Aladino, genios y deseos


A lo largo de los años, he notado, tanto en mi profesión de informático como en otras tareas (dependiente, blogger profesional, cliente), que existe una clase de persona / cliente bastante particular al que denomino “Aladino”, nombre que como muchos ya sabrán proviene del cuento “Aladino” que Scheherezada narra al sultán en Las Mil y Una Noches, una joya de libro aunque pocos se acuerden de él en estos aciagos tiempos para Irak, Siria e Irán.

Mis Aladinos*, se ganan el apelativo cuando de forma reiterada piden cosas vagas, sin pararse a pensar realmente en lo que necesitan o lo que habrá de ponerse en marcha, sin involucrarse en la tarea… y además se quejan.
Al contrario que el Aladino del cuento que solicitaba con sabiduría lo que necesitaba y en base al poder del genio, estos Aladinos se limitan a pedir sin sentido, sin responsabilidad y exigiendo en muchas ocasiones lo imposible, lo que acaba dando lugar a una gran insatisfacción para el genio que se dedica a trabajar en pos de un deseo que nunca es el que concede y a otra gran insatisfacción para el Aladino que pide cosas que llegan a ser contraproducentes para si mismo.

En principio la solución (o buena aproximación) es tan sencilla como que el Aladino se pare 5 minutos a pensar lo que quiere o necesita, sin embargo esto suele ser anti intuitivo para Aladino, que prefiere emplear músculo y ojos donde debería emplearse cerebro, por lo que hay que tratar de encauzarle mediante algún truco de magia 🙂

Los únicos trucos que conozco para ayudarnos a Aladino y a nosotros mismos son los siguientes:

Los Tres Deseos: consiste en convencer a Aladino (si no se lo cree, por muy cierto que sea, no servirá de nada) de que una vez que gaste los deseos no va a volver a tener oportunidad de corregir nada, obligándole a sentarse durante al menos unos minutos para evaluar correctamente lo que necesita.

El Genio Malvado: consiste en limitarte a cumplir exactamente lo que pide Aladino sin hacer ningún trabajo adicional ni adivinar o inventarse nada. Si Aladino quiere hacer una web llena de gifs animados y Flash para un periódico, lo haces y esperas a que se arrepienta solicitando otro deseo antes de mover de nuevo un solo dedo. En el caso de que haya que eliminar algo, te aseguras de tener una copia de seguridad SIEMPRE para poder volver de una manera cómoda al estado anterior. Y por supuesto los deseos deben ir por escrito para evitar el desplazamiento de la responsabilidad de Aladino al ifrit.

Los Pecados Capitales: se trata de escuchar atentamente lo que pide Aladino, considerarlo un momento y comentarle alguna manera mejor de hacerlo que sacie su avaricia (sobre beneficios), pereza (soportar tu la responsabilidad del proyecto), ira (venganza contra algún competidor), envidia (de algún colega al que pueda dar en los morros con algo) y/o soberbia (proteger y alimentar el orgullo y su imagen en la empresa).

Cada uno de estos trucos tiene pros, contras, y requisitos. Para los Tres Deseos se necesita una posición firme, de igual a igual, donde plantarte y de la que no te puedan sacar frotando, además de tener las suficientes tablas en la profesión como para poder ayudar Aladino a pensar. Para El Genio Malvado se necesita tener siempre a mano una libreta o grabadora y la seguridad de que Aladino no va a tomarse a mal sus propios errores, lo que implica el evitar los “ya te lo dije”. En cuanto a Los Pecados Capitales es necesario conocer bastante al cliente y a su entorno, sus amigos y enemigos, trapos sucios y pecados favoritos pero una vez descubiertos llevarle a donde quieras es pan comido.

Por otro lado el ifrit siempre debe tener en cuenta que los Aladinos son los que frotan la lámpara para sacar al genio a trabajar, y por tanto tienen cierto poder en la vida del ifrit, siendo incluso capaces de cerrar la botella del esclavo si las cosas se le ponen feas, por lo que el genio debe cuidarse de pecar de orgulloso y de cabrear al “amo”.

Como epílogo me gustaría recordar al geniecillo de Asimov Azazel, que tan buenos ratos me hizo pasar en su día y cuya lectura recomiendo como ejemplo de lo que puede producirse cuando un Aladino recurre a un genio bienintencionado, y como ejemplo reciente de que los problemas de entendimiento entre amos y genios no son solo atemporales, sino universales.

*Nota: Todos, en ocasiones nos comportamos como Aladinos, yo mismo incluido, aunque creo que los peores Aladinos son familiares cercanos.

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