar a creer que realmente lo sabe todo. También pueden llegar a creerlo las personas que trabajan con el o con ella, como explicó Janis (1972) en su análisis de las víctimas del pensamiento en grupo. En muchos casos, brillantes funcionarios del Gobierno han tomado las decisiones más tontas, en parte porque creían que sabían mucho más de lo que realmente sabían. La sensación de omnipotencia es el resultado del enorme poder que uno ejerce. En determinados ámbitos, uno puede hacer prácticamente todo lo que quiere. El peligro surge cuando la persona empieza a generalizar y a creer que este alto nivel de poder es aplicable a todos los ámbitos. La sensación de invulnerabilidad proviene de la ilusión de estar completamente protegido, como por un enorme equipo de gente. Las personas, especialmente los líderes, aparentemente tienen muchos amigos dispuestos a protegerles en cualquier momento. Los líderes pueden protegerse de las personas que no les adulan. La solución sugerida por Harry Truman es que los líderes muy poderosos (Washington) que deseen ardientemente una amistad se compren un perro. En cuanto las cosas se tuercen, los amigos pueden resultar cualquier cosa menos fieles, mientras que la lealtad de un perro es siempre incondicional.

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Por lo tanto, la sensatez no consiste simplemente en maximizar el interés personal de uno, sino en equilibrar distintos intereses personales (intrapersonales) con los intereses de los demás interpersonales) y los intereses de otros aspectos del contexto en que uno vive (extrapersonales) como la ciudad donde uno vive, el país, el medio, O incluso Dios. La tontería consiste en un desequilibrio entre estos elementos. El desequilibrio no suele ser sutil. Más bien es la combinación de sentimientos de omnisciencia, omnipotencia e invulnerabilidad lo que induce a la gente a creer que no serán cogidos en su propia trampa. La sensatez es distinta de la inteligencia práctica. Cuando se aplica la inteligencia práctica, se pueden perseguir deliberadamente resultados que sean beneficiosos para uno mismo y negativos para los demás. Una persona sensata persigue evidentemente resultados beneficiosos para uno mismo, pero también para los demás. Si las motivaciones de una persona consisten en maximizar ciertos intereses de la gente y minimizar otros, no se trata de una actitud sensata. La persona sensata persigue el bien común, y comprende que este bien común puede ser más beneficioso para unos que para otros.

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La insensatez siempre implica que los intereses están desequilibrados. Normalmente, el individuo coloca el propio interés por encima de los otros intereses. Pero no siempre. Chamberlain seguramente creía que estaba haciendo lo mejor para Gran Bretaña. Pero al hacer caso omiso de los intereses de los demás países que estaban siendo aplastados por el brutal dominio de Hitler, Chamberlain hacía caso omiso del bien común y como se vio luego, a largo plazo del bien de su propio país. También a veces la gente lo sacrifica todo por un individuo, y luego es aplastada por su propia estupidez.

¿Para qué sirve la primera Ley de Newton?

En un test de autoescuela se puede observar esta pregunta, que responde claramente a por qué la ciencia básica es importante y su relación con la vida cotidiana.

Por si alguien está confuso sobre el tema, no tiene más que leer la primera Ley de Newton:

En la ausencia de fuerzas exteriores, todo cuerpo continúa en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que actúe sobre él una fuerza que le obligue a cambiar dicho estado.

Hablar es gratis

Como idea para terminar con discusiones absurdas especialmente en el trabajo donde solemos encontrar más “vendendores de si mismos” , y a raíz de un artículo en el Mente y Cerebro sobre la psicología y problemática de la toma de decisiones, se me ha ocurrido que se podría adoptar un método de apuestas que redujese el tiempo dedicado a escuchar chorradas, disculpas o mentiras interesadas. El método en si no sería más que sacar un billete de 5, 10, 20€ dependiendo de lo seguros que estemos de algo en particular cuando tengamos una opinión diferente a la del interlocutor, y soltar algo del estilo: “Hablar es gratis, ¿estás tan seguro de lo que dices como para apostar N € a que tienes razón?, yo si.” esto debería “achantar” al contrario si estuviese mintiendo, fardando de conocimientos inexistentes o intentando meterte una bola, y en caso contrario, si acepta la apuesta, ganaremos algo de dinero. Por supuesto podemos cometer nosotros un error, y dar por sabido algo falso perdiendo con ello la apuesta, pero el poder aprender algo nuevo que dábamos por sabido bien debería valer el billete. En cualquier caso, la verdadera ventaja de este enfoque sería la velocidad a la que podríamos cerrar discusiones estériles y centrarnos, como hacen en Google si no recuerdo mal cierta entrevista, en los hechos.

