Reglas y consejos sobre investigación científica

Acabo de terminar de leer el libro de Santiago Ramón y Cajal: Los tónicos de la voluntad, con prólogo de Severo Ochoa de la Colección Austral Espasa Calpe.

Ochoa, premio Nobel de medicina y fisiología, dice en el prólogo lo siguiente “Traté, sin embargo, siempre de organizar mi vida tomando a don Santiago como modelo y pensando siempre en él. Si yo algo he sido o algo he hecho, a él se lo debo”.

La verdad es que se trata de un libro muy actual aún y sobre el que se puede pensar y discutir largo y tendido. En resumen se trata de un libro orientativo sobre como convertirse en investigador y sobre como solucionar o paliar el atraso científico español. Por si alguien quiere hacerse una idea de este fantástico libro antes de leerlo, comprarlo o sacarlo de la biblioteca he hecho un resumen algo esquemático de lo que trata, capítulo a capítulo.

Ahí va:

  1. Capitulo I, introducción a lo que será el libro.
  2. Capitulo II, Sobre las preocupaciones enervadoras del principiante.
    • Admiración excesiva a la obra de los grandes iniciadores científicos, que hace creer al investigador de que no será capaz de alcanzar las cotas de sus antecesores por ser estos suprahumanos cuando no son más que seres normales con mucha dedicación.
    • Creencia en el agotamiento de los temas científicos, cuando en realidad siempre hay espacio en todas las ciencias, para el avance pequeño y grande.
    • Culto exclusivo a la ciencia llamada práctica, ignorando que toda ciencia práctica se extrae de un cuerpo teórico, amén de que los descubrimientos en un área de la ciencia, a menudo afectan enormemente a otras ramas por lo que no puede haber una” ciencia práctica” sino más bien una Ciencia que acertamos a aplicar en nuestro beneficio y otra que aún no sabemos aplicar en él.
    • Pretendida cortedad de luces. Aquí don Santiago defiende que casi cualquiera puede hacer ciencia siempre y cuando tenga la voluntad y la perseverancia para ello. Que a menudo se escuda la gente bajo el paraguas de la falta de talento cuando en realidad su único defecto es la pereza y que la ciencia es un campo tan amplio que hay lugar para todos. También incluye consejos para los faltos de algún talento creído necesario.

