Comida Japonesa: Naomi

La semana pasada mi hermano me invitó a cenar en un restaurante japonés que tenemos cerca de casa llamado Naomi.
Siendo como un irregular pero entusiasta de la comida japonesa, no pude menos que aceptar la invitación y la verdad es que el sitio me gustó mucho.

En primer lugar, me llamó la atención que el sitio parecía una casa japonesa de comidas caseras… y de hecho el sitio parece regentado por una familia japonesa que cuenta con una abuela muy dicharachera, así que el toque simpático inicial fue seguido por unas cervezas Kirin y Asahi en la barra (sí, tienen barra), todo muy familiar. Después nos tomamos un par de platos conocidos (tempura, algunas piezas de sushi variado, niguiris variados) y otro par al azar: maguronatto (de atún, no he encontrado enlaces pero es básicamente es huevo crudo y brotes de soja con trozos de atún crudo), que no me gustó nada aunque a mi hermano si, y temakis variados.

*Adjunto fotos para los curiosos. Como se ve, la presentación no es nada fashion, pero la comida es muy buena y merece la pena comer aunque sea un aperitivo solo por el ambiente que tiene. Eso sí, se llena enseguida así que mejor llamar para reservar.


Terminamos ahítos y tuvimos que abstenernos de tomar un helado de té verde, que con este calor apetece bastante, sin embargo aún con la panza llena a rebosar, entre el trajín de platos vi uno especialmente llamativo: atún a la teriyaki. Solo con recordar la pinta de jugoso que tenía se me hace la boca agua, así que creo que repetiré en breve.

Y pensar que llevan más de 30 años aquí y los acabo de descubrir ahora…

NOTA: Si alguno quiere probar con algo más fashion y con menos riesgo, el PinkSushiman está bastante bien.

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El Hombre Máquina y Guy Kawasaky

La miniserie de dos números de El Hombre Máquina de De Falco y Windsor-Smith es una de las obras que con más cariño recuerdo. Supongo que es debido a que el super héroe que la protagonizaba no fue demasiado “quemado” por la Marvel al no ser una colección de gran éxito, y a que fue uno de los que primero conocí gracias al número 1 en blanco y negro que aún conservo.

Ahora que estoy leyendo El arte de empezar de Guy Kawasaky (si, ese Guy) por alguna razón mi cerebro interconectó neuronas a través de años y años de recuerdos hasta llegar a la frase perteneciente a una viñeta del mismo. Concretamente esta viñeta y su última frase.


Esta viñeta evoca algo de lo que Guy predica. Creo que ese algo es el momento en que una idea se pone en marcha, el punto de inflexión en que esa idea pasa a ser una decisión irrevocable. Un punto de no retorno y la frontera entre el mero deseo y la pura acción.

La viñeta es pequeña, y está colocada en un mal sitio técnico como es la esquina inferior derecha de una página izquierda y me gusta pensar que es a propósito, que así representa tanto el paso de frontera, como lo breve en tiempo del momento y la soledad que acompaña a una decisión trascendente. Pero aún a pesar del pequeño tamaño, es claramente un momento solemne y entiendo que por ello Barry eligió esa sobriedad de composición.

Por otro lado obsérvese en la portada la unión de esa tipografía tipo IBM con el arco iris de ZX Spectrum o Apple.


Estas son las viñetas que acompañaban la escena citada. Es interesante observar lo cinematográfico que queda el conjunto.


Y otro detalle que me encantó y me hizo comprar el comic en su día fue la curiosa idea de hacer una especie de díptico con las contraportadas.


Como detalle friki, comentaré que en el primer tomo publicado en 1984 (el personaje fue creado en 1977), cuando desembalan y reensamblan al Hombre Máquina en el año 2020, se puede observar lo que parece un claro efecto 2000.

Jakob Nielsen: Usabilidad de interfaces web

Jakob Nielsen es el gurú por excelencia de la usabilidad (o ergonomía para los puristas) de interfaces software. Y lo es por derecho propio. Cualquiera, viendo su foto podría pensar que es un capullo engreído, y quizá sea así pero no le conozco así que me abstendré de juzgarle como persona, lo que si es seguro, y cualquiera puede comprobarlo, es que no dice tonterías cuando habla de diseño de interfaces.

El último artículo que leí de él, escrito en febrero de este año (Top-10 Application-Design Mistakes), hacía un repaso de lo que consideraba los 10 principales errores en el diseño de interfaces de aplicaciones informáticas. El artículo, me sirvió en su momento para dar razones contundentes contra el uso de ciertas prácticas en las aplicaciones de la empresa en la que trabajo, aunque a decir verdad, el éxito fue de un 50%, esto es: la mitad de los errores de diseño que observé se llevaron a cabo igualmente y en contra de mi opinión. Aún así, lo considero todo un logro respecto a la situación anterior.