Libro: La manipulación

Libro: La manipulación. Un manual de autodefensa.
Autor: Jacques Regard.
Editorial: Alienta.

Este libro ha sido un auténtico bálsamo debido a la mala fortuna de haberme topado con un gran manipulador. Reconocerle en estas páginas, poder catalogarle y descubrir que no estoy solo, que estoy reaccionando de una manera bastante óptima y que además existen detalles que desconocía sobre la manipulación y que me van a resultar enormemente útiles, ha conseguido animarme mucho la semana y me ha hecho comprender muchas actuaciones pasadas propias y ajenas.

El libro, de 135 páginas, perfectamente escrito y estructurado, es un ejemplo de lo que debería ser un libro útil: fácilmente comprensible, con un uso adecuado de negritas, tipos de letra, puntuación e incluso diseño de portada. A parte de eso, he encontrado que el libro puede leerse del tirón, empezando por el final o a trozos, siendo en todos los casos una fuente de ayuda para la comprensión de la manipulación y su tratamiento.

Probablemente sirva a muchos el test de confianza incluido por el autor, y por una cuestión de higiene moral lo he escaneado para que cualquiera pueda reconocer a un manipulador para empezar a plantearse una defensa del mismo sin recurrir al fuego o las armas. Por si alguno tiene curiosidad, el test, que va desde los 20 puntos negativos a 20 puntos positivos, y mi manipulator arrojó una cifra de 18 puntos negativos. Bastante alto si, pero me parece bajo para el caso.

 
  
 

Respecto al contenido del libro, el autor expone que existen tres tipos de manipulación: positiva (tipo I), egocéntrica (tipo II) y malintencionada (tipo III), cada una motivada respectivamente por obtener el bien ajeno, el bien propio independientemente del daño ajeno y finalmente la guiada por el miedo y la necesidad de destruir.
En cuanto a los tipos de manipulador más o menos en cuanto a estilo el autor establece los siguientes cuatro: encantador, culpabilizador, respetable y autoritario, cada uno con una estrategia diferente para manipularnos aunque evidentemente los estilos se mezclan según cada persona. En cualquier caso creo que los nombres definen bastante bien los estilos por lo que no me extenderé en describirlos (para eso está el libro) aunque si comentaré que se detallan las técnicas que usa cada uno, con abundantes ejemplos y una o varias maneras posibles de atajar cada intento de manipulación empezando por conocer sus puntos débiles y procurando poner de nuestra parte un cambio de conciencia. Algo francamente útil.

Como citas del libro, me limitaré a las siguientes de la portada, el contenido y el resumen final respectivamente, que espero que convenza a quien se sienta manipulado a conseguir una copia del libro por su propio bien:

Culpar a los demás del infortunio propio es de ignorantes.
No culparse a si mismo es de alguien que empieza a ser sabio.
No culparse a si mismo ni a los demás es de alguien sabio. – Epicteto.

[…]

A continuación se muestran los sintomas externos que pueden aparecer cuando observamos una manipulación disimulada:
Comportamiento irracional.
Mal ambiente habitual.
Tensiones entre la gente.
Muchas bajas por enfermedad.
Desánimo general o crónico.
Agotamiento de las fuerzas.

Comportamiento irracional
Esto significa que la gente se comporta de forma extraña. Hacen cosas que cualquier persona con sentido común no haría. A causa de la presencia activa o nefasta de un manipulador, la víctima se mete en proyectos utópicos, irrealizables o muy por encima de sus capacidades o competencias. A veces algunas lo consiguen, pero más del 99% de los casos fracasan.

Mal ambiente
Si una fiebre fuerte es sintoma de gripe, un estado de ánimo decaido o un mal ambiente seguramente revelan una manipulación del tipo III. Inconscientemente notamos que algo va mal. Las relaciones son tensas y no nos gusta la situación.
Con la presencia de una manipulación de este tipo, a menudo nos equivocamos y juzgamos culpable a quien nos indica el manipulator. Es realmente un experto en liar las cosas simples y perturbar el sentido común de las personas. Por eso es tan importante conocer la anatomía y la psicología de la manipulación del tipo III antes de empezar a mostrar resistencia.