  1. Capítulo III, Cualidades de orden moral que debe poseer el investigador.
    • Independencia de juicio. O como es necesario mantener un sano escepticismo y duda, y suspender la adoración a los maestros y sabios, y por ende a su trabajo. No en vano, la ciencia avanza dudando de los descubrimientos de los antecesores y derribando sus teorías.
    • Perseverancia en el estudio. Consejos varios para conseguirlo e insistencia en la importancia del trabajo.
    • Pasión por la gloria. Como objeto de ánimo para el investigador.
    • Patriotismo. Como objeto de ánimo para el investigador.
    • Gusto por la originalidad científica. Como estímulo para la generación de ciencia.
  2. Capítulo IV. Lo que debe saber el aficionado a la investigación biológica. Aplicable en mi opinión a otras muchas áreas de trabajo.
    • Cultura general. Defensa de la adquisición hasta cierto nivel de conocimientos multidisciplinares dado que cada rama de la ciencia depende de otras (p.e.: biología – química) y por tanto no hay que perder de vista aquellas ramas cuyos descubrimientos y técnicas puedan hacer avanzar nuestra propia rama.
    • Necesidad de especializarse. Advertencia para no cubrir más de una o dos áreas de la ciencia de manera que se pueda saber y dedicar el máximo a nuestra área.
    • Lectura especial o técnica. Trata de la necesidad de leer cuanto se escriba nuevo en nuestro campo (y campos relacionados) además de la utilidad de leer en versión original.
    • Como se deben estudias las monografías. Sobre la importancia de leer en versión original para mejorar la comprensión y el tiempo de respuesta y adopción. Además anima a no quedarnos para siempre mirando bibliografía sino a empezar aun sin haber leído todo lo disponible.
    • Necesidad absoluta de buscar la inspiración en la naturaleza. Sobre lo importante que es ver y experimentar por nosotros mismos todo aquello que nos interese, sin pararnos por la existencia de trabajos o textos sobre el tema, dado que estos son tan solo una descripción (incompleta y de segunda mano) de los hechos naturales.
    • Dominio de los métodos. De lo importante de dominar las técnicas de laboratorio de nuestro área.
    • En busca del hecho nuevo. Sobre buscar la novedad en los trabajos que realicemos aún cuando estos no fuera lo buscado inicialmente, y estando atentos a resultados o efectos laterales inesperados.
  3. Capítulo V, Enfermedades de la voluntad. Es una advertencia sobre las diferentes modalidades de comportamientos que se deben enviar para no fracasar en nuestro trabajo. Además clasifica (y describe) estos comportamientos como:
    • Contempladores. Buscadores de belleza.
    • Bibliófilos. Acaparadores de datos y citas a trabajos ajenos.
    • Organófilos. Cegados por el instrumental y los medios olvidando el fin de estos.
    • Megalófilos. Aquellos que se marcan metas excesivas.
    • Descentrados. Aquellos que no están contentos con lo que hacen.
    • Teorizantes. Aquellos que gustan de hacer teorías pero no de comprobarlas o de buscar realmente en los hechos.
  4. Capítulo VI, Condiciones sociales favorables a la obra científica. De cómo, a menudo, una economía pequeña puede ser más que suficiente para acometer importantes empresas. De cómo puede compatibilizarse, en el tiempo, el ganarse el sustento con un trabajo con el afán investigador. Consejos sobre la familia y la más adecuada esposa para el investigador.
  5. Capítulo VII, Marcha de la investigación científica. Donde detalla las fases por las que pasa usualmente una investigación científica, esto es: Observación, experimentación, hipótesis y comprobación.
  6. Capítulo VIII, Redacción del trabajo científico. Donde aborda diferentes cuestiones referentes a la necesidad de la redacción, el estilo, el espítiru que debe guiarnos, la claridad, las referencias bibliográficas, la completitud y el uso de imágenes que apoyen el texto además de la sugerencia a publicar en el extranjero mendigando atención cuando no se posean méritos reconocibles. Por supuesto, sentencia la importancia de comprobar mil veces la exactitud del trabajo realizado antes de publicar nada.
  7. Capítulo IX, El investigador como maestro. Defiende la idea de tomar discípulos aún de manera egoísta con el fin de que defiendan nuestras teorías, méritos y reconocimiento frente a investigadores poco escrupulosos. Da consejos varios sobre como realizar la labor de enseñanza.
  8. Capítulo X. Deberes del estado en relación con la producción científica. Donde don Ramón enumera diversas teorías existentes para explicar el atraso científico español. Entre las teorías nos encontramos la hipótesis térmica sobre el clima, la teoría oligohídrica donde se acusa a la falta de agua y lluvia, las teorías político-morales donde se acusa al provincialismo, al caciquismo y la pobreza y las guerras. Por otro lado la hipótesis del fanatismo religioso donde se señala a la Inquisición y la preferencia por la espiritualidad como causantes de la atraso intelectual. Hipótesis del orgullo y arrogancia españoles donde se acusa a la expulsión de judíos y moriscos como causantes del atraso y finalmente la teoría de la segregación intelectual frente al entorno.
    Al final de capítulo se señala una dirección general para remediar el atraso.
  9. Capítulo XI. Órganos sociales encargados de nuestra reconstrucción. Aquí se habla de diversas soluciones concretas para el atraso científico español, como el pensionado en el extranjero, la importación de profesores y la creación de colegios españoles en las principales ciudades universitarias de Europa.
  10. Post Scriptum. Se trata de un epílogo insertado únicamente en la edición de 1899 donde se realiza un repaso de lo anteriormente expuesto y se mencionan ciertos episodios actuales como la guerra de Cuba.