En cualquier caso, supongo que es algo habitual, y que podemos luchar contra esas meteduras de pata técnicas, siempre que no olvidemos nunca del objetivo de nuestro trabajo como informáticos: resolver problemas. Podremos hacer mejor o peor el interfaz, la aplicación podrá ser más o menos lenta, pero ante todo, debemos ser pragmáticos, y por ello, a veces debemos renunciar, muy a nuestro pesar, y aún teniendo toda la razón y la experiencia del mundo, a hacer las cosas como $deity (que dirían los Linuxeros) manda, es decir para poder poner la aplicación a funcionar en tiempo y coste, y sin que se solivianten los ánimos del usuarios y demás responsables que exigen que las cosas se hagan como ellos quieren y no como se deben hacer.

Así que desde aquí animo a todos los que no conocen aún a Nielsen, o que consideran que el diseño de aplicaciones únicamente tiene que ser “chulo”, colorista y animado (a.k.a: adictos al flash), a leer alguno de sus artículos, que quizá no abra los ojos de todos, pero seguro que aporta un conocimiento realmente útil cuando uno quiera hacer las cosas lo mejor posible.

Artículos de Nielsen sobre usabilidad web: Useit Alertbox

Toma de decisiones y procesos inconscientes


Este mes, en el número 30 de la revista Mente y Cerebro, venía un artículo muy interesante sobre la toma de decisiones titulado “Pienso, ¿acaso yerro?” cuyo autor, S. Alexander Haslam, explora la “conveniencia de decidir con rapidez en cuestiones vitales y la necesidad de actuar con mayor reflexión en otras situaciones”.

En el artículo se citan a modo introductorio la célebre leyenda alejandrina del nudo gordiano, el modelo de conflicto para la teoría de decisiones de Irving Janis y Leon Mann (procesos de decisión complejos para evitar los peligros de pensar en colectivo), los casos de la administración Kennedy en Bahía de Cochinos (rápida y desastrosa) y la crisis de los misiles de Cuba (acertada y muy meditada). Y más adelante, en el artículo en sí, se hace un repaso de diversos estudios y razonamientos que apoyan la idea (desgraciadamente malentendida) de que los procesos inconscientes funcionan mejor que la reflexión consciente cuando se trata de tomar decisiones complejas, esto es si no entendí mal los estudios citados, las que atañen a 12 criterios, probablemente menos.

Finalmente el cuadro que se presenta, apoyado por una entrevista en las siguientes páginas a Gerhard Rooth*, y otro artículo titulado “Apostar a conciencia” (de Christof Koch y Kerstin Preuschoff), parece soportar la idea de que a nivel inconsciente los humanos realizamos un gran procesado de información, mucho más fiable que el proceso meramente consciente, por lo que a la hora de tomar decisiones, lo ideal sería, no complicarnos con decisiones sin importancia (como el color de los calcetines), pero reflexionar largamente los temas importantes y consultarlos con la almohada antes de tomar una decisión compleja. Si tras la reflexión y el procesado inconsciente (que se lleva a cabo en segundo plano en los días posteriores cuando ya no nos ocupamos conscientemente del tema) el instinto nos dice que es buena, probablemente sea la mejor decisión, pero si por el contrario, el instinto nos dice que algo no cuadra, deberíamos volver a reflexionar sobre el tema.

Supongo que no seré el único al que estos consejos, le resultan familiares, quizá no por haberlos oído de manera popular (p.e.: consultar con la almohada) sino por haber experimentado ese instinto (aparentemente) infundado de que algo esta mal en una decisión sin poder aportar un porque, hasta que más adelante nos hacemos conscientes de la razón, quizá demasiado tarde. Y posiblemente por esa razón esta serie de tres artículos me ha llamado tanto la atención.

Además, el artículo de Haslam recomienda algo bastante difícil de observar en el mundo, y sin embargo (según mi experiencia) esencial en el proceso de aprendizaje y reflexión. Cito el párrafo:

“También nuestra lógica cotidiana es propensa a los errores. Debemos, pues, someter tanto nuestras ideas preconcebidas como los juicios supuestamente seguros a evaluación crítica. Si no, corremos el riesgo de tomar decisiones basandonos en errores de pensamiento de los que no somos conscientes.”

Enlaces relacionados:
Conclusiones apresuradas, en Barrapunto.
Prejuicios, actualización y software, anteriormente en esta bitácora.

Bibliografía recomendada:

On Making the right choice: the deliberation-without-attention effect.

Sobre los autores citados:

S. Alexander Haslam es profesor de psicología social en la Universidad de Exeter.
*Gerhard Rooth es Profesor de psicología de la conducta y neurobiología evolutiva en la universidad de Bremen.
Christof Koch. Era profesor de biología e ingeniería del Instituto de Tecnología de California en el momento de escribir el artículo pero parece que se ha ido a Suiza.
Kerstin Preuschoff es investigadora postdoctoral en teoría de la decisión y neurociencia en el Instituto de Tecnología de California.