[…]

Este libro se dirige a todos aquellos que están cansados; cansados de que les pisen, de ser demasiado serviciales y benévolos, de sentirse vulnerables. Cansados, en definitiva de que se les manipule.
Gracias a un planteamiento novedoso sobre el tema de la manipulación, a unos casos tremendamente esclarecedores y a unos ejercicios prácticos, este libro le ofrece nuevas perspectivas y le proporciona una estrategia práctica con el fin de sortear las trampas de los manipuladores.
La manipulación se puede evitar. ¡Reaccione!

 

Y finalmente como consejo inicial a quienes se encuentren en una situación desagradable como esta, solo decir que se debe mantener la calma, mantener la distancia, imponer nuestro propio ritmo en todas y cada una de las conversaciones que tengamos con el manipulador y ser tremendamente asertivos sin sentirnos para nada culpables si no hay una razón específica, clara y demostrable para ello. ¡Y nada de dejarse comer la moral con las indirectas! ya que si alguien quiere decir algo, debe ser lo suficientemente maduro como para decirlo claramente sin tener que recurrir constantemente ellas y a ser posible, por escrito.
 

Próxima reseña: La otra comunicación. Comunicación no verbal.

Libro: ¿Qué es la PNL?

Libro: ¿Qué es la PNL?. Ejercicios para la transformación personal mediante la programacion neurolingüistica.
Autor: Carles Porcel.
Editorial: Manuales Integral.

Realmente no hay mucho que decir sobre este libro, debido principalmente a que es una introducción de tan solo 85 páginas. La verdad es que lo saqué de la biblioteca con idea primero de entender mejor el comportamiento de un conocido que acaba de terminar un Master de PNL y que dice que es maravillosa, y en segundo lugar por haber despertado este mismo, una pequeña curiosidad sobre la PNL que necesitaba satisfacer.

En resumidas cuentas el libro es una pequeña y superficial presentación con ejemplos y un ligero aroma a rollo secta, de lo que el autor, miembro de la Asociación Española de PNL llama PNL (Programación Neurolingüistica). Sin embargo, la idea que me ha dejado el libro es que la PNL, de tan genérica en sus aplicaciones, tan vaga en sus fundamentos, tan abierta al cambio… no es nada en particular. O más exactamente, la PNL no es un método, no es una metodología, no es un modelo, no es una ideología… y solo quizá podría considerarse un framework de comunicaciones interpersonales.
Al llamarlo framework (término cogido de la informática, como no), me refiero a que parece ser únicamente un conjunto de utilidades psicológicas que pueden variar o no entre versiones, por lo que lo que se llamaba PNL en el año 2000 cuando el autor escribió el libro podría no ser lo que hoy se llama PNL. Esto es algo reconocido por el autor, y en mi opinión uno de los puntos que más me impide tomarla en serio: si sirve para todo (¿aceite de serpiente?), cambia con el tiempo (¿adaptación o error?) y no tiene bases (imposibilidad de argumentar en contra)… mal vamos. Y digo que mal vamos porque queda patente que se trata de una ristra de palabras que define todo y nada, como el Ziritione.
En cuanto a lo de “comunicaciones interpersonales“, lo denomino así al tratarse (siempre según lo que he leído) exclusivamente de (en el mejor de los casos ya que algunas veces huele a pseudociencia) prácticas psicológicas destinadas a comunicarnos eficazmente con otras personas, ya sea aplicándolos a nuestro interlocutor de manera directa (preguntas) o de manera indirecta a través de nuestro comportamiento, pensamientos y actitud. Desgraciadamente estas técnicas, a pesar de ser útiles, me resultan demasiado escasas y simplistas. Y vuelvo a repetir que algunas cosas como el analizar el movimiento ocular del interlocutor, huelen raro.

