Zen


Estoy leyendo un libro sobre budismo Zen que encontré en VIPs a buen precio, se titula “Culto Zen, el poder de la simplicidad” y está escrito por Adriana Bielba e Igor Zabaleta (parecen escribir sobre religiones).
La verdad es que el Zen y el budismo en general es algo que siempre me ha fascinado (aún sin conocer de su existencia, es curioso) por lo que no es la primera vez que leo un libro al respecto. Lo interesante de este libro en particular (tiene muchas cosas que no me gustan), y que me lleva a postear sobre el hoy, como antes postee sobre otro (y dos), es la sección que dedica a las historias Zen, de la cual no puedo resistirme a citar al menos la siguiente:

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando acertó en el centro de una lejana diana en el primer inteto, y luego partió esa flecha con el segundo tiro.
-Ahí está -le dijo al viejo-, ¡a ver si puedes igualar eso!.
Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera.
Con una curiosidad creciente sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un fragil y tembloroso tronco. De pié y con una tranquilidad absoluta, en medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.
-Ahora es tu turno -dijo el anciano mientras saltaba graciosamente a tierra firme.
Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos aún ejecutar el tiro.
-Tienes mucha habilidad con el arco -dijo el maestro- pero tienes tan poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro.

Según el libro, esta historia Zen nos proporciona dos lecciones:

  1. Es fácil tener exito en las empresas que llevamos a cabo, o hacer lo correcto cuando la situación nos es propicia y no tenemos ningún inconveniente adicional. Sin embargo, lo que tiene mérito real, es hacer lo correcto, mantener la cabeza fría cuando nos encontramos con dificultades.
  2. De nada sirve saber que hacer y como hacerlo, si nuestra mente nos traiciona en el último momento dejandonos paralizados (en este caso por el miedo).

Sin embargo creo que los autores se quedan algo cortos y no aprovechan las posibilidades educativas de esta fábula, porque a mi me recuerda a mi trabajo, cuando un entorno ruidoso o cualquier otra distracción me impide concentrarme, o cuando las fechas y los proyectos pendientes me distraen de mi objetivo en ese momento.

¿A alguien le inspira algo más?.

PD: La parte de jardines Zen también es muy interesante.
PD2: La foto es un chiste, no un error. 😉