En fin que este libro ha conseguido degradar la imagen que tengo de la PNL, y debido a el, ahora pienso que la PNL tiene un nombre rimbombante y unas siglas, tan solo para impresionar, cuando realmente no es más que un conjunto de prácticas psicológicas de las de toda la vida, aderezadas con algunas prácticas aun más conocidas (como por ejemplo el método socrático). Vamos, que puede ser útil pero no es nada que cualquier interesado en mejorar su trabajo o relaciones no haya aprendido por otros medios (a través de consejos, conocimiento de filosofía, psicología, libros de autoayuda, revistas de divulgación de ciencias humanas, cursos de ventas, cursos de hablar en público…) y sin embargo se queda muy limitado en cuanto a la aplicación como herramienta interpersonal frente a otras herramientas necesarias en la vida como conocimientos específicos sobre negociación, sobre procesos inconscientes, psicología evolutiva o defensas psicológicas contra psicópatas funcionales o manipuladores profesionales. Así que una vez satisfecha mi curiosidad, no puedo recomendar ni este libro ni ningún otro sobre PNL, pero si advertir que me da la impresión de que mi conocido va a (ab)usar mal estas herramientas dándoles más importancia de la que tienen.

Próxima reseña: La manipulación. Un manual de autodefensa.

Libro: Mi jefe es un psicópata

Libro: Mi jefe es un psicópata. Por que la gente normal se vuelve perversa al alcanzar el poder.
Autor: Iñaki Piñuel y Zabala.
Editorial: Alienta.

Encontré este libro, como la mayoría de las cosas que leo debido no tanto a la falta de dinero como a la de espacio, en la biblioteca al lado de casa. Lo que me llamó la atención en primer lugar fue el titulo, por supuesto, pero en cuanto lees la contraportada u ojeas alguna de sus páginas queda claro que no es un libro de humor chorra como “El jefe y tú” o sarcástico como “Los Ejecupijos”, sino que nos encontramos ante una obra divulgativa que da un repaso a las personalidades psicopáticas: desde el psicópata nato que nació tal cual y tiene un jardín lleno de restos humanos, hasta el psicópata funcional que resulta ser una persona tan normal como cualquier de nosotros, pero que debido a un cúmulo de circunstancias ambientales se comporta de la misma manera en que lo haría un psicópata.
Lo primero que me sorprendió en el libro es que el autor comenta que la distribución de características psicopáticas sigue la forma de una típica campana de Gauss. Es decir, que la mayoría de gente tiene (o tenemos) algo de psicópata pero algunos tienen demasiado marcadas esas características, y es a estos últimos a los que denominamos psicópatas. A partir de ahí el libro va desgranando la personalidad típica de un psicópata (su frialdad emocional, falta de empatía, su capacidad de manipular…) y nos muestra como pueden engañar y muy a menudo engañan a todo el mundo, pasando no ya por un buen vecino, sino por un excelente perfil de directivo a ojos del departamento de recursos humanos (o mejor: departamento de personal, como defiende el autor por buenas razones) al confundir su instinto criminal y ausencia total de escrúpulos con características directivas clave como liderazgo, asertividad, etc.
Continuando con una clara dirección, se nos habla del psicópata nato en un ambiente laboral, en puestos de poder políticos y sus técnicas más tóxicas para hacerse con el poder y destruir a quien se interponga (casi cualquiera que asome la cabeza), para más adelante ir adentrándonos en la posibilidad real de que un contagio de la psicopatía a nivel laboral, la estremecedora posibilidad de que determinados tipos de organización, incentivos o directivas internas perviertan la moral humana, y la dificultad de observar el efecto de conversión al mal desde dentro, así como la imposibilidad de detenerlo o repararlo llegado a cierto punto. Pero no queda ahí la cosa, el libro termina hablando de la sociedad en general y de cómo determinadas características de las sociedades modernas (servicios de rescate, policía…) o pensamientos extendidos a todo nivel tales como la relatividad moral y cultural (justificación de actos por ser de otra cultura), la sobreprotección de los menores (ausencia de disciplina o figuras de referencia) o la aceptación de los supuestos económicos actuales (la mano invisible del mercado, la importancia de la competitividad y la orientación a resultados) conducen actualmente a cualquier individuo a desarrollar una anestesia emocional, un distanciamiento, y una ceguera moral que convierte a la sociedad en general en una sociedad de psicópatas funcionales, capaces de comportarse tan cruel y arbitrariamente en beneficio propio, que causa auténticos escalofríos. Tan es así que creo que es el primer ensayo serio que leo que me ha llegado a erizar el vello mientras lo leía.

La verdad es que es un libro de fácil lectura, tanto por la manera en que está escrita como por el claro propósito que tiene de alertar de un doble peligro. El primero, la alta probabilidad de encontrarnos con un psicópata en nuestro entorno laboral o personal (al parecer yo ya he conocido a una psicópata y posiblemente un par de elementos con mucha probabilidad de serlo), sino de la también alta probabilidad de convertirnos en mayor o menor medida en malas personas bajo ciertas circunstancias. Por todo esto, no puedo dejar de recomendar este libro a cualquiera interesado en la psicología humana, la moral y sobre todo personas que quieran ser buenas personas, pero por encima de todo, debo recomendar este libro a cualquiera que observe conductas poco éticas, moralmente indiferentes o decididamente malvadas en su organización.

Por otro lado, me gustaría comentar a nivel cinéfilo, que durante la lectura del libro no he podido evitar recordar algunas películas donde se expone de manera más o menos clara algunos de los temas tratados, en particular “Los elegidos” (Boondock Saints en versión original) donde directamente se habla de la “indiferencia de los hombres buenos” como raíz del mal que inunda la sociedad. Aunque dudo que la solución adoptada en la película fuese del agrado del autor. Por otro lado, me trajo a la mente el discurso del personaje Lee Adama en la serie Battlestar Galactica acerca de las reglas morales, las leyes y los linchamientos y el hecho de que si nos dedicamos a ir haciendo leyes a medida para determinada gente o evitamos juzgar a algunos como juzgaríamos a cualquiera, “dejamos de ser una civilización para convertirnos en una banda”. Esto último en referencia al uso del termino “gang” para referirse a los aliados o cooperantes del psicópata organizacional y que persiguen sus propios fines sin moral y sin reparar en el daño que producen a la organización o la sociedad frente a la que se comportan como un agresivo cáncer.

Como muestra del libro, dejo a continuación algunas perlas que dentro del contexto del libro me han dado bastante que pensar.

“Las víctimas se encuentran con un recurrente y persistente intento por parte de estos especialistas de averiguar en que forma y de que modo han fallado, no han hecho bien las cosas, no han sabido desarrollar recursos, habilidades, competencias, inteligencia emocional, etc., o por donde se les puede encontrar el “virus” con el que explicar el hecho de su responsabilidad o culpabilidad en el proceso que padecen, desde una personalidad vulnerable, dependiente, autorreferencial, inmadura, neurótica o inestable.
En este sentido, cualquiera que intente fundamentar en las víctimas la responsabilidad de la violencia que padecen incurre en la perspectiva propia de un perseguidor, completando el cierre de la representación cognitiva y social del grupo perseguidor contra su chivo expiatorio.

[…]

Hay que advertir que, de manera paradójica, no es la percepción de la culpabilidad de la víctima la que produce la indiferencia de los testigos mudos, sino al revés. Son la inacción y la paralización propias de un comportamiento pasivo e indiferente ante el mal y la injusticia los que, violando el imperativo universal de ayudar a quien necesita socorro, fuerzan al individuo a creer en la culpabilidad de las víctimas para, de este modo, reducir la disonancia cognitiva.
Se observa siempre que cuanto mayor es la indiferencia de los testigos, mayor terminará siendo, con el tiempo, su percepción de la culpabilidad de las víctimas por la vía de la reducción de la disonancia.
Una conclusión terrible de todo esto es que no es tanto la violencia la que produce la indiferencia de los testigos, sino que es más bien la indiferencia la que es causa de la violencia en espiral que se genera ulteriormente.

[…]

Pensar que el psicópata “es alguien como nosotros” es muy peligroso. Intentar convertirlo en un ser honrado y en buena persona puede resultar fatal.
Las capacidades de manipulación, de perversión y distorsión de la comunicación (únicas técnicas de supervivencia que el psicópata conoce) se han ido refinando y perfeccionando a lo largo de los años, alcanzando en el psicópata un grado de maestría incomparable.

También creo interesante y esencial transmitir la siguiente información del libro, pero por falta de tiempo, la pongo escaneada, y que nos da una serie de características muy útiles a la hora de identificar y catalogar a un psicópata en nuestro entorno:

 
 
  
 

Próxima reseña: ¿Qué es la PNL?.